Andreas Zuckermann, experto en trasplante cardíaco: «Es posible transportar corazones a través de distancias transcontinentales»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Andreas Zuckermann ha estado estos días en A Coruña en el noveno congreso de la Sociedad Española de Trasplante.
Andreas Zuckermann ha estado estos días en A Coruña en el noveno congreso de la Sociedad Española de Trasplante. Eduardo Pérez

Ha participado en más de 1.600 intervenciones de este tipo, marcando hitos internacionales: «Nuestro paciente con mayor supervivencia lleva ya 41 años con su corazón trasplantado»

17 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Entre el Hospital Universitario de A Coruña (Chuac) y el Hospital General de Viena existe una relación científica y profesional muy estrecha. Andreas Zuckermann, catedrático de trasplante cardíaco de la Universidad Médica de Viena y director del Programa de Trasplante Cardíaco de Viena (uno de los más importantes de Europa), se deshace en halagos hacia Marisa Crespo Leiro, jefa de Insuficiencia Cardíaca del Chuac.  «No es solo una colega a la que respeto profundamente, sino también una buena amiga y colaboradora científica. Es una de las mayores expertas en el campo del trasplante cardíaco, especialmente cuando se trata de casos clínicos complejos», dice él. A lo largo de los años han discutido innumerables casos difíciles. Un intercambio que siempre ha resultado enriquecedor para ambos. «Dentro de mi red internacional más cercana de expertos en trasplante cardíaco existe un grupo reducido de colegas a quienes llamo en broma "The Usual Suspects" (los sospechosos habituales, en español) cuando se trata de casos especialmente complejos. Marisa forma parte de ese grupo. Su conocimiento, experiencia y disposición para colaborar han ayudado, y probablemente salvado, la vida de muchísimos pacientes a lo largo de los años».

Zuckermann ha participado en más de 1.600 trasplantes cardíacos, ha sido pionero en varios hitos nacionales e internacionales y es autor de más de 300 publicaciones revisadas por pares. Estos días ha visitado A Coruña (y a su amiga Marisa) en el marco de la novena edición del Congreso de la Sociedad Española de Trasplante (SET) que se celebra en la ciudad, donde Crespo es presidenta del Comité Organizador Local.

—¿Qué le llevó a dedicar su carrera a esta especialidad, al trasplante cardíaco?

—En realidad, originalmente quería ser cirujano plástico. Sin embargo, ya durante mis estudios de medicina empecé a trabajar en investigación en inmunología de trasplantes, y eso cambió completamente mi camino. A finales de los años ochenta trabajaba en el laboratorio procesando muestras de sangre de pacientes trasplantados. No conocía a las personas detrás de aquellas muestras, pero siempre me preguntaba: ¿quién es esta persona?, ¿qué historia hay detrás?, ¿qué destino humano representa? Esa conexión entre una ciencia extremadamente compleja y las historias humanas más profundas me fascinó enormemente. En 1991 surgió la oportunidad de trabajar como coordinador de trasplantes en el área de trasplante cardíaco. Acepté aquella oportunidad… y el resto es historia.

—Ha realizado alrededor de 1.600 trasplantes de corazón. ¿Qué recuerdos tiene del primer trasplante en el que participó?

—Me acuerdo perfectamente de mi primer trasplante. Fue a comienzos de mayo de 1991. Viajé a Berlín como coordinador para organizar un corazón donante para Viena. El donante tenía unos 60 años y pensé: «Bueno, este ya es un corazón relativamente viejo». El receptor tenía 65. Pero el trasplante fue un éxito y seguí viendo a aquel paciente durante muchos años. Hablábamos con frecuencia. Él sabía que había sido mi primer paciente trasplantado y con el tiempo se sentía casi orgulloso de ello. Lo más emocionante para mí fue que vivió 29 años más con ese corazón y superó los noventa. Eso demuestra lo que realmente puede significar un trasplante cardíaco: no solo más tiempo de vida, sino muchos años de calidad de vida y humanidad.

—¿Cómo ha evolucionado este tipo de intervención desde que comenzó a trabajar en ella?

—Curiosamente, la técnica quirúrgica del trasplante cardíaco no ha cambiado radicalmente en sus principios básicos a lo largo de las décadas. Lo que sí ha evolucionado enormemente es todo lo relacionado con la preservación de órganos, los cuidados críticos cardiológicos y el tratamiento individualizado de los pacientes. Especialmente en los últimos años, la preservación de los corazones donantes ha vivido una auténtica revolución.

—¿En qué sentido?

