Las caras de quienes se juegan la salud trabajando a turnos: «Me levanto como si estuviera de resaca»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

De izquierda a derecha, Rafa, trabajador de la industria alimentaria, Antonio Busto, farmacéutico, y Sebastián, taxista.
De izquierda a derecha, Rafa, trabajador de la industria alimentaria, Antonio Busto, farmacéutico, y Sebastián, taxista. Eduardo Pérez, Marcos Creo

Sanitarios, taxistas o empleados de fábricas están entre los más afectados por el trabajo a turnos, una modalidad laboral que impacta en la salud a corto y largo plazo

28 abr 2026 . Actualizado a las 13:00 h.

Casi una cuarta parte de los trabajadores de España llevan a cabo jornadas laborales a turnos, pero menos del 3 % de ellos consiguen adaptar su reloj biológico para sincronizarlo con estos horarios. La salud, la seguridad laboral y la conciliación familiar de estas personas sufren el impacto de una economía global que demanda ritmos antinaturales. En otros casos, como el del sector sanitario, la necesidad de proveer servicios continuos y permanentes exige la realización de guardias largas que, paradójicamente, empeoran el rendimiento cognitivo y dificultan la posibilidad de ofrecer una atención de calidad.

Fichar la salida al alba

«Cuando me levanto al día siguiente es como si hubiese salido la noche anterior y estuviera de resaca. Después, intento dormir una siesta, pero hay muchas veces que ni siquiera lo consigo. Me tiro todo el día intentando dormir y al final duermo tres o cuatro horas en total», describe Rafa, de 39 años. Lleva más de una década trabajando a turnos, actualmente en la industria alimentaria. Estar irritable cuando le toca hacer horario nocturno es también una situación habitual en su vida. «No me apetece hacer nada, ni siquiera salir a la calle. Así que hay veces que ya me quedo todo el día en casa intentando descansar. La verdad es que después del turno de noche estás más perezoso», explica.

Aunque considera que se ha acostumbrado, las jornadas nocturnas siguen siendo, después de todos estos años, las más difíciles de sobrellevar. «Las noches me pasan factura. Después llega el fin de semana y lo paso casi todo durmiendo o echando siestas. Si pudiera elegir, me quedaría solo con mañanas y tardes», asegura. Los turnos también han alterado los horarios de sus comidas. «Cuando entro por la tarde, a las doce y media ya tengo que estar comiendo. Pero cuando estoy de mañanas, llego a casa sobre las tres y entre una cosa y otra no he comido hasta las tres y media», cuenta Rafa.

Una revisión del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales observa que, si bien hacer rotaciones largas —pasando cinco días o una semana completa con el mismo horario antes de cambiar— puede alterar más los ritmos circadianos, resulta menos perjudicial para la vida social que alternar con mayor frecuencia. «Este es uno de los aspectos por los que el problema de la rotación es tan complejo y por lo que es necesario adaptarlo a las necesidades individuales y contar con la participación de los interesados», señala el informe.  Iago, también trabajador de la industria alimentaria en A Coruña, explica que «lógicamente, te trastoca más hacer dos noches, dos mañanas y dos tardes. Pero también, evidentemente, es más fácil aguantar dos noches que cinco. El mayor inconveniente es el cambio de la noche a la mañana, porque si te acuestas a las siete de la mañana y te levantas a mediodía, luego es muy probable que no tengas sueño para acostarte a las diez».

«Intentar coger una rutina de sueño es muy importante. Si trabajas de mañana, estar en cama a las diez y levantarte a las cinco. Intentar dormir la mayor cantidad de horas seguidas posibles y no hacer siestas de más de media hora, porque luego no te quedas dormido», recomienda Iago. Pese a estos esfuerzos, cuando le toca trabajar después de que ha caído el sol, se encuentra «más nervioso o un poco más histérico».

