Varapalo para la gran esperanza contra el alzhéimer: el fármaco no tiene beneficios clínicos, pero sí efectos adversos

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Imagen de archivo de resonancias magnéticas del cerebro
Imagen de archivo de resonancias magnéticas del cerebro

Una revisión con 20.000 pacientes no halló efectos significativos tras tomar estos medicamentos durante 18 meses, pero se observó que aumentaban la inflamación cerebral

16 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los fármacos para el alzhéimer se han popularizado en los últimos meses, especialmente a partir de la aprobación en Europa del lecanemab —cuyo nombre comercial es Leqembi— en abril del 2025 y del donanemab, comercializado bajo la marca Kisunla. Estos tratamientos se desarrollaron con el fin de frenar el avance de la patología en sus fases iniciales, actuando sobre la proteína beta amiloide. Sin embargo, una revisión sistemática de la Colaboración Cochrane ha puesto en duda la eficacia de este enfoque terapéutico. El análisis, que incluye datos de 17 ensayos clínicos con más de 20.000 participantes en fases tempranas de la enfermedad, concluye que estos tratamientos no ofrecen beneficios clínicamente significativos en términos de deterioro cognitivo o progresión de la demencia tras 18 meses de uso. Además, los autores hallaron un aumento de efectos adversos como la inflamación cerebral o las microhemorragias.

Este grupo de medicamentos ha sido desde sus inicios un avance esperanzador, pero no exento de polémicas. Su mecanismo de acción se basa en eliminar los depósitos de beta amiloide en el cerebro —conocidos como placas—, una de las características patológicas más conocidas del alzhéimer. Sin embargo, la revisión cuestiona la hipótesis de que reducir estas placas se traduzca en una mejora clínica para los pacientes.

El investigador Jordi Pérez-Tur, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro de Investigación Biomédica en Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned), resume el contexto de esta patología en declaraciones a Science Media Centre (SMC). «La enfermedad de Alzheimer es un trastorno cognitivo incurable habitualmente asociado a la edad que aparece por la muerte neuronal en distintas áreas cerebrales». En este escenario, los tratamientos actuales apenas ofrecen beneficios modestos: «Esta es una enfermedad con solo tratamiento sintomático, muy poco efectivo, que en algunos individuos consigue retrasar el avance de la enfermedad unas pocas semanas o meses».

El estudio

La investigación tiene un diseño robusto, aunque no perfecto. «Las revisiones Cochrane representan el estándar más alto de evidencia científica en la atención médica», apunta en este sentido Amy Brodtmann, neuróloga y catedrática de la Universidad de Monash, en declaraciones a SMC.

Francesco Nonino, neurólogo y epidemiólogo en el Instituto de Ciencias Neurológicas de Bologna (Italia) y autor principal del estudio, afirmó en una rueda de prensa que su trabajo adoptó «métodos sistemáticos explícitos y reproducibles para minimizar el sesgo, y la calidad y la validez de los resultados de cada estudio se evaluaron mediante herramientas apropiadas. Todos los estudios incluidos menos uno tenían un riesgo bajo de sesgos», lo que la convierte en una revisión de alta calidad.

«Esta revisión examinó datos de ensayos controlados aleatorios de anticuerpos contra la proteína beta amiloide, una de las que se acumulan en el cerebro de las personas con enfermedad de Alzheimer», explica Tara Spires-Jones, directora del Centro para el Descubrimiento de las Ciencias del Cerebro de la Universidad de Edimburgo, jefa de grupo en el Instituto de Investigación de la Demencia del Reino Unido y expresidenta de la Asociación Británica de Neurociencia, en declaraciones a SMC.

La investigadora señala que los autores «combinaron análisis de cinco fármacos que no tuvieron éxito en sus ensayos y dos que sí lograron ralentizar la progresión de la enfermedad». Nonino y Edo Richards, profesor de Neurología en el Radboud University Medical Centre (Países Bajos) y coautor del estudio, explican que esto es habitual en revisiones de grupos de fármacos que tienen mecanismos de acción u objetivos terapéuticos similares, citando como ejemplo una publicación reciente en JAMA que analiza múltiples estudios sobre fármacos antihipertensivos. «Todos estos fármacos se dirigen a la misma proteína y todos evalúan su eficacia mediante una tomografía por emisión de positrones (PET) de amiloide, utilizando medidas de resultado similares. El hecho de que algunos ensayos no mostraran ningún efecto y otros sí, constituye una razón científica sólida para realizar un metaanálisis y evitar la sobreinterpretación de los estudios positivos, ignorando al mismo tiempo los negativos», subraya Richards.

Brodtmann señala que la efectividad de estos medicamentos es una preocupación creciente en el campo. «Los autores concluyeron que los efectos de estas terapias sobre la función cognitiva y la gravedad de la demencia eran mínimos o insignificantes, a la vez que aumentaban el riesgo de eventos adversos como inflamación y hemorragia cerebral», observa, añadiendo que «los hallazgos concuerdan con las decisiones de varias agencias gubernamentales internacionales de denegar la aprobación por falta de eficacia».

