Mario Redondo, especialista en ejercicio físico y cáncer: «Caminar está bien para no estar mal, pero no es suficiente»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Mario Redondo, especialista en ejercicio para pacientes oncológicos.
Mario Redondo, especialista en ejercicio para pacientes oncológicos.

El fisioterapeuta y educador físico deportivo pone en valor el movimiento como terapia coadyuvante en el proceso oncológico

18 dic 2025 . Actualizado a las 13:50 h.

La primera vez que Mario Redondo (Valencia, 1989), fisioterapeuta y educador físico deportivo, trató a una paciente de cáncer de mama metastásico en el 2014, se percató de la importancia que supone el ejercicio en los pacientes oncológicos y supervivientes. Se encontró con lo que él describe como «grata sorpresa» de ver cómo el movimiento es una terapia coadyuvante «muy potente para mejorar la calidad de vida de las personas que están cursando un proceso oncológico». 

—¿Qué papel está adquiriendo el ejercicio en el abordaje del cáncer?

—Hay tres puntos que son claves. Uno que tiene que ver con que mejora la calidad de vida del sujeto. Otro que tiene que ver con que reduce los efectos secundarios que produce la medicación, como por ejemplo el dolor articular o la pérdida de masa ósea. Y, por último, la evidencia de que la gente que hace ejercicio tolera mejor la medicación y responde mejor al tratamiento. Esos son los puntos claves por los cuales el ejercicio tiene que ser parte integral de un proceso en sí, al igual que la nutrición, al igual que el descanso, y desde luego la quimio o el tratamiento de elección. 

—¿De qué forma resulta beneficioso a la hora de mitigar los efectos adversos?

—Ayuda a preservar el hueso, porque la mujer en el cáncer de mama sufre un deterioro muy importante de la masa ósea, porque las terapias que suprimen las hormonas al final repercuten a nivel negativo en el hueso. Es como una menopausia inducida. También afecta a nivel cognitivo; a nivel de su calidad del sueño, a nivel del dolor articular, a nivel de pérdida de masa muscular; incluso, el tratamiento aumenta el riesgo cardiovascular, por lo tanto, también hay que preservar la salud cardiovascular. El ejercicio, de alguna manera, va a ayudar a intentar paliar o frenar la cantidad de efectos adversos que pueden aparecer no solamente durante el tratamiento sino años después de que este haya sido superado. 

—¿Queda por avanzar? 

—Sí, queda bastante. Y no es tanto un problema de que no haya evidencia científica que destaque la importancia del ejercicio, sino que simplemente no se le ha dado la importancia en los servicios médicos, ni hay una divulgación y comunicación, ni se comparte la importancia que tiene el proceso. Al final, el problema es que el que lleva la batuta del proceso es el oncólogo médico y este, si no le da la importancia suficiente, el paciente ni lo conoce, ni sabe que es parte del proceso, ni le da la importancia que se merece. 

—¿En qué momento tiene que acudir un paciente oncológico a la consulta de un especialista del ejercicio? 

—Cuanto antes, mejor. Desde luego, una vez está instaurado el diagnóstico, porque antes podemos empezar a trabajar para que la persona sufra lo menos posible, pero lo más importante es durante el proceso en sí.  Es decir, cuando la persona está con quimioterapia, con radioterapia, cuando está previo o poscirugía, esos son los momentos más importantes. Es donde hay que darle más seguridad, hay que supervisar mucho más. Cuando el paciente ya ha superado todo el proceso, está libre de enfermedad y vuelve un poco a la vida común, claro que tiene necesidades porque sigue teniendo secuelas del tratamiento, pero no es tan determinante o no necesita una supervisión de manera tan relevante. 

—¿Cómo tiene que ser el entrenamiento para un paciente con cáncer? 

—El entrenamiento se enfoca de dos maneras. Tiene una primera parte, fundamental, que se centra en el trabajo de la capacidad muscular. Son personas que pierden mucha masa muscular y se deterioran de manera bastante rápida por los tratamientos que reciben. Después, hay una segunda parte que está enfocada en intentar mantener y mejorar la condición cardiorrespiratoria o cardiovascular así como también, el metabolismo, que es la capacidad que tiene tu cuerpo de mantener las reacciones químicas para producir energía. El ejercicio es una herramienta muy potente para preservar la función y la masa muscular así como para preservar la función cardiovascular y metabólica. 

—Existe la idea de que estos pacientes pueden estar en un estado físico más frágil y deben hacerlo con más cuidado. 

