Diez años y cinco médicos para diagnosticar la endometriosis: «Te vas cerrando porque piensas que no te van a entender»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

La endometriosis provoca un dolor pélvico que se puede confundir con molestias digestivas.
La endometriosis provoca un dolor pélvico que se puede confundir con molestias digestivas.

Esta enfermedad afecta al 10 % de la población femenina a lo largo de la vida reproductiva, pero llegar a ponerle nombre es difícil, dada la falta de biomarcadores y el solapamiento de sus síntomas con los de otros problemas

12 abr 2026 . Actualizado a las 21:59 h.

A lo largo de su edad fértil, más de una de cada diez mujeres va a padecer endometriosis. Solo en Galicia se estima que hay 60.000 personas afectadas por esta patología que, sin embargo, continúa siendo para muchos desconocida. Invisibilizada, poco investigada y con escasas opciones de tratamiento, la enfermedad deja a muchas pacientes en el limbo del retraso diagnóstico, según explican desde la asociación QuerENDO. En España, se estima que esta demora llega a alcanzar los diez años y cada paciente visita una media de cinco médicos diferentes —desde atención primaria hasta ginecología, pasando por reumatología o medicina digestiva— hasta ponerle nombre al problema. Una situación que agrava el cuadro e intensifica los síntomas, provocando una incapacidad que muchas personas viven en silencio.

La historia de la endometriosis es la de una enfermedad atravesada por los sesgos de género en la medicina. A la hora de realizar ensayos clínicos, en la elaboración de guías clínicas o incluso en estudios con animales —en los que clásicamente se ha priorizado el análisis con machos por la dificultad que supone tener en cuenta el ciclo hormonal de las hembras—, estos sesgos han ido marcando el rumbo del estudio de diferentes afecciones. En el caso de una patología intrínsecamente ligada al sistema sexual femenino, estos sesgos se convierten en una dimensión determinante que limita el conocimiento y reduce las posibilidades de encontrar, ya no una cura, sino algo tan básico como el alivio del dolor.

El diagnóstico, una pista de obstáculos

Como su etimología indica, la endometriosis afecta al endometrio, una capa mucosa interna del útero que se hace más gruesa cada mes a lo largo del ciclo menstrual para preparar el tejido para un posible embarazo. Si no se produce la fecundación, esta capa se desprende y es expulsa durante la menstruación. Pero, en las personas con endometriosis, este tejido crece fuera del útero, localizándose en la pelvis o incluso en zonas como el intestino, los riñones o la vejiga. «Los implantes de ese tejido a veces pueden ser microscópicos, lo que dificulta su detección. Pero, aun siendo microscópicos, generan dolor e inflamación», detalla el doctor Jesús Manuel Barreiro, ginecólogo del Hospital de Barbanza.

«De igual manera que en el cáncer, nos encontramos con cuatro grados, que van del leve, moderado, grave y severo, siendo el grado 4 (severo) la forma más agresiva de la enfermedad, pudiendo mermar de manera definitiva la calidad de vida de la paciente, incapacitarla para el desarrollo de una vida normal, o incluso causarle la muerte por problemas derivados de una infección peritoneal, sepsis o pérdida de un órgano vital. Al menos el 15 % de las enfermas de endometriosis sufren este grado», explican desde la Asociación de Afectadas de Endometriosis Crónica (Adaec).

A la dificultad para localizar los implantes de endometriosis se suman las características difusas del cuadro. «El principal es el dolor, un dolor en la pelvis que normalmente se asocia al período menstrual, pero no es un dolor habitual de la regla que se quite con un antiinflamatorio», describe Barreiro. Sin embargo, ¿dónde está la línea entre un dolor habitual que puede acompañar a la menstruación y uno patológico? Delimitarlo no es tarea sencilla y se complica aun más si se tiene en cuenta que otros síntomas de alarma frecuentes pueden solaparse con los de otras enfermedades, «por ejemplo, la presencia de sangre en las heces o en la orina», apunta el experto, típicos de patologías como la cistitis o las hemorroides.

Parte del problema, señala el especialista, radica en que no se han establecido las causas de la enfermedad. «Hay muchas teorías al respecto. Una de las más extendidas es la de la menstruación retrógrada, que supone que la regla, en lugar de salir del cuerpo, en algunas pacientes retrocede a través de las trompas y cae en la cavidad abdominal. Pero no está probada. En general, se habla de factores hormonales, genéticos o de interferencia del ambiente», detalla. Mientras la incógnita no se resuelve y no hay biomarcadores, tampoco es posible acelerar el diagnóstico ni ofrecer respuestas para las pacientes.

El duelo de la salud

En las patologías que cursan con dolor crónico, se suele usar la metáfora del vaso para hablar del impacto que este puede llegar a tener: un vaso lleno de agua no pesa demasiado si solo lo sostenemos durante un momento para llevárnoslo a la boca. Pero ¿y si tuviésemos que cargar con él durante varios minutos? ¿Y si fuesen horas, días, meses, años? La dimensión del tiempo que la persona pasa conviviendo con el síntoma cobra especial relevancia en el contexto de un retraso diagnóstico cercano a una década. Inevitablemente, la calidad de vida se ve afectada.