Los datos más recientes y otras evaluaciones regulatorias —entre ellas, las de la FDA en Estados Unidos o la Comisión Europea— respaldan el uso de algunos de estos tratamientos en fases tempranas, concretamente, en el caso de los fármacos donanemab y lecanemab, señala Spires-Jones. Con todo, la experta reconoce que «estos fármacos no son perfectos, conllevan riesgos de efectos secundarios graves y solo retrasan ligeramente la progresión de la enfermedad».

El rol de la beta amiloide

Según las conclusiones del estudio, la eliminación de la proteína amiloide sí se consigue con estos tratamientos, pero no parece estar asociada con efectos clínicamente significativos. Pérez-Tur explica que los resultados «aprecian poca o ninguna diferencia en la función cognitiva en individuos tratados respecto a los que recibieron placebo». Incluso las mejoras detectadas son marginales. «Observan que los individuos tratados muestran una muy ligera mejoría —de menos de un punto, cuando se considera como necesario un cambio de al menos dos puntos—», señala el experto.

El hallazgo cuestiona este abordaje de la enfermedad, que parte de la hipótesis de la beta amiloide. «La ciencia no es binaria, no es blanco o negro, pero creo que es bueno que actualmente en el campo científico se realice una evaluación crítica de la hipótesis y se analice si otros mecanismos pueden estar en juego y podrían ser objetivos más adecuados para tratamientos en el futuro. Los resultados de nuestro metaanálisis muestran que eliminar el amiloide del cerebro no mejora la cognición ni ralentiza el deterioro cognitivo. En base a estos resultados, les diría a mis pacientes con alzhéimer que probablemente no vayan a beneficiarse de estos medicamentos», sostiene Richards.

Más allá de la eficacia, también se cuestiona la seguridad de estos fármacos. Pérez-Tur destaca algunos riesgos asociados, como las anomalías de imagen relacionadas con el amiloide, más frecuentes en los pacientes tratados. La ecuación de coste-beneficio no resulta favorable para el experto. «El coste anual de estos tratamientos está en torno a los 25.000 €. Si no hay evidencias de que tenga un efecto clínico significativo, ¿tiene sentido seguir utilizándolos?».

La aprobación inicial de algunos de estos fármacos estuvo rodeada de controversia, con opiniones divididas incluso dentro de las agencias reguladoras. A la luz de la evidencia acumulada, el experto español considera que «queda bastante claro que los beneficios son extraordinariamente escasos», aunque reconoce que aún quedan incógnitas por resolver, especialmente en relación con factores genéticos que podrían influir en la respuesta al tratamiento.

Pese a todo, tanto el lecanemab como el donanemab consiguieron la aprobación al demostrar ciertos beneficios. Xavier Morató, director de ensayos clínicos de Ace Alzheimer Center Barcelona, asegura que «existe una fuerte correlación positiva entre la eliminación de placas de beta-amiloide y la eficacia clínica en la fase temprana de la enfermedad de Alzheimer, de modo que una mayor reducción de las placas conduce a un deterioro cognitivo y funcional más lento».

En los tratamientos con anticuerpos antiamiloides «no es estrictamente necesario reducir las placas hasta un nivel negativo en la prueba diagnóstica de imagen para observar un efecto clínico», si bien esto está altamente correlacionado con mayores beneficios. «Los estudios muestran que tratamientos como el lecanemab y el donanemab producen una eliminación significativa de las placas y ralentizan el deterioro cognitivo entre un 27 % y un 35 %, incluso antes de alcanzar niveles totalmente negativos en la prueba de imagen, aunque el beneficio máximo se observa cuando los pacientes alcanzan el estado de amiloide negativo», explica Morató a SMC.

Asimismo, es relevante la velocidad de eliminación del amiloide. En este sentido, «tanto el lecanemab como el donanemab (son los mejores anticuerpos monoclonales descritos en el mercado, junto con otros como el trintinemab», apunta Morató.

 Para Nonino, persiste la necesidad de realizar más investigaciones a largo plazo. «Cabe destacar que 18 meses es un período relativamente corto en el contexto de una enfermedad crónica progresiva de progresión lenta como el Alzheimer, y también es importante recordar que estos fármacos pueden utilizarse en la práctica clínica durante mucho más de 18 meses. Es poco tiempo para evaluar, especialmente a largo plazo, si estos eventos adversos tendrán algún impacto en resultados importantes como la cognición o la gravedad de la demencia, y en qué medida», señala.

Preocupa, sobre todo, la incidencia de efectos adversos a lo largo del tiempo. «Con estos datos se puede observar que la frecuencia de cualquier anomalía relacionada con la amiloide entre los pacientes tratados con anticuerpos monoclonales es aproximadamente más del doble que la frecuencia entre los pacientes tratados con placebo. Si bien estas anomalías son mayoritariamente asintomáticas, son lesiones del tejido cerebral y no sabemos si afectan a la cognición a largo plazo. Incluso los dos estudios fundamentales sobre los dos fármacos que fueron aprobados por las agencias reguladoras están en la línea de esta estimación», subraya Nonino.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.