¿Estamos tratando mal el dolor lumbar?: «Las pruebas de imagen rara vez mejoran el tratamiento y pueden llevar a la catastrofización»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Dos de cada tres individuos sufrirá dolor de espalda en algún momento de su vida.
Dos de cada tres individuos sufrirá dolor de espalda en algún momento de su vida. iStock

Dos de cada tres personas padecerán dolor en la parte baja de la espalda en algún momento de su vida, pero el abordaje tradicional basado en el reposo no es el más adecuado para tratarlo

27 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El dolor lumbar es una de las afecciones más prevalentes a nivel mundial. Según un informe de la Sociedad Española de Reumatología del 2025, se trata de la primera causa de incapacidad laboral en España, donde los costes directos e indirectos de esta patología se sitúan en torno a 9.000 millones de euros —lo que supera las cifras destinadas a la diabetes y al cáncer de manera conjunta—. Y, como detalla Fernando Ramos, presidente de la Asociación Española de Fisioterapia y secretario general del Colegio Oficial de Fisioterapeutas de Galicia, supone cerca de un 60 % de todos los casos de dolor crónico, ascendiendo al 65 % en el ámbito gallego. «Estamos hablando de un problema sanitario y social de primer orden y debemos cuestionarnos si la forma en la que lo manejamos es la más efectiva», señala Ramos. Para el experto, la respuesta mayoritaria desde el sistema sanitario es «muy reactiva, cuando realmente tendríamos que hacer modificaciones desde un punto de vista del estilo de vida y de los factores que llevan a padecer este problema».

Desentrañando de dolor lumbar

Cuando un paciente llega a la consulta del médico con un dolor lumbar, la mayor parte de las veces se trata de un problema mecánico. «Dolores musculares, osteomusculares o por sobreesfuerzos. Estos son el 85 % de los casos», observa la doctora Juana Sánchez Jiménez, responsable del Grupo de trabajo de Dolor de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). Este es especialmente frecuente entre los 40 y los 55 años y también es más común en mujeres, «con una proporción de 1,5 casos femeninos por cada varón», apunta la experta.

«La gran mayoría de los episodios de dolor lumbar no se deben a una enfermedad grave. Aunque culturalmente asociamos el dolor de espalda a una hernia o un desgaste, lo cierto es que en la mayoría de los casos no hay una lesión seria detrás. Solo un pequeño porcentaje de personas presenta causas como fracturas, infecciones, tumores o enfermedades inflamatorias que requieren un abordaje específico y urgente», señala Aser Donado, miembro del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid.

Existe una combinación de factores que hacen que tengamos un mayor riesgo de sufrir dolor lumbar. Entre ellos, «sin lugar a dudas, el sedentarismo es el más consolidado», observa Ramos, aunque también cita otros elementos que pueden contribuir a ello, como el estrés emocional, las alteraciones del sueño o las sobrecargas laborales desde el punto de vista postural. Sobre todo, es frecuente en aquellas personas que trabajan manteniendo una misma postura durante largos períodos, más allá de cuál sea esta postura. «Sabemos que a día de hoy las personas que trabajan en puestos pasivos de oficina y demás tienen los mismos niveles de dolor lumbar que quienes trabajan con el manejo de cargas», aclara Ramos.

Como cualquier persona puede sufrir dolor lumbar, el reto está en diferenciar qué causa está detrás del síntoma. «Generalmente, con una exploración y la historia clínica del paciente es suficiente. Es importante conocer los hábitos que tiene la persona, en qué trabaja, si tiene sobrepeso o no, para poder determinar la raíz del problema», detalla Sánchez. Pero también pueden ser claves elementos que forman parte de la historia de vida del individuo: si se hace cargo del cuidado de familiares mayores, la actividad física que hace o incluso cómo se alimenta o si es fumador.

Del dolor agudo al paciente crónico

El dolor es una experiencia compleja en la que influyen «factores físicos, pero también emocionales y contextuales», explica Donado. Una vez que aparece el síntoma, algunos pacientes pueden adquirir un temor excesivo al movimiento que les lleva a evitarlo. Un bucle que tiene como desenlace un empeoramiento del cuadro o su cronificación.

Cuando una persona pasa tres meses consecutivos con dolor, o bien, con una recurrencia intermitente de este síntoma de al menos cuatro veces a la semana, se considera que es crónico. «El dolor lumbar agudo es aquel que se presenta de forma episódica. Dos de cada tres personas lo padecerán en algún momento de la vida, pero con el paso de los días, va mejorando. En cambio, en el dolor lumbar crónico hay una persistencia y, en muchos casos, ya no hay una única causa como responsable, sino que confluyen diferentes factores biopsicosociales», detalla Ramos.

A medida que el dolor se cronifica, se produce una sensibilización del sistema nervioso periférico y central, un trastorno maladaptativo del procesamiento del dolor que hace que sea cada vez más difícil moverse sin sentirlo. Este es el escenario que los expertos intentan evitar, ya que llegado este punto, el tratamiento se complejiza. «Cualquiera puede tener un episodio de lumbalgia, lo que tenemos que hacer es corregir esos factores que han llevado a sufrirla ante ese primer episodio para que no vuelva a aparecer», sostiene Sánchez.