«El dolor crónico crea mucho estrés, porque es difícil convivir con él de manera constante y porque, además del malestar, a nivel laboral genera dificultades e interfiere con la vida social y sexual. Y el retraso en el diagnóstico crea mucha frustración», describe la psicóloga Ana Arranz, que trata a pacientes con este tipo de problemática.

En muchas ocasiones, el dolor lleva a las personas a abandonar actividades que disfrutan y que les hacen bien. Es el caldo de cultivo para sufrir problemas de salud mental. De ahí que el abordaje de la endometriosis deba incluir a la psicoterapia. «La minimización del malestar por parte de los profesionales sanitarios también puede provocar tristeza. No te sientes entendida ni acompañada. Puede que te vayas alejando cada vez más de tu entorno y que te vayas cerrando porque piensas que, total, no te van a entender. Así que no comentas nada y te vas comiendo el malestar», explica Arranz.

En terapia, el trabajo pasa por validar las sensaciones que acompañan un diagnóstico crónico. A pesar del alivio de entender lo que ocurre, el diagnóstico es, en muchos sentidos, un duelo. La pérdida de la salud debe procesarse en esos términos, con las emociones que esto implica. Entre ellas, la rabia. «El sistema tiene un sesgo de género hacia las dolencias que tienen las mujeres. Es más fácil que se minimicen o que se emparche su dolor con psicofármacos. Reconocer estos maltratos por parte del sistema aumenta la frustración ante el calvario que han sufrido hasta que se les ha hecho caso», explica la psicóloga.

Con la endometriosis, el cuerpo pone límites que cada paciente deberá aceptar. «Se trata de aprender a manejar esas limitaciones y la dificultad para conectar con lo que realmente es bueno para ti, que muchas veces va en dirección contraria a lo que te gustaría hacer. Antes de hacer algo, tienes que consultarlo con tu cuerpo para ver hasta dónde realmente puede y esto es transversal a cualquier enfermedad crónica», señala Arranz. En este sentido, la posible pérdida de la fertilidad que tienen muchas pacientes es una preocupación que añade otra capa al duelo por la salud.

Abordaje multidisciplinar

Dentro del tratamiento de la endometriosis, además de opciones terapéuticas desde la ginecología —con fármacos a base de gestágenos que buscan controlar la actividad hormonal del ciclo de la paciente— o la posibilidad de realizar cirugías para extraer el tejido implantado y reparar los órganos, se integran otras disciplinas para mejorar la calidad de vida. Al apoyo emocional de la psicoterapia se suma el papel cada vez más protagónico de la nutrición, dada la evidencia creciente de que los alimentos pueden contribuir a reducir la inflamación.

«A alimentación pode actuar en certos mecanismos compartidos, como a reducción da inflamación ou o estrés oxidativo, que son factores que perpetúan as lesións endometriósicas. Tamén modula o metabolismo dos estróxenos através do fígado, que é o órgano encargado de excretar os estróxenos», explica la dietista-nutricionista Candela Martínez, especializada en Nutrición Ginecológica. La experta, que investiga esta temática en la Universidade da Coruña (UDC), subraya el rol del estroboloma en el abordaje nutricional de la endometriosis. Este es «unha porción da microbiota intestinal que ten a capacidade de reactivar os estróxenos e facer que se reabsorban, e deste xeito aumentan os niveis de estróxeno circulantes no sangue».

Una alimentación adecuada también contribuye a reducir la afectación de la enfermedad a nivel digestivo. «O 90 % das pacientes refiren síntomas gastrointestinais e máis da metade cumple criterios para ser diagnosticadas de síndrome intestinal irritable», observa Martínez. En este sentido, se prioriza una dieta antiinflamatoria, con «patrones ricos en frutas e verduras, que teñan ácidos grasos de calidad, como o omega 3, que está principalmente en pescados azules ou frutos secos. Tamén buscamos mellorar o metabolismo estroxénico, con alimentos como as crucíferas, que sabemos que axudan a mellorar a excreción do estróxeno en formas inactivas», detalla.

La fibra, que contribuye a reducir la inflamación, tiene un rol protagónico, mientras que se intenta evitar el consumo de ultraprocesados, azúcares o grasas trans. Con todo, Martínez advierte que «tampouco podemos demonizar o consumo puntual dentro dun hábito. Porque, ademais, as pacientes con endometriose teñen un perfil que pode ter máis predisposición aos trastornos alimentarios». Se trata, más bien, de construir hábitos que permitan una adherencia sin suponer sacrificios. Tampoco es aconsejable dejar de consumir grupos de alimentos sin indicación médica, algo que suele hacerse, por ejemplo, con el gluten: «En realidad, non deberían de quitar o glute nin a lactosa».

En lo que sí se incide de manera más estricta desde el ámbito sanitario es en el consumo de alcohol. Eliminarlo es útil porque «o álcool vai ser unha das cosas que poda saturar a via hepática, e os estróxenos tamén se van a metabolizar no fígado». También se recomienda priorizar una vida activa, pero con una actividad pautada por un profesional, «ao estar falando de pacientes que tenden a ter problemas de suelo pélvico», apunta Martínez.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.