Daniel Drucker, uno de los padres de Ozempic: «Todavía no entendemos todos los beneficios que suponen los nuevos medicamentos contra la obesidad»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Daniel Drucker, uno de los mayores expertos del mundo en GLP-1.
Daniel Drucker, uno de los mayores expertos del mundo en GLP-1.

El catedrático de la Universidad de Toronto lleva estudiando el principio activo de estos medicamentos desde la década de los ochenta

26 abr 2026 . Actualizado a las 09:49 h.

Daniel Joshua Drucker (Montreal, 1956) se define a sí mismo como un tipo «bastante aburrido». Dice que lleva más de 45 años con su mujer, que dedica tiempo a su familia y que no conduce un coche caro. Cabría decir que se define como aburrido aunque, lo que para él es trabajo —tarea del día a día— para otros es el motivo por el que siguen vivos. Se define como aburrido aunque sepa explicar, con pelos y señales, cómo funciona el medicamento más famoso de la última década. Y, se define como aburrido, aunque su carrera pueda estar de camino al Premio Nobel. Él responde: «No pierdo el sueño por ello».

Este catedrático catedrático de la Universidad de Toronto e investigador en el Hospital Monte Sinaí, de esa ciudad, es —en pocas palabras— uno de los padres de Ozempic. Él, junto a varios colegas, descubrió y caracterizó la forma biológicamente activa de la hormona péptido similar al glucagón, o GLP-1. Fue uno de sus primeros proyectos en 1984. «Había terminado mi formación médica y quería aprender investigación», dice en videollamada desde su despacho a La Voz. Por aquel entonces, se acababa de aislar el gen que contenía la secuencia del GLP-1. «Solo era una secuencia en un gen, no sabíamos qué hacía, dónde se producía ni cuál era su función. Ese fue mi proyecto en 1984 e, increíblemente, más de 40 años después sigo intentando entender cómo funciona esta proteína».

—¿Siente que toda su investigación acerca de los GLP-1 han cambiado el mundo?

—No soy una persona muy dada a la hipérbole ni a hacer grandes afirmaciones. Creo que los medicamentos basados en GLP-1 están ayudando a muchas personas en todo el mundo con problemas de salud diferentes, mucho más allá de lo que, cuando empezamos hace cuarenta años, esperábamos. En aquel momento pensábamos que el medicamento sería útil para la diabetes tipo 2 y, diez años después, esperábamos que fuera útil para la pérdida de peso. Ahora estamos viendo su efecto en la enfermedad cardíaca, enfermedad hepática, enfermedad renal, artritis o enfermedad de los vasos sanguíneos. Creo que realmente solo estamos empezando. Es un momento muy emocionante e, incluso después de cuarenta años de ciencia sobre el GLP-1, siento que el campo está apenas empezando y que hay mucho más entusiasmo y cosas por aprender. 

—¿Cómo se trataba la obesidad cuando usted era joven?

—No se trataba bien en absoluto. De hecho, cuando era residente de endocrinología en los ochenta y teníamos que ir a consulta, a veces íbamos a la consulta de tiroides, de hipófisis o suprarrenal, pero otros día tocaba la de pérdida de peso, y era muy frustrante porque no teníamos medicamentos que funcionaran realmente bien. Poníamos a la gente hormonas tiroideas, metformina, anfetaminas, y si perdían tres o cuatro kilos era un milagro, pero lo que realmente querían era perder 15, 20, 30 kilos y no podíamos conseguirlo hasta que tuvimos el GLP-1. Lo único que podíamos recomendar era cirugía bariátrica, y eso ayuda, pero mucha gente no está interesada en operarse y obviamente no podemos coger a 10 millones de personas y decirles que mañana mismo tienen que operarse. Así que era muy frustrante. Recuerdo claramente cuando me decían: «Esta mañana trabajas en la consulta de obesidad». Yo pensaba: «Esto va a ser un desafío muy difícil». Y ahora es el lugar más emocionante para trabajar como médico porque realmente puedes ayudar a la gente y es increíble.

