¿Por qué el médico ya no me toca?: «Antes se exploraba la zona del dolor, hoy ni se le mira y se pide una prueba»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Pacientes en el área de consultas integradas en un hospital gallego.
Pacientes en el área de consultas integradas en un hospital gallego. MARCOS MÍGUEZ

Una investigación reciente halló que las nuevas generaciones de médicos se gradúan con una peor competencia a la hora de explorar a los pacientes

10 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante la mayor parte de la historia de la medicina, ir al médico ha significado, ante todo, poner el cuerpo. Una vez que cruza la puerta de la consulta, el paciente sabe que se va a encontrar con ciertas sensaciones familiares: el tacto frío del estetoscopio, la presión áspera del depresor lingual —ese palillo similar a los de los helados, pero con funciones mucho menos agradables— o el abrazo fuerte del tensiómetro. Este tipo de pruebas continúan siendo necesarias y todos los expertos coinciden en que están lejos de caer en el olvido.

Pero no se puede negar que los avances de la ciencia en las últimas décadas han posibilitado a los facultativos darse una idea, aproximada pero cada vez más nítida, del cuadro que aqueja a un individuo sin tener que tocarlo. Tanto es así que hoy, las nuevas generaciones de médicos se gradúan con una peor competencia a la hora de conducir exploraciones físicas. Esta es la conclusión a la que llega un estudio publicado recientemente en The New England Journal of Medicine. «Las habilidades clínicas han disminuido debido a la dependencia excesiva de la tecnología», resume la investigación.

Este estudio es una de las señales de un sistema sanitario en tensión, que deberá avanzar hacia el futuro sin perder la experiencia del pasado. Por un lado, es clave adoptar rápido tecnologías que permiten detectar enfermedades antes de que pongan en riesgo la vida. Por otro, dejar atrás la parte humana repercute en la calidad de la atención. En medio de estas tensiones, el ruido de las máquinas puede impedir a los médicos seguir sus instintos o dejarse guiar por su propia experiencia médica. «Yo tengo la sensación de que mucha de la formación de los médicos tanto en la facultad como en la residencia ha sucumbido a la tecnología», observa el doctor Jesús Sueiro Justel, vocal de la Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria (Agamfec).

Antes y ahora

«Antes, si alguien venía con un dolor en la rodilla, se exploraba la rodilla. Hoy, ni se le mira, directamente se pide una resonancia. Creo que este es un mal ejemplo y muchos de los que aprenden en esas circunstancias lo siguen», señala Sueiro. Estas frases resumen un panorama que se ha transformado de manera radical en cuestión de décadas. El nuevo paradigma ha permeado no solo entre los médicos, sino a nivel de la sociedad. «Forma parte de la demanda social que si existen pruebas, las usemos para el diagnóstico de las enfermedades», observa Sergio Cinza Sanjurjo, profesor de Ciencias de la Salud en la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y vocal de la junta directiva de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

El doctor Emilio Rodríguez Ruiz, también profesor de Ciencias de la Salud en la USC y autor de una tesis sobre la humanización de la medicina intensiva, coincide con esta visión. «La evolución de la tecnología deslumbró al personal sanitario y se cambió el foco de la atención centrada en la exploración del paciente y su historia a uno cada vez más dependiente de estos avances tecnológicos. Es habitual confiar en pruebas, sean parámetros analíticos o imágenes, y no centrarnos tanto en la exploración física», sostiene.

Con todo, en atención primaria, la medicina sigue dependiendo de los cinco sentidos de los facultativos. «La exploración física sigue siendo una parte importante de nuestro trabajo porque orientamos el caso según lo que cuenta el paciente y lo que podemos detectar; además, aunque pidamos pruebas hay cierta demora», explica Cinza. Para el experto, es clave también evitar hacer pruebas innecesarias: «Siempre les digo a los residentes y estudiantes que la base es la información clínica que proporciona el paciente y la exploración física. Las pruebas tienen que ser complementarias y posteriores. Cualquier otro orden de los pasos altera la toma de decisiones. Y hay errores que se cometen basados en pruebas que, además, no son inocuas. Siempre, por poco que sea, tienen riesgo».