—Antes, el tiempo era el principal factor limitante: sabíamos que el corazón solo podía sobrevivir unas pocas horas fuera del cuerpo. Hoy, los sistemas de perfusión mecánica y los métodos de preservación con control de temperatura permiten conservar los órganos mucho mejor. El tiempo se ha convertido progresivamente en una variable controlable y ya no en el enemigo absoluto. Esto abre nuevas posibilidades para trasplantar con seguridad órganos más complejos o procedentes de lugares lejanos.

Además, hoy tratamos a los pacientes de una forma mucho más personalizada. Intentamos adaptar la inmunosupresión al riesgo inmunológico de cada persona. Algunos pacientes necesitan terapias muy intensas y otros menos agresivas. Esta comprensión más precisa de la inmunología ha mejorado claramente los resultados. Otro gran avance ha sido el soporte mecánico circulatorio para pacientes gravemente enfermos mientras esperan un trasplante. Dispositivos de asistencia circulatoria mecánica como los VAD o la ECMO nos dan tiempo, un tiempo que antes muchas veces no teníamos. Gracias a ello, hemos logrado reducir considerablemente la mortalidad en lista de espera.

—¿El paciente también ha cambiado?

—Sí, curiosamente, nuestros pacientes son de mayor edad y médicamente más complejos que hace 30 años. Y aun así obtenemos mejores resultados. Eso demuestra cuánto ha evolucionado este campo.

—Uno de los desafíos de este tipo de procedimiento es la escasez de donantes. ¿Hay ahora un mayor número?

—La escasez de órganos sigue siendo uno de los mayores desafíos de la cardiología de trasplantes en todo el mundo. Sin embargo, el perfil de los donantes ha cambiado mucho en las últimas décadas. Hoy, los donantes son significativamente mayores que hace 20 o 30 años. Hace años, probablemente muchos de esos corazones no habrían sido aceptados.

—¿Qué ha cambiado, por qué ahora sí se aceptan y antes no?

—Estudios como la ecocardiografía o la coronariografía nos permiten evaluar con gran precisión la función cardíaca y el estado de las arterias coronarias del donante. Gracias a ello, podemos utilizar con seguridad corazones de donantes mayores y ampliar los órganos disponibles.

—¿En qué consiste la donación tras parada cardiorrespiratoria?

—Es otra de las grandes innovaciones recientes. En estos casos se espera primero a la parada cardíaca tras la retirada del tratamiento. Posteriormente, el corazón debe reactivarse mediante métodos especiales de preservación y perfusión. Hace pocos años esto parecía casi impensable en el trasplante cardíaco. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra hoy que los resultados de estos trasplantes DCD (en inglés, Donation After Circulatory) son comparables a los obtenidos con la donación clásica tras muerte encefálica. Esta evolución podría ampliar considerablemente el número de órganos disponibles en el futuro.

—Pueden darse complicaciones en los receptores. ¿Han disminuido?

—Algunos problemas hoy están mucho mejor controlados que antes, mientras que ahora nos enfrentamos sobre todo a desafíos a largo plazo. Los episodios de rechazo agudo han disminuido claramente gracias a los inmunosupresores modernos, a una mejor capacidad diagnóstica y a una comprensión mucho más precisa de la inmunología. Especialmente en los primeros meses tras el trasplante, hoy podemos controlar muchos riesgos mucho mejor que hace 20 o 30 años. Sin embargo, cada vez nos preocupan más las complicaciones tardías.

—¿Qué tipo de complicaciones tardías?

—Destacan los tumores, favorecidos por la inmunosupresión crónica, y la llamada vasculopatía del injerto, una forma particular de enfermedad coronaria que afecta al corazón trasplantado y que sigue siendo una de las principales complicaciones a largo plazo. Las infecciones siguen siendo una parte importante de la medicina del trasplante, porque debemos suprimir deliberadamente el sistema inmunitario. No obstante, tanto el diagnóstico como el tratamiento han mejorado enormemente y hoy detectamos las infecciones antes y podemos tratarlas de manera mucho más específica. En definitiva, los problemas no han desaparecido; simplemente han cambiado. El trasplante cardíaco se ha convertido cada vez más en una atención altamente especializada y a largo plazo.

—¿Sigue siendo el tiempo de transporte uno de los mayores obstáculos en el trasplante cardíaco o ahora es más fácil preservar los órganos?