—¿Por qué cree que vivimos una epidemia de obesidad hoy en día? ¿Solo es cuestión de una mala dieta y de poco ejercicio?

—No lo sabemos realmente. No sabemos qué ha cambiado, porque hace 50 años no teníamos este problema. Si miras fotos o películas de entonces, la población estaba preocupada por el hambre, por quedarse sin comida. Había proyecciones malthusianas de que para el año 2050 el mundo se quedaría sin alimentos y la gente moriría de hambre. Entonces, ¿qué ha cambiado en nuestro entorno? Pensamos en el suministro de alimentos, en los productos químicos, en la forma en que vivimos, en nuestra actividad y gasto energético, pero no tenemos una explicación precisa de por qué tenemos esta epidemia de obesidad. Está claro que es nuestro entorno, porque nuestra genética no ha cambiado. Seguramente esté vinculado con el suministro de alimentos y quizá los químicos en los alimentos u otros que estén en el entorno, pero no lo entendemos del todo. Es una pregunta muy importante para la investigación, porque preferiríamos prevenir la epidemia de obesidad en lugar de tratarla. Así que necesitamos mucha más investigación en esta área.

—Vamos a ir a la pregunta más básica, ¿qué es el GLP-1?

—El GLP-1 es una pequeña proteína en nuestro cuerpo. Es una hormona y está presente en nuestro organismo todo el tiempo. Sus niveles aumentan cuando comemos o cuando tenemos una infección. Tiene efectos bastante modestos: ayuda a controlar el azúcar en sangre, el apetito y a reducir la inflamación. En condiciones normales, el GLP-1 no tiene un efecto profundo en nuestro cuerpo. Si lo eliminas, no pasa gran cosa: no desarrollamos diabetes, ni obesidad, ni infecciones. Pero hemos aprendido que cuando lo usamos farmacológicamente, cuando está presente en niveles muy altos como con los medicamentos, tiene efectos increíbles: reduce el azúcar en sangre, el peso corporal, la inflamación, y previene enfermedades cardíacas, hepáticas, renales y ayuda con la artritis. Así que, farmacológicamente, cuando está en niveles muy altos, tiene efectos muy beneficiosos para mejorar la salud.

—¿Cómo es posible que se vean beneficiadas diferentes enfermedades de distintos sistemas? Se está estudiando, incluso, su papel en patologías neurodegenerativas como el párkinson o alzhéimer.

—No entendemos completamente todos los beneficios. Perder peso ayuda, sin duda. Si tienes artritis y te duele la rodilla y tienes sobrepeso, al perder peso te sentirás mejor porque la presión sobre las articulaciones disminuye. Reducir la inflamación es algo que el GLP-1 hace de forma muy potente, y este proceso impulsa el desarrollo de enfermedades crónicas, así que reducirla es beneficioso. Además, hay receptores de GLP-1 en muchas partes del cuerpo que permiten que actúe directamente en distintas células. Por ejemplo, en el estudio que publicamos ayer, liderado por la gallega María González, se descubrió que hay receptores en un pequeño grupo de células hepáticas que tienen efectos fantásticos para revertir el daño en personas con enfermedad hepática metabólica. En muchos órganos —riñón, corazón, vasos sanguíneos, hígado, cerebro— hay receptores de GLP-1. Así que, además de la pérdida de peso y la reducción de la inflamación, hay señales directas a estos órganos que mejoran su salud. En cualquier caso, es bastante complicado. Los periodistas siempre me piden que les explique cómo funciona el GLP-1 en una sola frase, pero no puedo, porque tiene muchas acciones diferentes. El beneficio que tiene en el hígado es diferente al que tiene en el corazón o al del cerebro. Es decir, es una fisiología fascinante, pero un tanto compleja.

—¿En qué momento se dio cuenta del potencial del GLP-1 más allá de la diabetes?

