Cristina, paciente de cáncer con 37 años: «Me puse como objetivo llevar a mis hijos todos los días al colegio»

ENFERMEDADES

Cristina Pena fue diagnosticada de cáncer de mama con 37 años.
Cristina Pena fue diagnosticada de cáncer de mama con 37 años. MARCOS MÍGUEZ

Cristina Pena perdió a su madre con 25 años a causa de esta enfermedad y ahora es ella la que la padece con 38

02 jun 2024 . Actualizado a las 11:42 h.

Después de que Kate Middleton anunciara hace unas semanas que, a sus 42 años, padece cáncer, se ha vuelto a poner el foco sobre esos tumores de aparición temprana que se detectan en mujeres u hombres menores de 50 años. La princesa de Gales no ha especificado cuál ni en qué estadio, solo que se está sometiendo a quimioterapia. Los datos confirman que los casos llevan aumentado desde hace décadas. El mayor estudio sobre el tema, publicado en la revista BMJ Oncology, concluyó que en el período comprendido entre 1990 y el 2019 este tipo de tumores se incrementó un 79,1 % y, el número de muertes relacionadas con estos, un 27,7 %. La investigación apunta a factores de riesgo dietéticos, el consumo de alcohol y el tabaquismo, pero remarcando que no existe un patrón.

Con todo, detrás de esas cifras se esconden muchas más historias lejos de la casa Real británica. Una de ellas, la de Cristina Pena. En realidad, ella conoce desde hace tiempo lo que es el cáncer. En el 2009, cuando tenía 25 años, su madre falleció a causa de uno. «Fue diagnosticada con 47. Sufría un tumor bastante grande que se extendió a los ganglios», recuerda. Desde hace unos meses, ha pasado de vivirlo en segunda persona a ser la protagonista. «Con ese antecedente, me hacían un seguimiento anual en la Unidad de Mama. En diciembre del 2022 les escribí un correo porque me noté un bulto en el pecho izquierdo. Tenía la cita para mayo y era por si me podían ver antes».

Así fue, a los pocos días la citaron. «Me hacen una ecografía y me revisan el pecho izquierdo que es por el que me voy quejando. Me confirman que era un bulto de líquido, pero por protocolo me revisan el otro también y ahí sí vieron algo que no les gustó tanto». Era cáncer de mama, pero al contrario de lo que se podía llegar a pensar en una primera instancia, no era hereditario, sino hormonal. El tumor no era el mismo que había sufrido su madre. Tenía 37 años.

«El 28 de febrero me realizaron la cirugía. Me quitaron los dos pechos y me hicieron la reconstrucción en la misma intervención», explica. En aquel momento, todavía no sabía si iba ser necesaria quimioterapia después. «Estudiaron la probabilidad de que se repitiera y, por edad y antecedentes familiares, salió un riesgo alto. Fue un palo bastante importante», amplía Cristina. El 11 de abril se sometió a la primera sesión de quimioterapia. «Fue un auténtico calvario a nivel neuropatías. No sentía las plantas de los pies, las yemas de los dedos, sufría dolor por todas partes».

Cristina acabó en urgencias bastantes veces. «Me he sentido abandonada en varias ocasiones. Obviamente, al ser paciente oncológico, vas directa a pruebas, analíticas y demás. Pero es curioso porque tú vas por unos efectos secundarios que te está dando un tratamiento oncológico y en realidad te atienden un montón de especialidades, pero no la tuya. A no ser que acudas en el horario en el que ellos dan consultas».

Pequeños objetivos

A la cuarta sesión de quimioterapia, se le empezó a caer el pelo. «Yo ya lo había vivido con mi madre. Tengo mellizos de siete años y una hija mayor de 19 y, aunque no sabía muy bien cómo afrontar el tema, no quería dramatizarlo», asegura. Así, desde la propia Unidad de Mama se le facilitó un libro para que los más pequeños lo llevasen al cole. La protagonista del mismo es una mamá que padece cáncer. «Se lo llevé al cole y, después de hablarlo con la tutora, lo leyeron en clase antes de que empezase con la quimioterapia. Así a ellos, ya les iba sonando. Un día, de vuelta a casa, me contaron que la profesora se lo había leído». Hasta que llegó el momento de confesar a los pequeños que su mamá iba a pasar le mismo proceso que la protagonista del libro. «Les dije: "¿Os acordáis de ese cuento? A mí me van a poner la misma medicina"», relata. Y cuando esa caída del pelo fue muy evidente, «uno cogió la maquinilla, otro la escoba y el recogedor, y manos a la obra».

Considera que «dependiendo de cómo lo afrontas, creo que así lo pasas». Asegura que se marcó pequeños objetivos que le impulsaban a seguir adelante: «Me propuse llevar a mis hijos todos los días al colegio; aunque después me pasara en cama todo el día». Otro de sus grandes apoyos fue su marido, Román. «Si yo puse un 50 %, él el otro porcentaje restante. Por desgracia mi madre ya no estaba y mi padre también había fallecido cuando estaba embarazada de los pequeños, a raíz de un ictus. Mis apoyos fueron mi marido, hermano e hijos».

Una posibilidad que resonaba en su mente

Desde que perdió a su madre a causa de esta enfermedad, la palabra «cáncer» rondaba su cabeza. «Siempre se lo decía a mi marido. Aunque no creía que lo fuera a padecer tan joven». Aun así, se considera afortunada porque se lo detectaron antes de la cita anual en la Unidad de Mama. «El tumor de mi madre medía casi 11 centímetros, el mío 3 y uno más pequeño de 0,6. Si hubiese esperado los meses que faltaban, seguramente serían mucho más grandes», asegura. 

Después de la quimioterapia llegó la radioterapia. Posteriormente, la oncóloga le propuso un tratamiento hormonal en pastillas, pero fue necesario suspenderlo por los efectos secundarios que le generaba: «Se me inflamaron las articulaciones de todo el cuerpo. Ahora mismo me están poniendo una inyección hormonal que básicamente lo que provoca es que te vuelves menopáusica y sufres los mismos síntomas que cualquier mujer que pasa por esta etapa». 

Le están realizando seguimiento porque en el último PEC TAC, uno de los ganglios «se iluminó un poco, por lo que en junio tengo que volver a repetirlo; pero por lo demás, todas las pruebas salen bien y estoy trabajando». Anímicamente, dice, también se encuentra cada vez mejor. Y una de las razones es poder acudir a terapia psicológica a través de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). «Todo influye. Ya tengo algo de pelo y me veo mejor físicamente. Además, aunque justo me acababan de despedir cuando me dieron el diagnóstico, ahora he vuelto a trabajar y es lo mejor que me ha pasado», confiesa Cristina. 

La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) busca reducir el impacto del cáncer en la sociedad:

  • Apoyando a los pacientes y sus familias, con los programas y servicios totalmente gratuitos como atención psicológica, social, logopedia, fisioterapia y nutrición, así como acompañamiento mediante voluntarios. 
  • Trabajando en prevenir la enfermedad.
  • Impulsando la investigación oncológica para lograr un futuro sin cáncer. 

Además, todos sus programas y servicios son gratuitos para todos los pacientes y familias que así lo necesiten. 

Se encuentran disponibles las 24 horas del día los 365 días del año en el teléfono gratuito 900 100 036.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.