María Tajes, jefa de psiquiatría del CHUO: «Vemos malestares derivados de rupturas sentimentales que antes no demandaban atención sanitaria»
ENFERMEDADES
La especialista en salud mental considera positivo que ahora se hable más de los trastornos psiquiátricos, pero llama a escuchar a los colectivos en primera persona y a recoger las opiniones de las sociedades científicas
28 jul 2025 . Actualizado a las 09:18 h.María Tajes (A Coruña, 1981) ejerce como jefa del servicio de Psiquiatría del área sanitaria de Ourense, Verín y Valdeorras desde enero del 2024. Antes, fue responsable del servicio de salud mental en la Dirección Xeral de Asistencia Sanitaria de la Consellería de Sanidade. Llegó a esta especialidad porque en ella encontró una forma de entender el comportamiento y la mirada del otro. Considera que todavía se trata de un área desconocida con cierto nivel de estigma: «Hay un mito y una una visión un poco simplista en cuanto al abordaje que podemos hacer de los problemas de salud mental, de que nos limitamos a una intervención psicofarmacológica, pero la psiquiatría es mucho más que esto», asegura. Convencida de que su disciplina no solo aporta una atención transversal, sino que tiene en cuenta todos los determinantes psicosociales de la salud. La doctora Tajes reconoce que tuvo la suerte de coincidir con compañeros y mentores que supieron transmitirle la pasión por la labor asistencial y espera que su servicio tenga el mismo efecto en los futuros médicos. «A mí me sigue entusiasmando venir a trabajar cada día», añade.
—¿Cómo se humaniza un servicio de psiquiatría? Cuando se convirtió en la jefa del servicio, dijo que era su intención.
—Correcto. Era una de mis intenciones, uno de los objetivos que presenté en el proyecto de mejoría del servicio y que está totalmente alineado con lo que la Estrategia Nacional de Salud Mental nos exige a los diferentes gestores. En ese sentido, estamos desarrollando un proyecto denominado Safe Words. Es un proyecto que permite generar espacios de encuentro con el paciente, establecer reuniones de ayuda mutua, técnicas de desescalada verbal o la clarificación de expectativas. Aquí desde luego tiene un papel fundamental no solo el equipo facultativo, sino también el de Enfermería, que en nuestro caso está liderando todo este proceso de transformación. Al final, este modelo es de aplicación en el ámbito de hospitalización, ya sea agudos o crónicos. Teniendo en cuenta que, muchas veces, el primer contacto de los pacientes más graves se da en el ámbito de la hospitalización, si conseguimos que una persona esté satisfecha con el trato recibido, si es positivo ese contacto, la posibilidad de que mantenga un tratamiento posterior a nivel ambulatorio es más alta y mejora el pronóstico de las enfermedades. Después, hay otros proyectos que hacemos en el ámbito de humanización, como los huertos terapéuticos, los paseos con alma que llevamos a cabo con pacientes de enfermedades crónicos, o el contacto con espacios naturales, animales y con la compañía.
—Hoy se habla de salud mental más que nunca, ¿observa este cambio de perspectiva con esperanza?
—Era necesario hablar de salud mental, y creo que es algo positivo, pero no basta con hablar. Es necesario escuchar las necesidades percibidas por la población, hay que escuchar a los colectivos en primera persona, que son las que han padecido a veces estos mentales graves, y desde luego hay que recoger las opiniones de las sociedades científicas, de los grupos de expertos y las dificultades que los profesionales afrontamos en el día a día para dar una atención adecuada. Lamentablemente, es cierto que, por un lado, los avances científicos en esta materia en los últimos años no van a la par de lo que ocurre en otras disciplinas, y por otro, que necesitamos financiación clara para conocer más sobre los determinantes de la salud mental, los determinantes biológicos, sociales, y para avanzar en nuevas vías terapéuticas y en medicina personalizada.
—Muchos expertos alertan de una cierta patologización del malestar diario. ¿Es algo que vea en su servicio?