—Si soy honesto, ha sido un camino muy lento. Como dije, son 40 años de investigación. Tardó bastante en ir desde la ciencia más básica hasta el fármaco. Empezamos en 1984, pero el primer fármaco llegó 20 años después, en el 2005. Los estudios que mostraban pérdida de peso en animales se publicaron en 1996, pero de nuevo, el medicamento no se aprobó para obesidad hasta el 2014, 18 años después. Así que, como ves, no ha sido un descubrimiento repentino, sino un progreso lento desde estudios en animales hasta humanos. Con frecuencia la gente nos dice que hemos sido muy afortunados, porque nos hacen bastante caso, ganamos premios y demás. Es más, siempre me preguntan qué se siente al ser premiado por este trabajo. Y lo que yo digo es que lo mejor no son los premios, sino hablar con personas cuya vida ha cambiado gracias al GLP-1: su salud mejora, su calidad de vida también. Algunas sienten que no tienen vida al vivir con una enfermedad crónica. Es decir, no van a la playa, no se ponen bañador, no suben escaleras, no se sienten cómodas socialmente. Y ahora tienen una nueva vida. Recibo mensajes todos los días. Esta mañana, por ejemplo, alguien me escribió diciendo que tenía alergias terribles y ahora, con GLP-1, han desaparecido. Es la inflamación. Eso es lo más emocionante para mí como científico y médico: escuchar a las personas que se sienten mejor. Fíjate, esta mañana, a raíz del artículo del New York Times (el diario estadounidense publicó una información en la que el entrevistado aparecía como fuente), he recibido varios correos de personas que me cuentan sus historias. Lo más emocionante es conocer cómo han mejorado sus vidas.

—El medicamento funciona en la mayoría de pacientes. El problema llega cuando lo dejan. ¿Es un fármaco que el paciente tiene que tomar para siempre?

—Creo que algunas personas pueden reducir la dosis, otras pueden dejarlo, pero tienes razón, muchas, cuando dejan la medicación, vuelven a ganar peso y les resulta, de nuevo, más difícil controlar el apetito. Así que hay muchas diferencias interindividuales. Algunas personas pueden arreglárselas sin la medicación. Pero creo que a la mayoría les beneficia seguir con los medicamentos. Tenemos 150 enfermedades y podría nombrártelas todas, ya sea hipertensión, artritis reumatoide, enfermedad de Crohn o esclerosis múltiple; todas ellas son enfermedades crónicas graves. Nadie se plantearía dejar de tomar la medicación. Si estuvieras hablando en una fiesta y alguien dijera: «Oh, tengo la enfermedad de Crohn, voy a tomar la medicación durante tres meses y luego estaré bien», alguien diría: «Vaya, ¿la medicación te va a curar o la necesitas para ayudarte?» Pues la obesidad no es tan diferente. Una vez que la desarrollas, al cerebro le resulta muy difícil volver a su estado anterior. Por ello, la mayoría de las personas tendrán que tomar la medicación de forma indefinida, al menos por ahora; quizá en el futuro haya nuevos estudios que permitan decir: «Te ayudaré a perder peso; toma este medicamento durante seis meses y quizá tu cerebro vuelva a funcionar como cuando tenías 15 o 16 años». Hay mucha gente investigando para intentar que nuestros cerebros defiendan nuestro peso corporal normal, pero aún no hemos llegado a ese punto. Así que, por ahora, la mayoría de las personas necesitan tomar los medicamentos durante mucho tiempo.

—¿Le da un poco de rabia cuando solo se habla de obesidad, o de Ozempic y Wegovy desde una mirada únicamente estética?

