José María Serratosa, neurólogo: «La epilepsia es como un incendio, si se deja propagar, es difícil de controlar»
ENFERMEDADES
El especialista, vicepresidente de la Sociedad Española de Epilepsia, explica por qué se produce una crisis y los desencadenantes identificados, como no tomar la medicación uno o dos días
08 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La epilepsia afecta, en España, a medio millón de personas aproximadamente. Cada año se diagnostican, además, entre 15.000 y 20.000 nuevos casos, y los especialistas reconocen tener esperanzas en lo que puede llegar. El vicepresidente de la Sociedad Española de Epilepsia, José María Serratosa, neurólogo, profundiza en los desencadenantes de la patología, debut y síntomas.
—¿De qué avances están hablando en la actualidad?
—Como sucede en otros campos, el uso de la inteligencia artificial para manejar a los pacientes, para leer pruebas diagnósticas, como el encefalograma o la resonancia. También la cirugía de la epilepsia y las epilepsias genéticas que aparecen generalmente en la infancia. En estos últimos conviene un diagnóstico precoz para empezar el tratamiento cuanto antes. Eso mejora el pronóstico, porque la epilepsia puede ser como un incendio. Si se controla pronto, se maneja bien, pero si se deja propagar, luego es complicado. Cuanto antes se trate, mejor.
—¿A qué edad suele debutar la epilepsia?
—Puede hacerlo a cualquier edad, pero es más frecuente en la infancia y en personas mayores. Debuta con la aparición de una crisis epiléptica. Muchas veces es una crisis convulsiva, con caída al suelo y convulsiones, pero otras veces con una no convulsiva, que puede ser quedarse ausente sin contestar, haciendo algún movimiento extraño. También puede haber crisis durante las cuales no se pierde consciencia, sino que solo se perciben, por ejemplo, visiones o sensaciones que no se corresponden con el momento.
—¿Cómo son esas visiones?
—Habitualmente son visiones de luces de colores o blancas. Eso es lo que suele suele ser más frecuente.
—Con esas visiones o convulsiones, ¿el paciente no llega asustado?
—Normalmente cuando hay un inicio de una epilepsia, se suele acudir a urgencias. Muchas veces son crisis más aparatosas, como las convulsivas o las de quedarse sin contestar, haciendo cosas malas. Suelen debutar y acudir a un servicio de urgencias. Cuando ya son síntomas más sutiles, es cuando pueden ir a la consulta del neurólogo. Muchas veces, como no se han dado cuenta, no perciben lo que ha pasado, tampoco están muy asustados. Suele estarlo más su entorno.
—¿Una crisis es suficiente para ser diagnosticado de epilepsia?
—En la definición de esta enfermedad, normalmente se incluye tener crisis epilépticas recurrentes. Pero también puede haber una primera crisis y tener algo que te dice que va a haber más, por lo que no hace falta esperar a una segunda, por ejemplo, un tumor, una lesión cerebral o vascular como un infarto; o también una alteración de nacimiento como una displasia. Todo eso te indica que va a haber probablemente otra crisis, porque hay una causa ahí que la produce.
—¿Qué mecanismos provoca la crisis?
—En la epilepsia hay un aumento de la excitabilidad de las neuronas, de forma que estas se descargan a la vez, por así decirlo. Esto produce la crisis epiléptica. Es como una tormenta eléctrica en el cerebro donde se ponen de acuerdo muchas neuronas para descargar electricidad a la vez.
—¿Con el medicamento se pueden evitar?
—Una vez que aparece una epilepsia, con los fármacos que hay se controlan más o menos el 70 % de los pacientes. Dentro de ese porcentaje, algunos necesitan tomar tratamiento toda la vida y hay otros que pueden dejarlo porque la epilepsia remite, desaparece.
—¿Qué sucede con el 30 % restante?
—El 30 % restante son los que llamamos resistentes a los fármacos y necesitan otros tratamientos, muchas veces, más agresivos, como la cirugía de epilepsia, estimuladores que se ponen en diferentes partes del cerebro o estimulación de algún nervio que va al cerebro. Son pacientes más complicados que en general no se controlan y siguen teniendo crisis a pesar de los tratamientos.
—¿Hasta qué punto está involucrada la genética?
—Está bastante implicada en las epilepsias que aparecen en la infancia. Sobre todo en los dos primeros años de vida. Pero, al final, la genética influye en todo. Hay familias con más susceptibilidad a tener crisis, familias más protegidas, pero la genética impacta, de forma directa, en aproximadamente un 5 % de los pacientes. En el 95 % que queda puede haber un tumor, un infarto, una cicatriz o un traumatismo, además de los casos en los que se puede hablar de genética, pero no de manera directa. Que a lo mejor haya un abuelo o un tío, pero no hay una explicación genética directa.
—Ha dicho en alguna ocasión que el paciente debe adaptarse psicológicamente. ¿Por qué?
—La adaptación mental a las crisis también facilita que haya menos episodios. Si hay mucha ansiedad, mucho estrés, puede provocar que haya más crisis. A veces, tenemos que tratar la ansiedad o la depresión para mejorar la epilepsia. Es decir, que aparte de las crisis en sí, hay que manejar estas emociones o trastornos.
—¿Qué otros desencadenantes se han identificado?
—Sobre todo son las faltas en las tomas de la medicación. Que el paciente no se tome la medicación un día; o que se la tome un día, pero los dos siguientes no, lo cual es muy frecuente. Y también la falta de horas de sueño. Esos son los precipitantes más frecuentes.