Pedro Juan Ibor, médico de familia: «Se ha incrementado el abuso del ibuprofeno y del paracetamol»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Sandra Alonso

«Una cosa es que haya aumentado el consumo de analgésicos; otra, que exista un abuso», remarca el profesional. Añadiendo, además, que este último se da en fármacos cuya prescripción no la realiza un médico

30 nov 2023 . Actualizado a las 17:56 h.

El dolor, que se define como una experiencia sensitiva y emocional desagradable, es la principal causa de consulta en atención primaria. Así, la formación de los profesionales en este ámbito, resulta fundamental. Ese es el objetivo de las Jornadas de Dolor en Atención Primaria, organizadas por la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor (Semdor), que tuvieron lugar hace unos días en Santiago de Compostela. Su vicepresidente, el doctor Pedro Juan Ibor, destaca que «no hay un dolor igual a otro» y que una buena formación de todos los profesionales que forman parte de la atención primaria (médicos, enfermeros, farmacéuticos, trabajadores sociales, etcétera) puede marcar un antes y un después en los pacientes. 

—¿Cuáles suelen ser los dolores más frecuentes en consultas de atención primaria?

—Un 70 % de las consultas que nosotros vemos en atención primaria tienen relación con el dolor. Este puede ser agudo, que es muy frecuente, como uno de muelas, cabeza o relacionado con traumatismos. Pero también crónico, aquel que perdura en el tiempo, provocado por enfermedades reumáticas o incluso complicaciones de una diabetes. Dicho esto, los dolores más frecuentes entre los pacientes que nos consultan son los musculoesqueléticos. Pero por frecuencia, no por gravedad. Sobre todo, por procesos degenerativos del sistema musculoesquelético. Por ejemplo, la artrosis es muy frecuente, porque cuando el envejecimiento aparece, los huesos se degeneran y las articulaciones se ven afectadas. En realidad, todos vamos a tener dolores si tenemos la suerte de vivir muchos años. Con el envejecimiento aparecerán dolores en las articulaciones o lumbalgias. 

—A veces, no es fácil explicar el dolor. 

—Cada paciente lo describe de una forma, porque es una experiencia propia. Cuando uno tiene el colesterol alto, se hace una analítica; existen pruebas objetivas. Pero el dolor no las tiene, está basado en lo que el paciente nos transmite. ¿Cómo lo tiene que explicar? Como lo siente, ni más ni menos. Por eso es importante esta formación, porque creemos que es una prioridad dirigir esas experiencias. Nosotros sí que lo clasificamos en función de esa experiencia que nos transmite el paciente. Junto con una exploración, lógicamente, pero la experiencia del paciente es muy importante.

—¿Por qué es importante?

—Porque hacemos una orientación del tipo de dolor que tiene. Según el mecanismo que le produce el dolor, el tratamiento va a ser distinto. Por eso es importante una buena anamnesis, una buena historia clínica. El profesional le orientará y le hará preguntas. Hay que tener en cuenta que cada dolor es propio, no se puede compartir con los demás. Yo no sé si a usted le ha dolido más o menos que el que vendrá después a la consulta. Y tampoco es bueno comparar.

—Comenta que junto a esa historia clínica, se suelen hacer exploraciones físicas. ¿Y si ese dolor no se ve reflejado en esas pruebas?

—Existe una clasificación de dolores. Hay algunos que, en esa exploración, no tienen una relación directa. Es frecuente. El más llamativo es una enfermedad como puede ser la fibromialgia, que no tiene una traducción física en la exploración. Estamos hablando de pruebas complementarias como una radiografía, una resonancia o un TAC. Cuando se trata de fibromialgia, en las pruebas no aparece nada. Exploras al paciente y, en ocasiones, todo está normal. Puede haber algunos datos, pero también que no salga nada. Se dan alteraciones a nivel del proceso del dolor, en el cerebro.

—¿Puede proporcionar un ejemplo?

—Nosotros sentimos el dolor no en el punto en el que nos hemos daño, por ejemplo, en una lesión, sino que el cerebro es el que lo procesa. Se trata de un proceso complejo pero hay unas vías que van directamente al cerebro y es este el que lo procesa. Puede haber alteraciones en ese proceso a nivel cerebral, pero no tenemos una prueba de que existen. Un claro ejemplo de un dolor que se denomina nociplástico en el cual hay alterado el funcionamiento del sistema nervioso que regula el dolor, pero no hay lesión. 

—El paciente tiene dolor, ¿qué soluciones puede proporcionarle el médico de atención primaria?

