Lucía Almagro, biotecnóloga: «Dormir mal afecta mucho a nuestro sistema inmunitario»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Lucía Almagro, biotecnóloga e investigadora.
Lucía Almagro, biotecnóloga e investigadora.

La experta nos ayuda a conocer cómo funciona nuestro batallón de defensas cuando se enfrenta a los virus. ¿Cómo entran en nuestro cuerpo? ¿De qué dependen los síntomas que tengamos a raíz de esa infección? ¿Qué es la memoria inmunitaria?

08 jul 2023 . Actualizado a las 15:50 h.

Todos hablamos de ellos, pero no tenemos claro qué hacen los virus cuando entran en nuestro organismo. «La sociedad sabe que es algo malo, aunque no necesariamente lo es siempre», asegura Lucía Almagro. No sabemos explicar cómo es capaz para llegar a controlar nuestro cuerpo y enfermarnos. Arrojar luz sobre esta incógnita es el propósito de esta biotecnóloga. Con un máster en Bioingeniería en la Universidad Miguel Hernández de Elche y después de trabajar como investigadora durante cinco años en el laboratorio de Estrategias Antivirales de la Universidad Miguel Hernández, ha decidido emprender con su propio proyecto de comunicación y divulgación científica. Dentro de ese objetivo se enmarca la publicación de su primer libro Un virus en apuros (Oberón, 2023). 

—¿Cuál sería es el propósito de un virus?

—Aunque yo le llamo organismo, en realidad no está reconocido como tal. Si seguimos la teoría como tal, no entraría en la definición de ser vivo. Pero yo opino totalmente distinto y sí que creo que están vivos. Al fin y al cabo, ellos lo que buscan es reproducirse, mantenerse. Es una especie en el mundo al igual que cualquier ser vivo. Pero tiene que ser a costa de otros. Son como parásitos y lo que hacen básicamente es entrar en la célula y, toda ella, entra a trabajar para él. Toda la maquinaria que se utiliza para fabricar nuevas células y moléculas se paraliza y hace que trabaje para él para fabricar nuevos virus como churros. Así puede producir más unidades de virus, estos pueden infectar a otras células y que estas puedan multiplicarse. De esa forma, siguen estando presentes en el planeta Tierra. Al final es lo que buscan. No lo buscan como tal, eso es importante, llegan e infectan a otras personas por puro azar. Pero están muy optimizados para que ese azar sea lo más beneficioso posible para ellos. 

—¿Si un virus no infecta, se muere?

—Si un virus no infecta y por ejemplo cae encima de una mesa, se deshace. Vamos a imaginarnos como si fuese una vela que se va deshaciendo. Se descomponen todos sus componentes y se va. Para estar vivo tiene que estar dentro de una célula a una temperatura concreta y estar reproduciéndose. Así que sí, si no infecta desaparece. De hecho, hay virus que se conocen que antiguamente existían, provocaban epidemias, y que a día de hoy ya no están. Si no tienen a quien infectar o si el sistema inmunitario de las personas pueden con ellos, el virus desaparece y ya no puede resurgir de ninguna otra forma. 

—¿Los virus actúan mejor en frío?

—Aquí hay dos temas a tratar. El primero es que sí, los virus, normalmente, aguantan mejor sus estructuras en frío porque son proteínas e igual que nosotros conservamos la comida en la nevera para que se conserve más tiempo, los virus en frío suelen aguantar más. Pero no mucho frío. No vamos a compararlo con un trozo de carne. Lo que estamos evitando con un trozo de carne es que haya bacterias, pero los virus, si hace mucha calor, también se destruyen. Siempre va haber una ventana de temperatura en la que el virus se va a sentir cómodo. 

—También se suele relacionar la infección de virus con el frío. ¿Actúan mejor en invierno?

—Los virus que nos infectan a nosotros, su temperatura cómoda son 37 grados. No suele ser una temperatura de invierno, la verdad. Si vamos por esa lógica, no es que los virus estén más cómodos en el frío de invierno, es por nuestro comportamiento como especie en el caso de los humanos. Nos solemos agrupar más, nos solemos encerrar más con menos ventilación y esto hace que, si hay algún virus, este se concentre más en el aire, porque no se limpia. El frío lo que hace es que nuestras defensas no estén óptimas porque si lo pensamos un poco, cuando nos sube la fiebre unos pocos grados es para que nuestro sistema inmunitario trabaje mejor. Cuando hace frío y nuestra temperatura corporal baja,  no está al tope y los virus aprovechan para atacar. Por eso digamos que sí, el frío viene bien a algunos, pero por cómo nos comportamos. 

