José Cuenca, jefe de Cirugía Cardíaca del Chuac: «Se puede tener una enfermedad de las válvulas cardíacas y no saberlo»
ENFERMEDADES
El especialista subraya el avance que han supuesto las intervenciones mínimamente invasivas, que han reducido el tiempo de recuperación a cerca de un mes
20 abr 2026 . Actualizado a las 11:56 h.Las cirugías del corazón ya no son como antes. El campo está atravesando una transformación hacia procedimientos cada vez menos agresivos, con menos complicaciones y una recuperación más rápida de la mano de técnicas mínimamente invasivas, con mejores pronósticos. Dentro de esta área de especialización, las técnicas con materiales adhesivos permiten reparar lesiones y mejorar la cicatrización del tejido coronario. El doctor José J. Cuenca Castillo, jefe del Servicio de Cirugía Cardíaca del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña (Chuac), ha coordinado esta semana en A Coruña la octava edición del curso Prevención de complicaciones en cirugía cardiovascular mínimamente invasiva, una formación especializada organizada por Baxter, que reúne a expertos de diferentes hospitales nacionales e internacionales. El experto explica el panorama de esta especialidad.
—La cirugía cardiovascular mínimamente invasiva ha avanzado mucho en los últimos años. ¿Cuáles son hoy sus principales ventajas frente a la cirugía tradicional?
—Avanzamos para hacer la misma intervención por abordajes con menor agresión para el paciente, que son las cirugías mínimamente invasivas. En el caso de la cirugía cardíaca, hay un gran número de procedimientos que van progresando en este sentido, a la vez que se reduce la incisión para que la agresión al paciente sea menor. Y este curso, precisamente, va dirigido hacia técnicas que nos permiten garantizar la seguridad en esos procedimientos con el uso de productos que ayudan a reducir los potenciales sangrados que haya durante una intervención. Uno de los desafíos de las cirugías mínimamente invasivas es la dificultad para dar puntos quirúrgicos que eviten el sangrado o lo reduzcan. Y eso se puede potenciar mediante el uso de estos productos.
—¿Qué complicaciones son las más frecuentes en estos procedimientos?
—El sangrado es una complicación potencial en cualquier cirugía, porque hacemos cortes en los tejidos; en el caso de la cirugía cardíaca, los hacemos en el corazón y en las arterias, por tanto, el sangrado es una complicación importantísima. Precisamente, las estructuras en las que actuamos están siempre llenas de sangre, por lo que cualquier pequeño defecto en la sutura o en el propio tejido, que puede estar enfermo y ser propenso a desgarros, incrementa este riesgo. Es algo que siempre estamos pendientes de controlar y minimizar para evitar que se convierta en una complicación grave.
—¿Cuáles son las cirugías más frecuentes de este tipo que realiza en su unidad?
—Son cirugías que actúan sobre las válvulas del corazón, reparándolas o sustituyéndolas, o bien, la reparación o sustitución de segmentos de aorta enfermos por prótesis vasculares.
—¿Se trata de patologías principalmente de origen genético?
—La mayoría son enfermedades adquiridas a lo largo de la vida, producto de la degeneración de las válvulas o a nivel de las arterias por su dilatación debida a los años, por la hipertensión o arteriosclerosis. En un porcentaje pequeño de los casos son anomalías congénitas.
—¿Qué importancia tiene el seguimiento posterior a la operación a la hora de reducir las complicaciones?
—Es muy importante. Uno de los escenarios que vemos después de la cirugía cardíaca es tener que hacer reintervenciones para reparar sangrados en las primeras horas de posoperatorio. A veces, el paciente tiene que volver al quirófano y el volumen de sangre y de productos hemoderivados que tenemos que transfundirle es importante. Evitar estos problemas es fundamental, por lo que todo lo que podamos hacer durante la operación que conduzca a reducir el sangrado tiene muchísimas ventajas.
—¿Cuáles son algunas preguntas frecuentes de los pacientes antes de estas cirugías?
—Generalmente, el paciente pregunta por el pronóstico global de la intervención. Excepto que nosotros precisemos que su caso particular tiene alguna complicación especial, por ejemplo una enfermedad hematológica previa, hepática o pulmonar importante, si el paciente se opera en el momento adecuado y no ha alcanzado un deterioro en el corazón importante, el pronóstico prácticamente se iguala a la supervivencia de la población sana no operada. Un paciente puede tener un pronóstico más reducido si se interviene cuando ya tiene un daño importante en la fuerza de contracción del corazón. Pero hoy el porcentaje de pacientes que se intervienen en el momento adecuado representa ya un porcentaje importante, porque acuden a hacerse seguimientos estrictos y se les remite a cirugía de manera oportuna. La expectativa de vida a largo plazo de estos individuos es igual que en la población general.
—¿Cómo es la recuperación de estas cirugías?
—Las técnicas mínimamente invasivas están dedicadas a acelerar y reducir el tiempo de recuperación, porque la cicatrización del tejido es menor y el dolor posoperatorio también. Si se consigue un menor sangrado, la recuperación de la anemia también será mucho más rápida. Dependiendo de la edad del paciente y el momento en que se opere, puede demorar un mes o mes y medio para hacer la misma vida previa a la cirugía. El alta hospitalaria se produce en torno a una semana después de la operación. El resto del tiempo, el paciente está en casa recuperándose.
—Mencionaba la importancia del diagnóstico en el momento indicado. ¿Es posible tener una alteración valvular en el corazón y no saberlo?
—Sí, el paciente puede tener una enfermedad valvular y no saberlo, porque hay un período en el que no da ningún síntoma. Muchos diagnósticos son casuales. A veces se detecta un soplo porque vas al médico de familia a que te vea porque tienes un catarro y te auscultan. Otras veces, por una placa de tórax se ve que el corazón puede estar un poquito más dilatado y se estudia el caso. Sí que hay un período asintomático en el que el paciente puede tener una patología valvular, pero generalmente no suele ser grave en ese momento. Si se diagnostica en esta etapa, se puede hacer un seguimiento que a veces dura años hasta que la patología llega a un nivel en el que se considera beneficioso el tratamiento.
—¿Qué síntomas daría una enfermedad de las válvulas del corazón que empieza a avanzar?
—Cuando la valvulopatía sea más severa aparecen síntomas de dificultad respiratoria, mareos, dolor torácico, que son síntomas muy evidentes que siempre llevan al paciente a acudir a su médico para investigar la causa.
—¿Qué podemos hacer a nivel de prevención cardiovascular?
—Todos los factores de riesgo contribuyen de forma complementaria. Tener la tensión alta, el colesterol alto, el tabaquismo, una vida sedentaria, la obesidad. Esos factores de riesgo suman sus efectos y hay que intentar evitarlos. No abusar de la sal en las comidas, hacer vida activa, caminar, controlar el colesterol y la tensión arterial. Estos hábitos son los primeros que debemos adquirir, antes de que sea necesario recurrir a fármacos.