—Cuando hablamos de atención primaria, el eje fundamental es el médico de familia, pero también puede haber otros profesionales de la enfermería, farmacia, trabajo social o incluso psicología. El médico valora la farmacología y, si necesita alguna ayuda complementaria el paciente, tiene a su disposición al resto de profesionales mencionados. Además, en torno al 20 % de los pacientes de atención primaria son tributarios de derivación a la unidad del dolor. ¿Cuál es el primer problema que surge? Que si la atención primaria no resuelve adecuadamente, ya sea por falta de medios o de formación, ese 80 % restante, a la unidad del dolor le va llegar, en vez de un 20 %, un 40 %. Saturamos una unidad hospitalaria con pacientes que no tendrían que llegar ahí. Por eso damos mucha atención a este tipo de problemas en atención primaria. 

—¿Qué pacientes van a esa unidad del dolor?

—Se deriva cuando se trata de dolores complicados que requieren una intervención. Ya sea la implantación de neuromoduladores, colocar en la médula espinal una especie de marcapasos que regula el impulso doloroso, los bloqueos centrales… Todas estas técnicas de elevada complejidad se realizan en ambientes estériles y con técnicas especiales. Por eso, si no empoderamos a la atención primaria, bloqueamos la unidad del dolor, que deja de hacer lo que tendría que hacer en beneficio del paciente.

Uno de los talleres llevados a cabo en las III Jornadas de Dolor en Atención Primaria, celebradas en Santiago de Compostela.
Uno de los talleres llevados a cabo en las III Jornadas de Dolor en Atención Primaria, celebradas en Santiago de Compostela. Sandra Alonso

—Los analgésicos son el grupo de fármacos más consumidos en España. ¿Por qué?

—También se recetan más antidepresivos o antidiabéticos. Todos los fármacos se recetan más, pero porque el diagnóstico mejora. Ahora mismo se diagnostican más diabéticos que hace cuarenta años y el tratamiento va ligado al diagnóstico. Dicho esto, otro de los factores a tener en cuenta desde mi punto de vista es la cronificación del dolor, unida al envejecimiento. Es decir, la población, canto más envejece, más procesos degenerativos dolorosos tiene.

Sin embargo, una cosa es que haya aumentado el consumo de analgésicos y otra, que exista abuso. Quizá sí que puede haber este último, pero en fármacos en los que la prescripción no la realiza un médico. Ahí sí existe un control y un seguimiento. Pero donde más incremento ha habido en el abuso es en aquellos fármacos indicados para dolores leves como el paracetamol, el ibuprofeno y derivados. Esos fármacos no son prescripción y ahí tenemos la parte de automedicación. 

—¿La atención primaria actúa como barrera ante la automedicación?

—En España, el 73 % de los fármacos prescritos para dolores intensos se prescriben en atención primaria. En Estados Unidos, donde hay una epidemia de mal uso de ciertos fármacos contra el dolor, solo un 18 %. Pero es que en el país norteamericano no hay atención primaria. Con lo cual, entendemos que si esta está como puerta de entrada al sistema, en este sentido, beneficia el control. 

—El paciente con dolor puede sentirse incomprendido. 

—Cuando un paciente me dice que le duele algo, no le digo que es un quejica. No sé si le duele mucho o poco, solo sé que está sufriendo y que necesita dejar de hacerlo. Por eso estamos muy preocupados por la formación de los profesionales sanitarios, porque en la carrera no se estudia una asignatura de dolor. Sí otras enfermedades que provocan dolor, pero no el dolor como enfermedad cuando uno ya lo tiene instaurada… Los pacientes pueden llegar a sentirse incomprendidos por los profesionales. Y en eso estamos, en mejorar la formación a todos los niveles: desde entender al paciente que está sufriendo, hasta saber lo que tengo que hacer para que deje de hacerlo. 

Sí que es verdad que puede darse la circunstancia, aunque cada vez menos porque la formación va mejorando, de que el dolor siempre se había entendido como un síntoma que se provocaba por algo en concreto y que era de un tratamiento a corto plazo. Pero es que hay dolores crónicos que no los vamos a poder curar. Eso es un término más reciente. De tal forma que el profesional tiene que aprender nuevos conceptos de dolor. Esos nuevos tipos de dolor, antes no los había o nadie le hacía caso. Se maltrataba al paciente diciéndole que eran cuentos. Por ejemplo, me operan y tengo una cicatriz. Las hay que provocan dolor para toda la vida. Internamente se provocó una lesión en alguna terminación nerviosa a raíz de esa intervención quirúrgica y te queda un dolor para toda la vida. Eso se sabe recientemente. Hasta ahora, pensábamos que no era verdad. Uno va descubriendo cosas que se intuyen y que con el tiempo, resulta que sí que eran verdad. Por eso tenemos estas jornadas, para insistir a los profesionales.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.