Laura López-Mascaraque, bióloga experta en olfato: «De pequeños nos enseñan que el azul es azul, pero con el olfato no sucede esto»

ENFERMEDADES

Laura López-Mascaraque, biológa y reconocida experta en el mundo del olfato.
Laura López-Mascaraque, biológa y reconocida experta en el mundo del olfato.

La profesora de investigación en el Centro de Neurociencias Cajal explica que la hiposmia puede ser un síntoma precoz de enfermedades como el alzhéimer o párkinson

14 abr 2026 . Actualizado a las 19:08 h.

A Laura López-Mascaraque (Madrid) siempre le han fascinado los olores. Cuando era pequeña, antes de comer, olía la comida con detenimiento. Sus padres le regañaban ante lo que ellos veían como una falta de educación. En realidad, era su forma de explorar el mundo. Lo sigue siendo años después. En la actualidad, la doctora en Biología es una de las principales expertas en neurociencia del olfato de España. La profesora de investigación en el Centro de Neurociencias Cajal (CSIC) firma un nuevo libro: El fascinante universo del olfato (Geoplaneta Ciencia, 2026).

—¿Por qué el olfato?

—Esto viene desde hace mucho tiempo. El olfato siempre ha sido uno de los sentidos que más he tenido en cuenta. Me encantaba oler todo. Y por otro lado, otra de las cosas que me interesaban muchísimo toda mi vida ha sido la neurociencia, el cerebro en general. Tuve la oportunidad de, en un momento determinado, meterme en este mundo de la neurociencia. Y vi que, además, el sistema olfativo, dentro del cerebro, era de los sistemas que menos se estudiaba. Por eso me propuse conocer distintos aspectos y mecanismos del cerebro y su desarrollo dentro del sistema olfativo. Es un mundo muy interesante porque es un sistema muy accesible. De hecho, las únicas neuronas que conectan con el exterior que tenemos en el cerebro están justo en la nariz, en la hemisferia olfativa. El sistema olfativo tiene un circuito fácil de estudiar para ver mecanismos, para poder manipularlo en un momento determinado. Y la combinación de todo esto, unido a la divulgación que creo que es obligatoria entre los científicos, me terminó llevando hasta donde estoy ahora.

—¿El olfato siempre ha sido visto como algo menor?

—Sí, siempre. Ya desde los antiguos filósofos era el sentido al que no teníamos que hacer caso porque la vista era lo predominante, también el oído. Siempre ha estado muy desestimado. Por ejemplo, Platón clasifica el olfato como el sentido más cercano al reino animal. O Aristóteles, que únicamente lo vinculaba a la parte de supervivencia mientras que la vista y el oído decía que era más vinculado a la abstracción, al conocimiento. Así podríamos seguir con distintos filósofos. A partir de aquí, ha sido una historia casi de desprecio. Y fíjate que el primer lenguaje que hemos tenido es el químico y los olores no dejan de ser moléculas químicas. Las plantas se comunican por moléculas, los insectos y también los animales. La propia humanidad, hasta que nos levantamos del suelo, seguíamos rastros. La comida, también la sensación de peligro, todo se basaba en esas moléculas que nos llegaban. Lo que pasa es que, a medida que hemos ido evolucionando, lo hemos ido perdiendo.

—¿Qué conexiones neuronales están conectadas con el olfato?

—Es una conexión muy directa. Lo es, a grandes rasgos, porque viene de esas neuronas que tenemos en el exterior de la nariz, que se están renovando cada cuarenta días. Estas conectan con las moléculas volátiles que nos llegan cada vez que respiramos, uniéndose a los receptores que tienen esas neuronas y, a partir de ahí, la señal llega directamente a lo que llamamos el cerebro emocional o el sistema límbico, donde hay estructuras como la amígdala, que se encarga de las emociones, y el hipocampo, a cargo de la memoria. Además, el resto de los sentidos van a pasar por una estructura central en el cerebro que se llama el tálamo, que filtra información, la ordena y la guía. El sentido del olfato no pasa por ahí, lo cual va directo a las emociones, directo a la memoria. 

—Habla de la memoria. Todos tenemos olores que nos recuerdan a algo.

—Claro, tú cuando piensas en algo que has visto, visualizas esa imagen. Pero no vemos o recordamos un olor, sino que, normalmente, recuerdas un episodio asociado a ese olor. Por ejemplo, el olor a guiso te recuerda al que cocinaba tu abuela. Es un sentido muy distinto al resto, que continuamente está lleno de evocaciones, de recuerdos. Para Marcel Proust el olfato era la llave para acceder a, como explico en el libro, las capas profundas de la memoria. Es como si abriese un baúl y nos devolviese momentos.

—¿Es posible que las estaciones del año me huelan?

—Yo creo que nos huele todo, pero no lo asimilamos, salvo que lo pensemos. Pero sí. Viene el otoño, empieza la primavera y tienes el olor a tierra mojada, es ese olor que llamamos petricor. Con el verano, normalmente vienen unos olores más vivos, más frescos, más de mar, incluso aunque no vivas cerca del mar. Todo eso va haciendo que las estaciones del año huelan completamente distinto. 

—Explica en el libro que todo tiene un olor. ¿Por qué no los percibimos?

