El trabajo a turnos incrementa el riesgo para la salud: del insomnio a la diabetes o el cáncer
ENFERMEDADES
Los expertos abogan por un sistema laboral que tenga en cuenta el cronotipo de cada trabajador
26 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cada noche, mientras una mayoría duerme y los que tienen insomnio contemplan el paso de las horas mirando al techo, un tercer grupo está trabajando en la oscuridad. Limpian, vigilan, cuidan, fabrican, operan o conducen. La vida moderna les obliga a desempeñar sus funciones en el período en el que los humanos hemos evolucionado para descansar. Pero ir en contra de la naturaleza pasa factura más pronto que tarde. «El trabajo nocturno habitual produce una desincronización circadiana que afecta prácticamente a todos los sistemas endocrinos del organismo», advierte la doctora Gloria Lugo Rodríguez, miembro del Comité Gestor del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). En su conjunto, estas alteraciones aumentan el riesgo de sufrir diversas enfermedades, desde diabetes tipo 2 hasta patologías cardiovasculares o algunos tipos de cáncer, como el de colon o el de mama.
Dormir cuando no toca
Vivir de noche y dormir de día ha sido, durante la mayor parte de la historia, prácticamente imposible. La luz artificial, incluso con el uso del fuego, ha sido un recurso escaso que se preservaba para utilizar cuando fuese estrictamente necesario. La introducción del tendido eléctrico en las ciudades, extendido en el curso de unas pocas décadas a casi la totalidad de los territorios habitados por nuestra especie, ha transformado este panorama. «El primer cambio lo hicimos con la aparición de la bombilla y desde entonces estamos perdiendo sueño. Hoy dormimos dos horas menos que en el siglo pasado», explica la doctora Carmen Bellido, especialista en Prevención de Riesgos Laborales y miembro de la Alianza por el Sueño.
Para la experta, «el problema es que el ser humano está diseñado para vivir de día y dormir de noche. Tenemos un reloj interno en el hipotálamo que nos regula para ello y no estamos preparados para cambiarlo». En las personas que trabajan a turnos, este reloj interno se desincroniza, desacomodando no solo las horas de sueño sino las comidas y los niveles de energía, incluso aunque el individuo no sea consciente ni se sienta necesariamente más cansado. Las consecuencias aparecen antes de lo que podríamos pensar. «Cuando se trabaja más de tres noches consecutivas aumenta un 30 % el riesgo de tener un accidente laboral», señala Bellido.

Gran parte del problema radica en el hecho de que el descanso diurno no es tan reparador como el nocturno, por la naturaleza misma de ese reloj biológico que todos llevamos dentro. Forzar una alteración de este reloj desequilibra los ciclos de producción de hormonas vitales para el funcionamiento del cuerpo. «La melatonina —hormona clave para conciliar el sueño— sufre una supresión durante el trabajo nocturno que persiste incluso durante las noches libres. El cortisol experimenta una inversión completa de su ritmo y esto conlleva una reducción de la sensibilidad a la insulina», describe la doctora Lugo.
Esta alteración de la melatonina significa que, necesariamente, dormir de día no es tan reparador como hacerlo de noche. «Es difícil que se consiga mantener un horario de sueño lo suficientemente regular para conseguir dormir el número de horas necesario para mantener la salud. En el corto plazo, fundamentalmente, se produce un insomnio. De hecho, el trabajo a turnos en sí mismo se puede considerar como un trastorno del sueño», explica la doctora Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología. La pérdida media diaria se sitúa entre una y cuatro horas de sueño en comparación con quienes duermen de noche.
A largo plazo, surgen patologías vinculadas a la privación del sueño que se agravan a medida que pasan los años. Además de desarrollar más enfermedades cardiovasculares, obesidad o diabetes, estos trabajadores «tienen un mayor riesgo de problemas neurocognitivos y de memoria», destaca la neuróloga. En las mujeres, pueden aparecer alteraciones en los ciclos hormonales, «porque se necesita que el sueño sea regular para producir con normalidad las hormonas que lo rigen», apunta García.
La falta de descanso también aumenta el riesgo de desarrollar tumores. La Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) es la entidad encargada de analizar qué sustancias o conductas incrementan este riesgo y declaró por primera vez en el 2007 al trabajo a turnos como probable carcinógeno. Esto tiene que ver con el deterioro inmunitario que sufrimos al perder horas de sueño. «Cuando dormimos, nuestras células inmunitarias buscan células potencialmente malignas y las destruyen. Al no tener suficientes horas de sueño, este proceso es menos eficaz y aumenta el riesgo de sufrir algunos tipos de tumores», explica García.