—Si un virus entra por las vías respiratorias, ¿puede afectar a otros órganos del cuerpo?

—Difícil. Justo en los pulmones hay un montón de células que están protegiendo la entrada. Digamos que los pulmones son el órgano que más estéril está a pesar de estar en contacto exterior. Por eso, si el virus no encuentra una célula a la que infectar en esos pulmones, ahí directamente, antes de cruzar esa barrera de células inmunitarias, difícilmente va a llegar a otro sitio. Por ejemplo el VIH, el virus que infecta nuestro sistema inmunitario, difícilmente va encontrar una célula de este en los pulmones, porque se suelen encontrar en otros sitios, como en la sangre o en los ganglios. El virus por donde entra tiene que encontrar una célula que infectar de una forma rápida porque como tarde un poco, las células del sistema inmunitario lo van a aniquilar. Siempre el factor más limitante para los virus es el tiempo y, por eso, cuanto más rápido haga la infección y más rápido corran, mejor para ellos. Si tardan en llegar e infectar a su presa, no van a llegar, nuestro sistema ya se encarga de que así sea. 

—La respuesta de nuestro cuerpo, entonces, no depende del tipo de virus. 

—Todo lo que sea extraño para él, va a atacarlo. De hecho, las alergias y las enfermedades autoinmunes se dan porque se le va la pinza al propio sistema inmunitario y puede ser una respuesta igual a un cacahuete que a un gato. No es lo mismo la respuesta a un virus que a una bacteria o para una célula cancerígena, por ejemplo, pero sí que a nivel global que vamos a tener la misma respuesta. Lo que va a cambiar son las moléculas que van a atacar a ese virus que son específicas para él, como los anticuerpos. 

—¿De qué dependen los síntomas que tengamos a raíz de esa infección?

—Son a raíz de dos factores. Primero, el daño que cause ese virus, el tejido al que infecte. Si es en los pulmones, vamos a tener bronquitis. Pero muchos de los síntomas van a estar causados por nuestra propia respuesta inmunitaria que es la que provoca la inflamación, que haya ataque y se maten células que estén infectadas. Va a haber ahí un equilibrio entre los síntomas causados tanto por el virus como por el sistema inmunitario. Así, a grandes rasgos, la respuesta inmunitaria es, más o menos, siempre igual. 

—¿Cómo es esa respuesta del cuerpo, detecta que hay algo extraño y qué pasa después?

—Existen como dos legiones en este ejército. Está la división de cuerpo a cuerpo, como digo yo, que es la primera respuesta que va a dar nuestro sistema inmunitario. Son células que son inespecíficas, es decir, lo que le pongas delante, lo va a matar igual. Va a ir a saco. Se lo comen, fagocitosis; le lanzan moléculas que son como muy reactivas, algo así como lanzar granadas y matar a los virus; u otras que le ponen como balizas o señalizaciones para que otras vayan a por ellas. Es como el cuerpo a cuerpo, lo típico que vemos en las películas de los soldados montados en sus caballos con sus lanzas o espadas. Todo eso es para ganar tiempo, que tiene un papel muy importante. Hasta que la artillería pesada, digámoslo así, la élite, los expertos, lleguen al campo de batalla.

—¿De qué se encarga esa élite?

—Es la segunda respuesta y tarda una semana. Por eso hay veces que un catarro se nos puede alargar. En este caso es el sistema inmunitario adaptativo, que se llama así porque se adapta al enemigo. Si veo que ese virus tiene esa forma y esas estructuras, voy a diseñar unas armas que van a ser específicass. Digamos que es como un misil que está programado online para que vaya directo hacia él y no vamos a causar más daños. Esa es otra de las cosas buenas, que no nos provocan daños a nosotros mismos. No da palos de ciego como la primera respuesta inmunitaria, pero las dos son muy importantes porque la primera va a hacer que los de la élite sepan a dónde atacar.

—¿Cómo son esas células de la élite?