—Sí, lo observamos y con gran preocupación por parte de todos los profesionales. En concreto, estamos viendo situaciones de malestar que, a veces, son derivados de circunstancias relacionadas con fracasos académicos, rupturas sentimentales, problemas en el entorno laboral o situaciones de duelo. Obviamente, son situaciones generadoras de malestar, pero es cierto que antes no generaban una demanda de atención sanitaria o de atención psicológica. Ahora bien, las personas que hacen esta solicitud de intervención no siempre lo hacen con un fin de tratamientos restrictivos, sino que tienen esa percepción de que necesitan alguna intervención de carácter preventivo o de mejora de sus habilidades de afrontamiento. Esto lo consideraríamos positivo, porque al final es prepararse para cuando esta situación llegue a mejorar nuestra resiliencia. Sin embargo, el sistema sanitario está en una situación iniciática, no lo suficientemente desarrollado para proporcionar este tipo de estrategias. Aún así, hay iniciativas que tratan de dar respuesta, porque esta demanda es una realidad que estamos viendo. Tenemos programas pilotos de coordinación con atención primaria, que es a través de las cuales nos llegan este tipo de situaciones. Por ejemplo, desde hace un año aproximadamente, en Ourense tenemos un proyecto de atención grupal, que nos permite hacer una intervención con personas que no tienen un diagnóstico único, sino una situación de malestar, unas problemáticas a la hora de afrontar estas situaciones cotidianas. Así, podemos fomentar esa resiliencia y al mismo tiempo mejorar la capacidad de las personas de establecer vínculos sociales, porque al final ese vínculo social será importante y determinante para sobrellevar de forma más resiliente situaciones adversas de la vida cotidiana. No es fácil, porque todos tendemos a asistir a terapias de forma individual, pero los pacientes nos están trasladando una satisfacción importante con la estrategia.
—Usted coordinó el plan de salud mental de Galicia poscovid. ¿Cómo ve en general la salud mental de los gallegos?
—Es difícil hacer una opinión basada sin basarnos en datos, y cuando hablamos del estado de salud de los gallegos y gallegas depende mucho de qué datos observemos. Por ejemplo, podemos irnos al informe anual del Ministerio de Sanidad, donde se estima que a nivel estatal el 34,3 % de la población tiene algún trastorno mental. Cifra que se eleva al 40 % en grupos mayores de 50 años, y al 50 %, en personas mayores de 60. Si esto lo unimos a que Galicia es una población con un número importante de personas por encima de 60 años, podemos entender algunos de los fenómenos, y ver que la accesibilidad a los recursos sanitarios es más limitada por la dispersión poblacional o por vivir en núcleos muy pequeños de población. Con la encuesta EDADES, podemos ver cómo se comporta la población en relación al consumo de drogas o alcohol, que son factores precipitantes de problemas de salud mental. Ahí se observa que si bien las cifras de consumo diario de alcohol tienden a reducirse, lo cual es positivo, en Galicia el consumo de hipnosedantes y analgésicos opioides están por encima de la media estatal. Y, a su vez, también tenemos otros fenómenos que están creciendo con que los jóvenes han multiplicado la ingesta de bebidas energéticas casi por tres con respecto al 2015, mucho más en varones.
—Galicia tiene una de las tasas más altas de suicidio.
—Sí, hay una preocupación al respecto. Aunque varía en función del año, se habla que fallecen unas 300 personas por suicidio. Se calcula que, por cada una, hay otras 10 en una situación denominada como superviviente al suicidio, que son los seres queridos para quienes es muy traumático y les suele generar un duelo muy complicado. Por eso, se está trabajando con el Imelga para un programa de prevención sobre las personas que hayan perdido a un familiar por suicidio.
—Algunos dicen que el mal tiempo nos afecta. ¿El sol nos hace más felices?
