Zaida Herrador, especialista en medicina preventiva: «Detrás del aumento de la sarna podría estar el cambio de patrón de viviendas, cada vez más compartidas»
ENFERMEDADES
La experta ha estudiado el aumento de casos de esta enfermedad, que entre el 2011 y el 2023 se multiplicaron por casi cincuenta en España
03 dic 2025 . Actualizado a las 16:45 h.Los diagnósticos de sarna llevan creciendo initerrumpidamente durante años. Si bien nunca había desaparecido, los contagios se habían reducido en gran medida. Sin embargo, entre el 2011 y el 2023, los casos se han multiplicado por casi cincuenta a nivel nacional, según una investigación del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III. Zaida Herrador, una de las autoras principales del estudio y médica especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, analiza las conclusiones.
—¿Cómo se ha llegado a un aumento en el que casos casi se multiplican por cincuenta en algo más de diez años?
—Este incremento es algo a lo que ya apuntábamos antes del covid-19, tanto en España como en otros países con un contexto epidemiológico similar. Pero lo que observamos es que este incremento se ha vuelto exponencial tras la pandemia.
—¿Qué factores creen que pueden explicarlo?
—Por ahora solo hemos realizado estudios descriptivos y basados en distintas fuentes, por lo que no hemos testado hipótesis concretas. En la red europea que lideramos desde el ISCIII hemos discutido factores potenciales como el aumento de resistencias a los fármacos, la dificultad de adherencia a los mismos, el cambio de patrón de viviendas, cada vez más compartidas, y en ocasiones hacinadas, nuevos modelos de pobreza o factores ambientales, entre otros. Aunque tampoco podemos descartar que cada vez se diagnostique más a raíz de los estudios previos que hemos realizado y que han ayudado a dar visibilidad a esta enfermedad desatendida. No podemos olvidar que la Organización Mundial de la Salud la lista entre las enfermedades desatendidas por los recursos tan limitados que se destinan a su investigación o control a nivel mundial.
—¿Se puede hablar de resistencia a los medicamentos empleados?
—Aún hay mucho debate al respecto, aunque sí que algunos organismos internacionales apuntan a que es uno de los problemas que subyace a este incremento. Habría que hacer estudios específicos que nos permitan cuantificarlo y demostrarlo, que esperamos llevar a cabo en un futuro.
—¿Es difícil diagnosticarla?
—El diagnóstico se hace fundamentalmente a nivel de atención primaria. Hemos tenido la suerte de colaborar en este estudio con compañeros y compañeras de la Sociedad Española de Atención Primaria, y no parece que haya dificultades significativas en el diagnóstico, más bien hay cada vez una mejor sensibilización al respecto. De todas maneras, la mejora de las técnicas diagnósticas es otro de los temas que tenemos planteados para un futuro, en colaboración con otros actores fundamentales como la propia sociedad de atención primaria, la Real Academia de Dermatología, o la facultad de veterinaria, entre otros.
—¿Tardan en manifestarse los síntomas desde que el parásito se excava en la piel?
—Sí, la sarna puede tardar un tiempo variable en dar síntomas, especialmente si es la primera vez que una persona se expone a ella. Estamos hablando incluso de entre dos y seis semanas. El período de incubación depende de si el paciente ha estado previamente expuesto.
—¿Puede alguien contagiarse por probarse ropa, por ejemplo, en una tienda?
—El ácaro de la sarna se transfiere fundamentalmente por el contacto directo piel con piel. El contagio indirecto a través de ropa interior o ropa de cama también ocurre, pero es más difícil si es casual y rápido.
—¿Diría que es una enfermedad muy contagiosa?
—Si la exposición es suficientemente prolongada, la sarna puede ser muy contagiosa y hay que tratarla cuanto antes.
—¿Ha llegado a estar erradicada en algún momento?
—Esto es difícil de contestar porque no es una enfermedad que se vigile en muchos países. Durante mucho tiempo se pensó que en contextos como el nuestro solo afectaba a personas que vivían en condiciones de vulnerabilidad, pobreza y hacinadas. Pero ahora observamos que su expansión es global y afecta a cualquier persona. Así que no. No pensamos que se haya erradicado nunca.
—¿Quiénes han visto que tienen un mayor riesgo de contagio?
—Los grupos de mayor riesgo difieren según las fuentes analizadas. Si observamos las consultas de primaria, vemos que se trata de personas muy jóvenes, mientras que a nivel hospitalario, donde se ven las formas más graves, son las personas de mayor edad las más afectadas. Como enfermedad profesional afecta fundamentalmente a personas que trabajan en el ámbito sociosanitario, y respecto a brotes, es cada vez más común en residencias o campamentos escolares.
—¿Por qué deciden hacer esta investigación?, ¿hay algo que les hacía sospechar?
—Hace unos años leímos que a nivel mundial la sarna iba en aumento. Esto me llevó a realizar un estudio previo con datos hasta el 2019 en el que ya observábamos un aumento constante y significativo de casos desde 1997. Conscientes del impacto que la pandemia ha tenido a distintos niveles (sistemas sanitarios, vigilancia, empobrecimiento), quisimos saber cuál era la situación actual, y es lo que nos ha permitido determinar este incremento exponencial, no solo en nuestro país, si no también en otros como Bélgica, Alemania u Holanda. Esto es gracias a que hemos creado una red europea para seguir trabajando juntos.
—¿Cuesta mucho eliminar el ácaro de un entorno una vez ha habido un contagio?
—El parásito no vive más de 24 o 48 horas fuera del cuerpo humano y es muy sensible a la desecación y las temperaturas extremas, como por ejemplo, lavar la ropa de cama a sesenta grados, aspirar con frecuencia o la limpieza repetida del hogar. El problema es que las medidas son variadas y hay que implementarlas bien para asegurarse de que no quedan ácaros viables. La ropa interior, prendas de vestir y ropa de cama, que hayan estado en contacto con el paciente en las 48 horas previas al tratamiento, debe ser tratada. Esta recomendación debe seguirse también con la ropa usada el día siguiente del tratamiento. Otras medidas que se recomiendan son el lavado en seco o a máquina en ciclos calientes, o introducir la ropa en bolsas de plástico, cerrarlas y mantenerlas en el exterior durante 72 horas, y posteriormente lavarla. Además, respecto a los pacientes y para valorar la efectividad de las medidas de control aplicadas se deberían revisar los casos hasta seis u ocho semanas después del tratamiento.