—Es un tipo celular que se llama célula dendrítica que lo que hace es, sin atacar a nadie, va cogiendo trocitos del virus que se van dejando en el campo de batalla y lo lleva al centro de mando para decirles: «Mira, esto está pasando en el campo de batalla, vamos a diseñar una estrategia». Y todas esas células diseñan una estrategia. Literalmente así, no es ninguna metáfora. Acaban con el virus en cuestión de horas. 

—Con todo lo que arma nuestro cuerpo para acabar con el virus, ¿cómo es posible que este, a veces, siga resistiendo?

—Cuesta creer porque es una cosa muy pequeña y sencilla frente a una complejidad tan grande como la de nuestro sistema inmunitario. ¿Cómo puede ser? Porque ellos llevan ventaja de tiempo. No son tan novatos como nosotros aquí en el planeta Tierra. A lo largo de todo este tiempo, al igual que los organismos han evolucionado, estos han ido evolucionando con nosotros y conocen todos nuestros secretos.

—¿Por ejemplo?

—Hay virus que han diseñado estrategias de contraataque en las que no hay forma de acabar con ellos. Un ejemplo muy claro es el VIH; una vez que te infectas es para toda la vida. ¿Cómo me defiendo de algo que está atacando directamente a mí? Es mucho más difícil. Son estrategias que, al final, han conseguido desarrollar y lo hacen muy bien, la verdad. 

—¿Qué es el timo?

—Es un órgano bastante importante, aunque no se conozca demasiado. Si pensamos dónde está colocado, es uno de los órganos mejor protegidos después del corazón. Está justo debajo de nuestro esternón, en la parte más profunda y está tan protegido porque es muy importante. El timo, principalmente, lo que hace es entrenar a las células de nuestro sistema inmunitario y producir nuevas. Lo malo de este órgano es que se va muriendo conforme vamos cumpliendo años y es una de las causas por las que, las personas mayores, tienen más enfermedades infecciosas y son más propensas a tener una enfermedad grave después de una infección que a lo mejor una persona más joven no le hace nada. Lo hemos visto de una forma muy evidente con el covid.

El timo es el encargado de fabricar nuevas células de linfocitos T, que son esta élite de la que hemos hablado, que hace estrategia para atacar justo y directo al organismo y acabar con él en cuestión de horas. Produce nuevas células y además, las entrena. Se encarga de que estas nuevas células sean buenas atacantes, sepan trabajar en equipo y, además, no sean capaces de atacarnos a nosotros mismos. De hecho, es uno de los lugares más importantes para evitar las enfermedades autoinmunes. Es donde se hace el entrenamiento. Es muy gracioso porque, literalmente, es así. Hay una célula que se encarga de decir: «Mira, linfocito, ¿esto qué te parece? Y lo ponen a examen». El linfocito se encarga de decir: «Eso es malo». Aunque sea algo propio, lo matan.

—¿Qué es la memoria inmunitaria?

 —Todo aquello que recuerda nuestro sistema inmunitario después de una batalla. Es como si escribiera unas memorias. «Me he peleado con este, este me ha atacado por aquí y me ha funcionado muy bien atacar con esto». Lo que hace es guardar toda esa información de esa batalla en la memoria inmunitaria que es, nada más y nada menos, las células. Células que han guardado toda esa información y que, en el caso de los linfocitos B, son los que han fabricado los mejores anticuerpos durante la batalla. Se han ido seleccionando aquellos linfocitos B que mejor han atacado al enemigo. Un grupo de ellos se coge y se guarda en nuestra sangre y en nuestra médula. Se quedan guardados por si acaso ese enemigo vuelve a salir. Así ya están preparados. Sin tener que esperar siete días para analizar la estrategia. En dos días está aniquilado y muchas veces ni nos enteramos de que ha entrado en el cuerpo de nuevo el mismo virus porque ya existe esa respuesta rápida.

Luego están los linfocitos T que también tienen memoria. Son los que se encargan de matar a las células infectadas y de coordinar toda la respuesta. Los que mejor han matado y los que mejor han coordinado esa respuesta. Se coge un pequeño grupo que también se guarda en nuestra sangre y ganglios linfáticos para que, si vuelve a entrar ese virus, salgan todos. Son células que han guardado toda la información de la batalla con el enemigo concreto para que si algún día se presenta de nuevo puedan atacar sin que le de tiempo ni a respirar. 

—¿Necesitan repasar la lección aprendida o sabrán cómo actuar siempre?