—La exposición a la luz solar tiene beneficios, porque entra en juego la generación de vitamina D y otros fenómenos que están estudiados. De hecho la fototerapia es una técnica que se utiliza para el tratamiento con algunos trastornos afectivos gestacionales. Por lo tanto, es beneficioso para algunos síndromes; además de que favorece que hagamos más ejercicio físico, que mejoremos nuestras relaciones sociales y personales, y esto redunda en un mejor bienestar. Pero, si nos centramos en lo que son los trastornos mentales, el efecto del buen tiempo no tiene mucho impacto. Lamentablemente tenemos que mantener nuestra atención en verano y no nos podemos permitir cambios organizativos importantes, porque a diferencia de otras enfermedades como las infecciosas, donde los picos de demanda asistencial disminuyen en verano, para nosotros la frecuentación en los servicios de urgencias y la ocupación en las camas hospitalarias son incluso superiores. Tenemos trastornos como los trastornos bipolares, que generalmente pueden sufrir crisis en un período estival. Esas observaciones también derivan de cambios en la biodisponibilidad, de fármacos por deshidratación o calor, cambios en las rutinas que pueden afectar a personas que están en entornos más sociosanitarios. Hay una serie de fenómenos que rodean este contexto estival que sitúan, a veces, a las personas con trastornos mentales graves en un mayor riesgo.
—¿Qué peso genético tienen dos de las enfermedades mentales más comunes en Galicia, ansiedad y depresión, y qué peso tiene el ambiente?
—En Galicia tenemos a expertos como el doctor Carracedo, que están liderando esta rama. La realidad es que conocemos la alta tasa de heredabilidad que tienen algunos trastornos mentales, como el caso del trastorno bipolar o los afectivos. Recientemente se ha realizado un estudio multicéntrico que aunó una cohorte de hijos de personas que habían tenido algún tipo de trastorno mental, y se observó que, claramente, hay un mayor riesgo en los hijos de personas con problemas de salud mental de padecer bien el trastorno mental que estaban presentando los genitores o incluso algún otro. Por ejemplo, un hijo de un padre con una psicosis va a tener un riesgo multiplicado, casi por seis, con respecto a si el padre no tiene psicosis, de sufrir esta enfermedad. Una cifra similar de riesgo al incremento del riesgo por cinco tienen los hijos de padres con trastorno bipolar. No obstante, a día de hoy, todavía no es posible establecer un consejo genético generalizado para aquellas personas con problemas de salud mental que desean ser padres. Sí que estamos identificando variables genéticas de riesgo, sí que hay grandes cohortes de personas estudiadas que nos permiten ir viendo estas variables, pero todavía, salvo casos concretos, ese consejo genético no es posible establecerlo con carácter general.
—¿Qué medidas se toman si saben que una persona tiene un riesgo aumentado?
—Desde una perspectiva sobre todo de la psiquiatría o de la salud mental infantil juvenil, abogamos por la necesidad de un estudio próximo, sistemático de la salud mental de los hijos de pacientes con trastorno mental grave. Lamentablemente, muchas veces observamos retrasos en los diagnósticos que impiden que pongamos a tiempo tratamientos eficaces. Y en ese sentido, además, creemos que es necesario llevar a cabo acciones preventivas indicadas en este grupo de riesgo. Deberíamos poner el foco en esta gente joven, en identificar situaciones de riesgo, no solo las mismas que padecen la madre, sino otras enfermedades, como el TDAH, o el trastorno de conducta alimentaria, los trastornos obsesivos compulsivos, que aparecen con más frecuencia en la infancia y en la gente joven.
—¿Existen hábitos que protegen nuestra mente?
—Sí, existen hábitos que nos protegen claramente y que deberían constituirse como intervenciones preventivas con carácter general e incidir mayoritariamente en determinados grupos de riesgo. Algunos de esos factores de riesgo son conocidos. Se trata de la falta de ejercicio físico, la obesidad o las dietas nutricionalmente inadecuadas, las alteraciones del sueño y el consumo de drogas y especialmente el consumo de cannabis, que cuanto más se adelante la edad de inicio, más nos preocupa. Cuanto más pequeña es la persona, mayor es el riesgo de psicosis. Y, además, puede alterar el aprendizaje y alterar el desarrollo cerebral y la conectividad cerebral. La verdad es que tenemos una importante preocupación desde el colectivo médico y psiquiátrico por la baja percepción de riesgo de la población con respecto al consumo de cannabis. Esto es esencialmente importante en gente joven, porque el impacto en el desarrollo cerebral del consumo de cannabis y de alcohol va a conducir a un incremento de riesgo, y es algo que vemos a menudo en las personas que requieren de ingreso. Por eso, favorecer un ejercicio físico, un estilo de vida saludable y evitar el consumo de tóxicos, especialmente a edades tempranas, va a mejorar la salud de la población.
