Cuando el cáncer azota a los jóvenes: «Tengo 33 años, pero siento que estoy en un cuerpo de 53»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Natalia Pélaez durante uno de los ciclos de quimioterapia a los que ha tenido que someterse.
Natalia Pélaez durante uno de los ciclos de quimioterapia a los que ha tenido que someterse.

Natalia Peláez fue diagnosticada con linfoma de no Hodgkin el año pasado

07 jun 2024 . Actualizado a las 15:48 h.

El mayor estudio sobre el aumento de la incidencia de cáncer en jóvenes menores de 50 años, publicado en la revista BMJ Oncology, concluía que entre 1990 y 2019 la incidencia mundial de cáncer de aparición temprana aumentó un 79,1 %. Una realidad que, por desgracia, pilla por sorpresa también a sus protagonistas. «La primera vez que escuché linfoma de no Hodgkin fue cuando me lo diagnosticaron», confirma Natalia Peláez. Hasta que eso sucedió fueron necesarias muchas pruebas y citas médicas. A sus 33 años es uno de los «casos raros» en los que la enfermedad se presenta antes de los 67; ya que su incidencia, aumenta con la edad. 

Una odisea para llegar al diagnóstico

Todo empezó con un herpes zóster. Al poco tiempo, sufrió «un poco de tos», pero no le dio importancia: «Como suelo tener alergia sobre abril o mayo, podría adelantarse un poco por el tema del tiempo». Esta seguía presente y en junio, vuelve a acudir a consulta. «Pensaba que podía ser una neumonía mal curada o una infección respiratoria». La doctora de cabecera le manda la primera prueba: una placa de tórax. Fue directamente a urgencias. La metieron en una sala y llegó su marido. «Entró la hematóloga y me dijo que parecía un posible linfoma, pero que las analíticas y los marcadores tumorales habían salido bien, por lo que no podían descartar otras opciones como diversos tipos de infecciones». 

Siguieron pasando los meses y se presentó un dolor muy fuerte en el brazo izquierdo. «Además, se me hincha la vena que va por el cuello». Le hacen un TAC y después de este, le piden una biopsia. Los resultados ya no dejaban lugar a dudas, pero lo cierto es que desde que acude al médico por primera vez hasta que le confirman que se trata de un linfoma de no Hodgkin pasan cinco meses. «Sale que está más extendido de lo que creían, en estadio IV. Había que empezar con el tratamiento ya, porque si no, podía seguir progresando a otros órganos», lamenta Natalia. Un avance que, según sus palabras, podría haber sido menor, «pero quiero dejar constancia de todo lo que he pasado por el mal funcionamiento de la Seguridad Social; sé que no es culpa de ellos, sino del sistema, porque están a tope, pero no puede ir todo tan lento».

Los efectos de la quimioterapia

El 14 de agosto del año pasado empieza con la quimioterapia. «Lo más duro era dejar a mi niño, que en aquel momento tenía tres años, cuando me ingresaban en el hospital». Cinco días allí, quince en casa. Y antes de entrar en el segundo ciclo, se rapó: «No quería que fuese un shock para el pequeño, por lo que tanto su padre como yo lo hicimos».

Ya en el tercero ciclo, el cuerpo de Natalia empieza a resentirse. «El nivel va subiendo y te ponen más medicación, te vas poniendo peor», comenta. Después de esta le realizaron un PET TAC «y me sale que estoy limpia». Sin embargo, le recomiendan seguir con nuevas fases del tratamiento por si alguna célula se reproduce, como método preventivo a una posible recidiva. «Acepto, pero es una realidad que, cada vez que subo de nivel, me encuentro peor».

Después del cuarto, le da un cólico nefrítico. También empieza con fuertes dolores de cabeza, a ver negro y borroso. Aun así, el equipo médico decide ponerle un quinto ciclo. «Pero yo sabía que si me daban otro, me moría. Me vuelve el tema de los ojos y el neurólogo me confirma que lo más probable es que se pasaran con la quimio», asegura Natalia.

Con los meses, se fue encontrando mejor. Hace unas semanas le confirmaron que estaba limpia, aunque tiene que ir a revisiones. Primero cada cuatro meses, luego seis, cada año y, a los cinco, «si todo está bien», le dan el alta. «Cuando me dijeron que estaba curada fue un subidón, pero soy consciente de que, aunque tengo 33 años, siento que estoy en un cuerpo de 53. No deja de ser un veneno lo que te ponen para matar lo malo».

Entre los efectos secundarios que sufre del tratamiento se encuentran los dolores de huesos, y confiesa que se cansa mucho. Psicológicamente, Natalia piensa mucho en una posible recaída, o en posibles patologías que pueden llegar en un futuro: «Un problema cardíaco o en el riñón son patologías que puedo sufrir a la larga porque mis órganos han sufrido bastante». 

Aunque físicamente está mejor, sigue trabajando el ámbito psicológico: «Me está ayudando mi psicóloga, a la que acudo gracias a la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Todavía tengo que superar ese duelo del cáncer. Soy consciente de que me queda mucho que procesar y sanar». 

La AECC busca reducir el impacto del cáncer en la sociedad apoyando a los pacientes y sus familias, con los programas y servicios totalmente gratuitos como atención psicológica, social, logopedia, fisioterapia y nutrición, así como acompañamiento mediante voluntarios. 

Todos sus programas y servicios son gratuitos para todos los pacientes y familias que así lo necesiten. 

Se encuentran disponibles las 24 horas del día los 365 días del año en el teléfono gratuito 900 100 036.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.