—Claro, todo huele, pero la clave es que puedas detectarlo. Para poder oler algo, tiene que haber una molécula volátil. Por ejemplo, la sal per se, no huele, pero en el momento en el que la mojas, emite un olor determinado. El mármol tampoco huele, porque no tiene moléculas volátiles. Esto por una parte. Además, todos nosotros tenemos muchísimos genes para el olfato, unos 400. Disponemos de una variabilidad genética muy alta y podemos ser ciegos, por decirlo así, para determinados olores y no los detectamos. Bien por estar muy familiarizados con él y nos pase desapercibido o bien porque no le hagas caso. Cada uno de nosotros tenemos un registro olfativo único. Nadie percibe los olores igual que el otro. Dependiendo de todas circunstancias: la genética, la cultura, el aprendizaje, el entorno, tu salud e incluso de cómo estás fisiológicamente.

—¿Se puede entrenar el olfato?

—Claro, hay que entrenarlo. Un perfumista o un enólogo tienen que entrenar el olfato, si no es muy difícil. Es decir, puedes tener muy buen olfato, pero debes conocer los olores. De pequeños nos enseñan los colores y sabemos que el azul es azul, y que el azul no es rojo. Pero con el olfato no sucede esto. Es más, no existen nombres para ellos en nuestra cultura occidental salvo el petricor. Decimos «que huele a…».

—¿Cuántos olores puede identificar el cerebro?

—En base a trabajos que ya se han hecho, se estima que podemos identificar millones de olores. Un café puede tener ochocientas o mil moléculas. Y claro, no es la misma composición en uno de Brasil o en uno de México; o un café tostado, que en uno torrefacto natural, todo va a oler distinto. Podemos detectar, según se ha visto, millones de olores distintos.

—Explica que el olfato influye en las decisiones que uno toma a diario. ¿Es cierto eso que dicen de que el olor provoca atracción?

—Sí, eso parece. De hecho, solemos decir una frase muy común: «Yo tengo química con esa persona». Mucho de eso está basado en el olor. Sin darnos cuenta, muchas veces nos atrae una persona por su olor, y a lo mejor eso lo descubrimos más tarde o nunca lo llegamos a saber. De hecho, se han realizado experimentos en los que se ha visto, por ejemplo, que una pareja normalmente te atrae más si su olor es diferente al tuyo. Se explica en cierta medida como una forma de protección, porque genéticamente la otra persona es más distinta a ti, con lo que hay menos problemas a nivel hereditario. Sin embargo, dicen que en amigos, normalmente, buscas olores más similares al tuyo.

—¿Las personas tenemos un olor propio más allá del perfume?

—Sí, se habla de una huella aromática. Hay laboratorios incluso que están intentando ver si se trazar tu huella aromática, al igual que tienes una huella digital. Esto los perros ya lo hacen. Y luego está el concepto que está ahora muy en boga, que es el volatiloma. Es decir, cuál es el conjunto de compuestos volátiles que tú tienes, que va cambiando, porque es dinámico. Dependen de tu estado fisiológico, no es lo mismo el olor que tú tienes si estás corriendo, si estás en reposo o si estás hormonalmente de una manera o de otra. Si tienes una edad u otra, o en base a tu estado de salud. Ahora se está estudiando mucho para la salud, porque dicen que el cáncer o la diabetes huelen, también el párkinson o el alzhéimer. Los perros entrenados ya diferencian distintas enfermedades.

—Le tengo que preguntar: si pudiese escoger la capacidad olfativa de un animal, ¿de cuál sería?

—Hombre, yo creo que el del perro, aunque siempre digo que no hay un olfato más potente que otro, sino que son diferentes. Por ejemplo, un perro puede detectar muchísimas cosas yendo por la calle. Es impresionante. Pero creo que sería incapaz de detectar un olor que le evoque otra cosa.

—Como ha mencionado, el olfato se está estudiando como posible indicador temprano de enfermedades neurodegenerativas.

—Hay dos cosas. Uno es el olor que tú emites y otra cosa es cómo hueles. Por un lado, se ha visto el olor de personas con enfermedades neurodegenerativas como el párkinson, el alzhéimer o la esclerosis múltiple cambiaba. Y cambiaba mucho antes de que tuviesen ningún síntoma clínico, unos diez o doce años antes. Tenían unas moléculas que eran distintas. Hay laboratorios investigando qué metabolitos, qué moléculas podemos tener distintas cuando está empezando el párkinson. Por otro lado, está el hecho de que años antes de que aparezcan estas enfermedades, el paciente puede perder olfato, puede tener hiposmia como síntoma precoz. No quiero decir que porque alguien pierda el olfato vaya a tener una enfermedad neurodegenerativa, pero es algo que se está estudiando, se está viendo qué es lo que está ocurriendo para que un gran porcentaje de personas que tienen actualmente párkinson o alzhéimer, mucho antes de que lo padeciesen, hayan tenido una bajada bastante grande de olfato.

—Tenemos máquinas capaces de ver, pensar, escuchar…¿Existirán las máquinas capaces de oler?

—Sí, de hecho, ya existen máquinas que huelen. Lógicamente, no a nuestro nivel. Pero si te fijas, por ejemplo, en las ciudades tenemos máquinas que hacen análisis electrónicos de los niveles de contaminación. Hay sensores que pueden detectar si un alimento está en mal estado, otros que están en los secaderos de jamón a modo de termómetro que detectan si el alimento tiene un olor que no debería tener. Incluso ahora mismo hay sensores para detectar marcas falsas de zapatos o bolsos. Estamos en ello, pero todavía queda un poco.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.