—Su especialización se centra en la psiquiatría de la infancia y la adolescencia. ¿Por qué los jóvenes de hoy presentan más problemas de salud mental que los del pasado?
—Hemos constatado un incremento de las necesidades de atención, yo creo que es alarmante. Se cree que el covid tuvo un efecto acelerador de un fenómeno que ya existía previamente. Aquí en Ourense, entre el 2019 y el 2024, vimos un incremento de las consultas en materia de salud mental infantil-juvenil, así como en el número de pacientes y de estancias hospitalarias. En concreto, de los pacientes con edades comprendidas entre 0 y 21 años que requirieron un ingreso por causa psiquiátrica en el hospital el incremento fue del 82 %, y también vimos una variación importante en lo que tiene que ver con el número de consultas realizadas, tanto en hombres como en mujeres. Es cierto que estoy hablando de las situaciones de mayor severidad, pero en general, creo que todas las personas que trabajan con la infancia han observado el incremento de la demanda de atención por problemas de salud mental.
—¿Los niños y adolescentes tienen factores protectores diferentes que un adulto?
—Sí, necesitan formas de abordaje específico. En lo que es la atención de la salud mental infantil y juvenil, la participación de las familias o de las instituciones de protección que a veces acompañan al menor es fundamental. Eso fue lo que determinó la puesta en marcha de la nueva especialidad de psiquiatría en niños y adolescentes. La especificidad va en las herramientas de psicoterapia y cómo orientarlas, en las herramientas diagnósticas, en las intervenciones psicofarmacológicas, en la organización de la actividad asistencial para permitir esos espacios de diálogo con las familias, con las escuelas o con las administraciones públicas que tutelan al menor. Es, si cabe, a mi criterio todavía más importante mantener un trabajo en equipo multidisciplinario, que tiene que ser partícipe siempre de los servicios sociales, además de los profesionales sanitarios per se, y tienen que ahondar, lógicamente, en estrategias que permitan al menor mantenerse en su medio habitual, con una escolarización lo más organizada posible, pero que también tenga en cuenta sus características y sus especificidades.
—A los jóvenes se les etiqueta como la generación de cristal. ¿Es justo?
—Me parece un adjetivo, francamente, inadecuado. Desde nuestra visión de la práctica clínica,en los jóvenes estamos viendo situaciones de trastornos mentales que pueden ser considerados leves, pero que pueden tener un impacto importante en su capacidad de desarrollarse como personas. También estamos viendo situaciones de extrema gravedad. Sobre esto se debate mucho, sobre si la permisividad paterna o sobre un exceso de confort impide a los jóvenes afrontar correctamente el sufrimiento, que esto es lo de la generación de cristal. Honestamente, nosotros observamos a jóvenes que han sufrido, que han tenido experiencias de sufrimiento temprano, de abandonos, de problemas vinculares. Cuando hablo de abandono no hablo solo de un abandono físico, que también, sino emocional. A veces, esa permisividad es una falta de atención por parte de las personas que tienen la obligación de prestarla, y aparecen problemas vinculares, situaciones de soledad- Las encuestas también nos hablan del mal uso de las pantallas, del bullying, el ciberbullying, hay cambios estructurales en la familia, una incerteza en el futuro. Todo esto no puede deberse a un mero cambio, es decir, los determinantes genéticos de la enfermedad no generarían este cambio de tendencia de forma tan rápida por sí solos, lo cual nos dice que hay factores psicosociales. Por eso, como adultos y como sociedad smoo responsables. Aquí el reto está en saber mejor dónde actuar para evitar esta epidemia, porque tenemos una situación de unos incrementos de riesgo de suicidio, de autolesiones, de fracaso escolar o de problemas de aprendizaje, y todo ello puede conllevar un riesgo de un desarrollo no pleno de la personalidad. Como nos decía el doctor Ricardo Fandiño, cuando estudias la adolescencia lo haces desde tu recuerdo, pero la adolescencia actual nada tiene que ver con aquella adolescencia que nosotros vivimos. Por lo tanto hay que adecuar el trabajo predictivo al contexto social actual.