Las horas nocturnas también son el momento elegido para hacer reparaciones en las luminarias de la ciudad o instalar las luces cuando hay una fiesta: es preferible cortar las calles cuando el tráfico es menor. Roberto, electricista de 35 años, se dedica a esta tarea desde los 20. Su empresa es familiar y le toca hacer guardias con frecuencia, «sobre todo de octubre a febrero, con los generadores de las fiestas. Luego lo notas el lunes y el martes, porque no libras. Trabajas de día». La conciliación familiar es, cuanto menos, complicada: «No ves a tu pareja ni a tus hijos porque duermes hasta el mediodía».

Diez horas al volante

Los servicios de transporte son otro de los sectores con demanda de trabajo nocturno y, en el caso de los taxistas, algunas jornadas se pueden extender más de lo recomendable. «Cuando se habla de la falta de taxis siempre pienso que la gente no tiene toda la información para entender lo que pasa», explica Jorge, un conductor en la parada para estos vehículos en el barrio de Os Castros, en A Coruña. Son las 22 horas de un miércoles. El sol se ha puesto y él está por finalizar sus viajes del día; otros compañeros que esperan pasajeros en la misma parada trabajarán hasta las 2 de la madrugada del jueves antes de retirarse a casa.

«Las licencias de taxis que da el ayuntamiento solo dejan trabajar a dos personas por cada coche. Para que un taxi pueda cubrir el día completo, tendrían que repartirse doce horas de trabajo por día cada conductor. A lo mejor, dentro de la ciudad no pasa nada. Pero si tuvieras que ir a Santiago por la autopista, ¿te subirías a un taxi sabiendo que ese conductor lleva diez horas trabajando?», dice el taxista.

La peor parte se la llevan los que trabajan las noches de viernes y sábados. En estos casos, la clientela cambia. «Son públicos diferentes. Normalmente, de día trabajamos más con gente mayor y por la noche, sobre todo jóvenes que van y vienen de fiesta», cuenta Sebastián, taxista en el área de Cee. «Al día siguiente, estás destrozado», añade.

«Aunque trabajes la misma cantidad de horas que harías de día, cambia todo, no estás igual. Trastoca mucho, notas cambios de humor y de alimentación. Trabajar de noche es un lío, y eso que a mí me gusta», asegura Sebastián. Lleva cinco años en el oficio de taxista y este ha sido el primer invierno en el que ha podido optar por quedarse en casa los fines de semana, aunque estima que en verano volverá a realizar viajes nocturnos. «Siempre que podemos, nos escaqueamos», confiesa.

De guardia

Cuando se trata de sumar horas a la jornada laboral, los profesionales sanitarios están entre los más perjudicados. Las guardias de 24 horas son habituales en el sector: las personas se enferman y se accidentan a toda hora y alguien las ha de atender. Una modalidad de trabajo que impacta en la salud de los propios facultativos. «O día seguinte dunha guardia o máis habitual é estar, aparte de cansado, con alteracións gastrointestinais. No meu caso, despois de traballar de noite teño un apetito voraz e impulsividade. Cando un está cansado ten pouca capacidade para tomar decisións e razoar, no sector sanitario isto é o máis preocupante», señala Daniel de Bernardo, miembro de la xunta directiva de la Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria.

Para Natalia Ramos, de la sección gallega de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), «el problema es que son muchas horas acumuladas de trabajo. Esto nos diferencia de otros colectivos que trabajan a turnos, porque los sanitarios no hacemos solo la jornada de noche, sino que combinamos varias jornadas en una guardia. En mi caso, acuso mucho más el cansancio en esa mañana después de salir».

En este sector, establecer rutinas se hace difícil al no contar con horarios fijos o previsibles. «Cuesta adaptarse. El resto de la gente sigue trabajando y viviendo, cuando nosotros salimos del turno de la noche con menos energía, irascibles. Es difícil una vida normal, una conciliación familiar o incluso ir al gimnasio o hacer actividades», señala Ramos.

El farmacéutico Antonio Busto, que realiza guardias desde hace casi tres décadas en su farmacia en Noia, describe la sensación como «viajar a otro país y sufrir una especie de jet lag». El experto padece migrañas y esta patología suele intensificarse cuando realiza guardias. «Tengo más descontrol en mis ritmos y suelo padecer dolores de cabeza continuos. Incluso, la memoria me juega malas pasadas en las semanas en las que trabajo de noche», cuenta.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.