Todo esto, sin mencionar la esfera emocional, que es sin dudas la que sufre el mayor impacto: según un informe de la Alianza por el Sueño, los trabajadores a turnos presentan un 40 % más de riesgo de sufrir depresión y también suelen padecer cuadros como ansiedad, estrés, burnout o incluso ideación suicida.
El desequilibrio del ciclo de sueño puede conducir a un aumento de peso. «La grelina y la leptina —involucradas en la sensación de hambre— son hormonas que pueden verse afectadas por la privación de sueño, favoreciendo el comer sin necesidad energética real. Existe, por tanto, una interacción bidireccional entre metabolismo y ritmo circadiano, donde la alimentación influye en el reloj biológico y el reloj biológico modula la respuesta a los nutrientes», detalla Lugo. Además, se pueden producir síntomas gastrointestinales, dado que la tolerancia a la glucosa empeora cuando comemos durante la noche.

Pastillas para dormir mal
Si la conciliación familiar ya es difícil para muchos trabajadores diurnos, en el caso de aquellos que tienen jornadas por la noche o realizan guardias de 24 horas, la complicación es exponencialmente mayor. «El trabajador a turnos pasa menos horas con sus hijos y, como duerme mal, muchas veces no tiene ganas de hacer deporte o de quedar con sus amigos. Pierde motivación para socializar y se aísla sin darse cuenta», observa Bellido.
En muchos casos, estas personas recurren a somníferos para poder descansar y recuperar algo de ese tiempo de ocio. «Veo a muchos sanitarios que se automedican. Otros trabajadores van a la farmacia o al médico a pedir ayuda porque no pueden dormir. Y así es como España se ha convertido en el país número uno en consumo de benzodiacepinas, pero esto no es lo más adecuado a largo plazo», señala la experta. El consumo de este tipo de fármacos reduce la fase 3 y la REM del sueño, etapas en las que el cerebro se dedica a limpiar las toxinas que ha ido acumulando durante el día y a consolidar recuerdos dentro de la memoria. «Es imposible manejar la adversidad de la vida sin sueño REM. Cuando tomamos una benzodiazepina, estamos alterando la arquitectura normal de nuestro sueño», sostiene Bellido.
¿Qué hacer?
Aunque el trabajo a turnos está desaconsejado por su impacto en la salud, es cierto que ni todos los turnos son iguales ni todos los horarios tienen los mismos efectos. «No es igual cambiar cada quince días, cada semana o cada tres días. Tampoco es lo mismo hacerlo en el sentido de las agujas del reloj que hacerlo al revés», señala el doctor Javier Puertas, neurofisiólogo de la Sociedad Española de Sueño (SES). En este sentido, los expertos aseguran que hacer rotaciones largas —pasando cinco días o una semana completa con el mismo horario antes de cambiar— resulta menos perjudicial que alternar con mayor frecuencia.
«Normalmente, pasamos de una semana de noches a una de tardes y después, otra de mañanas, para que el trabajador pueda disfrutar de fin de semana. Pero ese no es el mejor cambio. Recordemos que nuestro reloj interno tiende a atrasarse, por eso es más fácil adaptarse cuando uno viaja a Estados Unidos que a Japón», explica Puertas. Así, lo ideal para el organismo sería poder cambiar de un turno de mañana a uno de tarde, siguiendo el sentido horario.
A nivel de las organizaciones, los expertos sugieren que sería útil conocer el cronotipo de cada trabajador —si le cuesta más madrugar o permanecer despierto hasta tarde— para así adaptar en la medida de lo posible las jornadas laborales a estas necesidades. Hacerlo, sostiene Bellido, podría incluso mejorar la productividad en las empresas.
Para quienes no pueden evitar el trabajo nocturno, la doctora Lugo señala que algunas de las intervenciones más efectivas incluyen la exposición a luz artificial brillante durante el turno de noche, «puesto que mejora el nivel de alerta y disminuye la somnolencia. La restricción de luz matutina facilita a su vez el sueño diurno». En cuanto a la alimentación, recomienda mantener las ingestas en un rango horario lo más estable posible, «priorizando alimentos saciantes y de buena calidad como cereales integrales, legumbres, fruta, verdura, proteína magra, yogur natural, frutos secos y agua».