—No. Y hay una cosa que es curiosa. La semana pasada estuve en California y visité la Universidad de California en San Francisco, y luego fui a la de Stanford. En una de las cenas —en la que estaban científicos, médicos y profesores— alguien preguntó: «¿Cuántos de vosotros tomáis Ozempic?». Y me quedé asombrado, porque la mitad de la gente lo tomaba. No tenían diabetes tipo 2, no tenían mucho sobrepeso, pero lo tomaban para mantener su peso corporal y para mantenerse sanos. Hace unos años me molestaba cuando había escasez del medicamento y no teníamos suficiente suministro para tratar a personas con diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas y diversas enfermedades graves; entonces me sentía frustrado y pensaba: ¿por qué permitimos que personas que no tienen problemas graves utilicen el medicamento? Pero hoy en día, creo que no hay escasez de medicamento y si una persona, tras hablar con su médico, piensa que le gustaría intentar mejorar su salud tomando el medicamento, eso es algo individual. Contamos con más de 20 años para conocer su seguridad; el medicamento se ha utilizado en cientos de millones de personas durante más de dos décadas ya, por lo que no me preocupa que pueda ser perjudicial para la salud de la mayoría. Eso sí, debemos asegurarnos de que estas decisiones se tomen entre el paciente y su médico. Quizás en España no sea así, pero aquí se sientan delante del ordenador, se conectan a Internet y hablan con un médico por mensaje durante cinco minutos, y a la mañana siguiente tienen Ozempic en la puerta. Se lo administran ellos mismos sin que les hayan explicado en qué deben fijarse. Eso me preocupa un poco, pero si es una persona que lo usa con un profesional sanitario, tiene cuidado y hay un objetivo realista para el tratamiento, es una decisión individual.

—¿Cómo se siente al ver todo el reconocimiento de su trabajo?

—Sé la suerte que tengo como médico e investigador, lo que me sucede es como si me tocase la lotería en lo que a carrera profesional se refiere. Es decir, pude hablar contigo porque me quieres entrevistar, puedo dedicarme a la ciencia y aprendo de los pacientes, así que soy muy afortunado. Pero, para ser sincero, es un poco abrumador. Tú no me conoces, pero mi personalidad es bastante discreta. No busco llamar la atención, no conduzco un coche de lujo, no voy a discotecas. Llevo 45 años con la misma mujer y tengo hijos y nietos, y probablemente soy un tipo bastante aburrido. Pero, de repente, voy a ceremonias de entrega de premios, conozco a mucha gente famosa, recibo tanto reconocimiento y hablo con la prensa... No es algo con lo que me sienta cómodo normalmente, pero sé lo afortunado y privilegiado que soy. Pienso que es una historia excelente que contar al público sobre la importancia de la ciencia, porque a veces damos por sentado en la sociedad que los medicamentos simplemente estarán ahí cuando los necesitemos, y ese no es el caso. La historia del GLP-1 es un ejemplo de cómo la ciencia básica, a lo largo de décadas, proporciona beneficios inesperados que están transformando la salud humana, así que parte de mi responsabilidad con este reconocimiento y estos premios es contar esa historia de lo fundamental que es que invirtamos en nuestras universidades y en nuestra investigación en ciencia básica, y asegurarnos de que contamos con un grupo sólido de científicos en nuestra sociedad. Ya sea el cambio climático, internet, la inteligencia artificial o medicamentos como el GLP-1, todo eso proviene de la ciencia y, a veces, el público no siempre es consciente de la importancia de apoyarla.

—Su equipo y usted han ganado muchos premios. Algunos, de gran calibre. Le tengo que preguntar: ¿se imaginan llegando al Nobel?

—Hemos ganado muchos premios. Las paredes de mi despacho están llenas de ellos [mueve la cámara para enseñarlos]. Pero no me fijo ni me preocupo por ellos. Yo mismo he formado parte de muchos comités de premios y, cuando estás en ellos, ves que cada año hay decenas de descubrimientos increíbles que merecen un reconocimiento. De hecho, a veces tardamos unos días en elegirlo y me dan ganas de escoger uno al azar, porque los quince que tengo sobre la mesa son increíbles. Hay tantas historias buenas en medicina que merecen reconocimiento, y GLP-1 es uno que ha recibido mucho. Quizás reciba más, quizás no, pero no pierdo el sueño por pensar en ello. Si ocurre, bien; si no, también. Lo más importante para mí, obviamente, es mi familia, mis hijos y la gente con la que trabajo. Los premios están bien, pero no son lo más importante en la vida, al menos no para mí.

Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.