—Sí, pero no es realmente así. Hay que entrenar a la intensidad que permita a la persona recuperarse y que pueda generar. No es tan determinante el tratamiento sino la condición física general. Es decir, si eras un triatleta que antes entrenabas siete horas en semana, tienes una buena condición física y, de alguna manera, el tratamiento oncológico no te está sentando tan mal, puedes seguir entrenando a casi el mismo ritmo. No habrá tantos problemas. Por el contrario, si eres una persona sedentaria y  nunca has hecho ejercicio, por mucho que quieras correr, hay que ir más despacio. 

—¿Los pacientes tienen miedo a forzar demasiado?

—Sí suele haber miedo y es una de las barreras que hay, como es normal. Aunque en mi contexto personal, como trabajo con gente que ya viene muy informada, ese miedo no es tan evidente como en gente que nunca ha hecho nada. 

—¿Caminar es suficiente?

—Caminar no es suficiente. Caminar está bien para no estar tan mal, pero no es suficiente para estar bien. Es algo que me gusta decir mucho. Al final, ayuda a mantener una actividad diaria normal, pero cuando hay un proceso oncológico, cuando hay envejecimiento, cuando hay un deterioro, caminar no es suficiente para detenerlo. Hacen falta más cosas. 

—¿Cuánto más ejercicio se haga, mejor? 

—No tiene por qué, es una campana de Gauss. Hay una dosis mínima que es necesaria para mejorar, hay una dosis óptima que es para mejorar lo máximo que se pueda, y hay una dosis que es insuficiente y otra dosis que es excesiva. Realmente, más no es mejor y como bien te digo, en un proceso oncológico donde el paciente presenta fatiga, puede tener anemia y puede tener otras alteraciones que le impiden moverse a más intensidad o durante más tiempo, más no es mejor. De hecho, hay que ir de manera progresiva. 

—En sus redes sociales habla de la importancia que tiene realizar una correcta valoración funcional del paciente. ¿En qué se fija?

—Divido la valoración funcional en dos bloques. Por un lado, la condición, es decir, la fuerza de los diferentes grupos musculares y diferentes acciones musculares, y luego, me fijo también en la condición cardiovascular y metabólica. Para ello, hacemos cosas tan sencillas como un salto, para ver qué fuerza tiene la persona en las piernas para aplicar y para poder desplazarse, hasta la fuerza de prensión manual, que es cuánta fuerza tiene para agarrar y es un predictor de salud, de longevidad y supervivencia. Y también test en bicicleta o en cinta, que sirve para evaluar la capacidad cardiovascular y el fitness metabólico, que aborda cómo está tu metabolismo por dentro y cómo funciona el cuerpo.

—¿En qué se suele ver más afectada la capacidad funcional de un paciente?

—Dentro de los diferentes aspectos que se ven muy limitados, lo que más les perjudica es la capacidad que tienen para mantener la energía y para producirla durante un esfuerzo continuado. Es gente que, sobre todo la más joven, puede hacer su vida normal, pero tienen una fatiga y un dolor importante que, a veces, les impide hacer una actividad un poco más intensa o hacer una actividad que se sustente en el tiempo. Por ejemplo, pueden ir a andar media hora, pero no pueden estar tres horas andando porque se agotan. Es decir, lo que más se ve afectada es la capacidad que tiene tu cuerpo de producir energía. 

—Ha destacado en más de una ocasión la relevancia de la capacidad mitocondrial. ¿Por qué le interesa?

—Para que se entienda. Las mitocondrias son unos orgánulos que tienen la gran mayoría de nuestras células, y una de las misiones de la que se encargan es la de producir energía. Cuando hay un proceso oncológico, estas estructuras dejan de funcionar o lo hacen mal. Además, el tratamiento oncológico también las empeora. Así que, si un paciente tiene esas fábricas de energía que no son capaces de funcionar de forma correcta, va a tener muchas alteraciones, como es la fatiga o la incapacidad para mantener un esfuerzo. También va a empeorar el sistema inmune, tendrá más estrés oxidativo y todo esto condicionará que el resto de células funcionen peor. Al final la mitocondria va a condicionar mucho la enfermedad. Es más, hay muchísima ciencia en camino para entender cómo podemos mejorarla para optimizar la salud de las personas. 

¿Es clave en pacientes oncológicos?

 —Sí, lo es. De hecho, la mayoría de evidencia que está saliendo últimamente va muy encaminada a esto. El ejercicio tiene la capacidad de ayudar a que la mitocondria genere más energía y funcione mejor. De alguna manera, ayuda a repararla.

—¿Cómo se recupera?

—Generalmente, lo que se debería hacer, que sé que es complejo, es hacer una prueba incremental en una cinta o en una bici, con análisis de gases, lo que nos va a permitir analizar dónde está la zona en la que la mitocondria funciona mejor. Y una vez que la encontremos, el objetivo es intentar que la persona entrene, es decir, camine, pedalee, corra o nade a la intensidad que hemos determinado que la mitocondria hace mejor su función.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.