Con todo, los cambios necesarios no siempre son posibles en el contexto en el que vive el paciente. «Una persona que levanta peso en su trabajo y que presenta una lumbalgia aguda, evidentemente, necesitará reposo de su actividad durante la fase más aguda del dolor, que pueden ser unos tres días. Pero después de eso, hay que intentar que se reincorpore a una actividad física moderada que, posteriormente, le permita retomar su actividad laboral normal. Eso no quiere decir estar dos días de baja y volver a coger peso», explica la experta.

Sin embargo, no todas las actividades permiten este regreso gradual. Si un individuo es cuidador de un familiar mayor, no dejará de serlo al cabo de dos días de reposo. Del mismo modo, señala Sánchez, una persona que padece lumbalgia asociada al sobrepeso no cambiará su composición corporal en un lapso tan breve. Este problema está en el núcleo de la cronificación en muchos casos, por lo que los expertos insisten en que es crucial fortalecer los músculos para evitarlo.

Medicalización excesiva

Mantener una musculatura adecuada es fundamental en el abordaje del dolor lumbar. Unos músculos correctamente estimulados evitan posturas de compensación que tienden a causar dolor. «Si no tengo un buen tono muscular, lo estoy sobrecargando», resume Sánchez.

Sin embargo, y dado que ejercitar y reforzar el músculo requiere tiempo, es frecuente recurrir a soluciones rápidas que no hacen más que prolongar el problema. Donado observa que existe una tendencia a medicalizar en exceso el dolor lumbar. «En muchos casos, se solicitan pruebas de imagen demasiado pronto, se recurre al reposo o se prioriza el tratamiento farmacológico sin haber intentado antes intervenciones más activas. El problema aquí es que las resonancias y radiografías muestran hallazgos frecuentes en personas sin dolor, como protrusiones o signos de desgaste que pueden interpretarse como alarmantes cuando en realidad podrían formar parte del envejecimiento normal, de modo que conducen a tratamientos más agresivos que podrían no ser necesarios».

Las resonancias, radiografías o TAC «rara vez mejoran el tratamiento. Pueden aumentar la catastrofización y provocar una preocupación innecesaria por un proceso completamente normal. Por eso, a día de hoy se está trabajando en guías de práctica clínica para no recomendar pruebas de imagen salvo cuando se identifique un riesgo estructural claro en el que la prueba aporte valor», señala en este sentido Ramos. Para el fisioterapeuta, estas pruebas tienen un efecto «nocébico», que llega a interferir en la recuperación.

Depender de la medicación analgésica para poder moverse es señal de un abordaje inadecuado del tratamiento. «Sabemos que la farmacodependencia no acelera la recuperación y solo deben usarse medicamentos de forma complementaria a un abordaje activo. Se está recayendo excesivamente, en algunos casos, en el uso de analgésicos fuertes como los opioides», observa Ramos. El papel de los fármacos, destaca Sánchez, «es limitado porque, como su nombre indica, lo que producen es analgesia, no tratan una causa general».

Otra dimensión del problema es la noción, errónea pero común, de que el reposo total ayuda a mejorar más rápido. «Existe todavía la creencia de que si duele es porque algo está dañado y esto es algo que muchas veces la población utiliza como mensaje de referencia para moverse menos o hacer reposo prolongado o minimizar la actividad física. Pero está demostrado que el reposo mantenido retrasa la recuperación y aumenta la discapacidad», subraya Ramos.

Tratamientos para evitar nuevos episodios

Los expertos coinciden en que las intervenciones basadas en ejercicios son las más adecuadas para fortalecer los músculos y evitar que el dolor se vuelva a producir. «No existe un único programa ideal. Lo más importante no es el tipo concreto de ejercicio, sino que sea progresivo, adaptado a la persona y a su caso individual, además de ser sostenible en el tiempo. El mensaje fundamental es que el movimiento, bien dosificado, forma parte del tratamiento. Por eso, la fisioterapia tiene un papel clave», explica Donado.

El tratamiento suele incluir una parte de educación que ayude al paciente a comprender qué está ocurriendo y reducir el miedo al movimiento. Esto se combina con ejercicios terapéuticos adaptados a cada caso. «La evidencia respalda distintos tipos de ejercicio, por lo que el fisioterapeuta adecúa el mismo a cada caso individual. Las técnicas manuales pueden utilizarse en algunos casos, pero como complemento a un programa activo, no como única intervención», detalla Donado.

Dado que el dolor es subjetivo, conocer el sistema de nervios que pueden llegar a producirlo ayuda a entender de dónde viene la molestia y reduce la preocupación de que pueda haber algún tejido dañado, lo que a su vez disminuye la percepción del síntoma. «Hay que explicar los mecanismos implicados en la percepción del dolor, para que sepamos que la región lumbar posee una gran red de estructuras nerviosas que dan sensibilidad a la zona y que en ocasiones esa sensibilización es la responsable del dolor sin que exista lesión estructural grave», detalla Ramos.

Con estas intervenciones, se busca que la persona recupere confianza en su capacidad funcional. «El mejor ejercicio es el que la persona pueda mantener por más tiempo», señala Ramos en este sentido. A través de programas de ejercicio terapéutico, es posible incidir sobre todos los componentes de fuerza y resistencia del tren inferior: glúteo, pierna, espalda y core, mediante una progresión y exposición gradual adaptada a la tolerancia. «Es importante valorar clínicamente la respuesta a la carga para ir adaptándola en función del comportamiento del dolor», subraya.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.