—Vamos a poner un número. Imaginemos que tenemos cien células de memoria. Se nos ha presentado el virus una vez, guardamos cien y si se presenta una segunda vez, esas cien ya van a multiplicar otras que son muy buenas. En la siguiente vamos a tener mil. Aunque cabe decir que hay un límite. No porque nos expongamos cuarenta veces al enemigo van a existir siete mil millones de células. Pero sí que se ha visto que cuando hay dos exposiciones al enemigo, incluso tres, según el virus, estas son aún más óptimas, más eficaces y más cantidad. Por eso muchas veces las vacunas son de dos dosis, tres dosis, para que esa memoria sea mayor y más eficaz. 

—Hay virus que aparecen y desaparecen, como el herpes. ¿Por qué?

—El herpes, aunque parezca un virus de la piel porque es lo que parece así de primeras, realmente lo que hace una vez que nos infecta es que se va a la parte interior de nuestro organismo. Va a los nervios, infecta neuronas. No solo tenemos neuronas en nuestro cerebro, también en todo nuestro cuerpo. Vamos a poner el ejemplo del herpes del labio, que es el más famoso. Digamos que va a los nervios que van alrededor de nuestra mandíbula, que son los más cercanos. Literalmente se desplazan a los nervios y se queda ahí latente. Eso quiere decir que entra su material genético dentro de las neuronas y se queda quieto. No hace que trabaje ninguna célula para él ni nada, simplemente se queda quieto. No se sabe muy bien por qué, pero ahí queda.

—¿Y por qué se activa de nuevo?

—Lo que sucede es que llega un día en el que nuestro sistema inmunitario se puede quedar un poco más flojo. Esto, el virus lo detecta. ¿Qué hace para reactivarse? Eempiezan a producirse unas pocas unidades de este virus en esas neuronas, viaja hasta las partes externas de la piel y produce reinfección que es la que vemos como esas heridas llenas de líquido. Que eso está lleno de virus, por favor, no se lo toque nadie, y vuelve a salir.

Otro factor que se ha visto es el sol. Cuando nos da mucho sol y hay mucho daño por rayos ultravioleta, eso activa unas cascadas de señalización en nuestro sistema inmunitario que también hace que el virus vuelva a salir. Se está intentando saber por qué sale, cuándo y cuáles son los factores. De hecho, la varicela es un virus del herpes que luego se convierte en herpes zóster, que la gente no sabe que es el mismo. El herpes que luego sale y que duele mucho es la varicela que ha entrado en esos nervios, se ha posado ahí y en algún momento de la vida sin saber por qué, vuelve a salir y como infecta nervios, causa un dolor bastante incómodo y para muchas personas, también incapacitante. Es porque tiene preferencias por los nervios y puede causar ahí una inflamación local que puede doler mucho. Ojo con los herpes que, parece que no, pero están ahí. Gente que hace cincuenta o sesenta años ha tenido la varicela y después le aparece un herpes. Y dice: «¿Pero esto, a mí, si no he estado con nadie que tenga herpes?». Ya, pero a lo mejor con doce años has pasado la varicela y ha estado ahí el virus esperando el momento. 

—Comentaba que el virus del herpes puede aprovechar que nuestro sistema inmunitario se encuentra «bajito» para volver a atacar de nuevo. ¿Es posible reforzar nuestro sistema inmunitario?

—Realmente con complementos alimenticios como tal, así a pelo, no funciona. Nuestro sistema inmunitario, por su complejidad, también está regulado por un montón de factores. Se puede reforzar con una vida saludable. Si no tenemos, por ejemplo, una alimentación correcta, puede generar inflamación. A nivel hormonal, el sistema inmunitario es muy sensible. Nos podemos hinchar a vitamina D, a vitamina C o la que sea y no hacer nada porque por otro lado, tenemos un desequilibrio. Dormir mal también afecta un montón al sistema inmunitario y a los ciclos circadianos. Tenemos que pensar que está en todo nuestro cuerpo y cualquier cosa que se descuadre puede afectar. A no ser que tengas una deficiencia diagnosticada por un médico, no nos va a ayudar. Para eso, lo mejor es hacer un estudio de cómo duermo, qué cómo y qué deficiencias puedo tener de vitaminas. Pero tomar algo para probar si funciona no es algo que no suele funcionar. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.