Pero a medida que crece la demanda de una medicina cada vez más precisa por parte de la sociedad, es tentador para muchos facultativos, sobre todo los más jóvenes, recurrir a más pruebas. «Lo que nos preocupa a veces es que vamos hacia una medicina demasiado tecnificada, bien sea porque queremos hacer pruebas para asegurar el diagnóstico, o bien por la propia demanda de la sociedad. Hay cierta presión y demanda social por hacer estas pruebas y hacer diagnósticos completamente certeros e inmediatos, aunque sean benignos. Desde mi punto de vista, este es un error», observa Cinza.

Consulta digital

El rol de la pandemia en las transformaciones de la atención sanitaria no ha sido menor. Con el covid-19 se aceleró la tendencia de las consultas telefónicas. «Aunque esto es eficiente y acorta tiempos de espera. Todo el mundo hoy entiende que para renovar su medicación puede llamar, así como para consultas muy puntuales o pedidos determinados, para ver los resultados de una analítica. Este tipo de consultas se pueden hacer y en Galicia llevamos casi diez años con esta opción habilitada, así que la población entiende para qué sirven y hasta dónde pueden llegar. Pero si se consulta por síntomas que requieren una exploración, hay que hacer una consulta presencial», señala el doctor Cinza.

La vía telemática también se utiliza en interconsulta a nivel profesional, a la hora de estudiar un caso para su derivación. «Esto permite evitar una serie de derivaciones que antes era obligatorio hacer remitiendo al paciente presencialmente para, muchas veces, no hacerle ninguna prueba», explica el experto de la Semergen. No obstante, no es el sustituto de una visita presencial al centro por parte del paciente.

El tiempo, un recurso crucial para médicos y pacientes, es la principal ventaja de este sistema. «La teleasistencia es una herramienta útil para el seguimiento estrecho de determinados pacientes. El tiempo es limitado y un médico de atención primaria ya está saturado. Estos programas de atención por videollamada permiten hacer cribados o seguimientos, pero no son útiles para una visita inicial o para el diagnóstico de una enfermedad», detalla Rodríguez.

En estos casos, el entorno digital permite mejorar la atención. Pero los médicos subrayan que, aún así, es necesario dedicar tiempo a los pacientes. «Cuando yo empecé, hace 30 años, teníamos consultas con todo el tiempo del mundo. Hoy tenemos que cambiar de paciente cada cinco minutos. En ese período no da tiempo ni a auscultar al paciente», describe Sueiro.

Enfoque en las personas

En La eficacia simbólica (1949), texto clásico del campo de la antropología, el investigador Claude Lévi-Strauss describe una intervención chamánica que ha observado en los partos particularmente complicados entre los miembros de la tribu Kuna, en Panamá. A través del canto, el chamán construye un relato que permite a la mujer dar sentido a su dolor y gestionar su estado psicológico y físico. Así, consigue que el parto salga adelante con una sorprendente eficacia dada la falta de herramientas médicas, un fenómeno que el antropólogo denominó, precisamente, eficacia simbólica.

Esta constituye una de las primeras observaciones científicas de un proceso que la medicina ha llevado a cabo desde sus inicios. «La cura consistiría, pues, en volver pensable una situación dada [...] y hacer aceptables para el espíritu los dolores que el cuerpo se rehúsa a tolerar», resume Lévi-Strauss. En otras palabras, una parte crucial del rol del médico consiste en darle sentido a los síntomas que aquejan al paciente. Esto explica por qué en muchos casos recibir un diagnóstico supone un alivio para la persona, pese a que es la confirmación de que hay un problema. Los médicos con experiencia clínica comprenden la importancia de este aspecto de su trabajo, que contribuye de forma significativa a la evolución del cuadro.

Para el doctor Rodríguez, el riesgo de una práctica clínica cada vez más centrada en las pruebas y en la tecnología radica justamente en perder esta dimensión humana. «La medicina se debe centrar en las personas y volver a poner el foco de atención en ellas. Podemos dejarnos ayudar por la tecnología, pero no se puede perder el enfoque humanista de la medicina y creo que es algo que está sucediendo en cierta medida. Pero la medicina siempre va a tener que tener un enfoque humano», observa.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.