—El transporte de un corazón donante sigue siendo un gran desafío, aunque las posibilidades han cambiado radicalmente en los últimos años. El método clásico de transportar un corazón sobre hielo se basa en un concepto que tiene ya más de 50 años. Hoy disponemos de tecnologías mucho más avanzadas. Los sistemas de perfusión mecánica y los métodos de preservación con control de temperatura han abierto posibilidades completamente nuevas. Gracias a ello podemos conservar corazones durante más tiempo y en mejores condiciones fuera del cuerpo. Actualmente incluso es posible transportar corazones a través de distancias transcontinentales, por ejemplo desde el Caribe hasta Europa, y trasplantarlos con éxito.

Además, estamos trabajando intensamente para hacer que los órganos sean más resistentes a los daños que sufren durante la extracción y el transporte, ya que cualquier corazón experimenta estrés e isquemia fuera del cuerpo. Creo que el futuro irá aún más lejos. Estamos empezando a comprender cómo modificar o acondicionar biológicamente los órganos para hacerlos menos inmunogénicos y mejor tolerados por el receptor. Tengo la impresión de que una nueva revolución de la medicina del trasplante ya está comenzando.

—Antes hablaba sobre su primer trasplante de corazón y de cómo le sorprendió que el donante tuviese 60 años. ¿A día de hoy es la edad un factor limitante a la hora de donar o recibir un corazón?

—La edad por sí sola ya no es un criterio absoluto de exclusión, ni para donar ni para recibir un corazón. En Europa se trasplantan rutinariamente corazones de donantes mayores de 60 años con excelentes resultados. Gracias a las técnicas diagnósticas modernas podemos valorar mucho mejor la calidad de un corazón que antes. Incluso se han utilizado con éxito corazones de donantes mayores de 70 años.

Lo importante no es tanto la edad cronológica como la edad biológica del corazón. Hay corazones de 65 años en condiciones excelentes y otros mucho más jóvenes que presentan alteraciones importantes. Por eso evaluamos cada órgano de forma individual. Lo mismo ocurre con los receptores. Evidentemente existen límites y, en general, el límite superior suele situarse alrededor de los setenta años o algo más. Pero nuevamente no es solo una cuestión de edad. Lo realmente importante es el estado general, la condición biológica y las enfermedades asociadas del paciente. La medicina del trasplante es hoy mucho más individualizada que antes. Intentamos alejarnos de límites rígidos y centrarnos más en criterios biológicos y funcionales

—¿Cuál es el pronóstico actual para un receptor de trasplante cardíaco?

—El pronóstico tras un trasplante cardíaco ha mejorado enormemente en las últimas décadas. En Viena, nuestra supervivencia al primer año supera el 90 %, y aproximadamente el 75 % de los pacientes siguen vivos diez años después del trasplante. Algunos casos de larga supervivencia son especialmente impresionantes. Nuestro paciente con mayor supervivencia lleva ya 41 años viviendo con su corazón trasplantado y actualmente tiene 81 años. Ejemplos así muestran el enorme potencial de esta terapia.

Sin embargo, nunca debemos olvidar lo gravemente enfermos que están estos pacientes antes del trasplante. Las personas con insuficiencia cardíaca avanzada tienen una expectativa de vida muy limitada sin trasplante, comparable a la de algunos cánceres avanzados. En estos casos, la supervivencia a cinco años puede ser de apenas un 20 %. Precisamente por eso, el trasplante cardíaco sigue siendo un auténtico «game changer» (que ha cambiado las reglas del juego): no solo puede prolongar la vida, sino devolver calidad de vida, normalidad y futuro a muchas personas.

—¿Qué le diría a un lector de nuestro periódico que está esperando un trasplante cardíaco?

—Ante todo le diría que nunca se rinda. Esperar un trasplante cardíaco es una etapa extremadamente dura, tanto física como psicológicamente. Por eso es fundamental confiar en el equipo médico y no dejarse vencer interiormente. También es muy importante llegar al trasplante en las mejores condiciones posibles y participar activamente en la recuperación después de la operación. La medicina moderna puede hacer muchísimo, pero el paciente sigue siendo una parte esencial del proceso de curación. Hay que estar dispuesto a colaborar, a tener paciencia y a reconstruir la vida paso a paso. Y quizá lo más importante: cada persona necesita encontrar un motivo profundo para seguir viviendo. Para algunos son los hijos o los nietos; para otros, una persona querida, un viaje, el deporte o simplemente volver a caminar y sentir la vida. Cada uno debe encontrar su propio motivo. Pero hay que estar dispuesto a luchar por la recuperación. Eso es precisamente lo que veo en muchos de nuestros pacientes con mejores resultados.  

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.