Carlos Lagares, odontólogo: «A través de la boca hemos descubierto hasta embarazos»

Lois Balado Tomé
Lois Balado LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Carlos Lagares recuerda que se han llegado a encontrar bacterias en el Alzhéimer presentes en la enfermedad bucodental.
Carlos Lagares recuerda que se han llegado a encontrar bacterias en el Alzhéimer presentes en la enfermedad bucodental. La Voz de la Salud

El experto adelanta que, probablemente, el futuro para tratar las caries pase por los probióticos y alerta del «peligro» de las patatas fritas en este sentido | Existe una correlación muy importante entre la enfermedad periodontal y los infartos

02 dic 2022 . Actualizado a las 18:56 h.

A través de ella comemos, hablamos y respiramos. Parece lógico que la boca sea una de las partes del cuerpo que más digan de nuestra salud. Carlos Lagares lleva años observándolas, fijándose en ellas. Él es odontólogo y licenciado en medicina, miembro de la junta directiva de la Asociación de Anomalías y Malformaciones Dentofaciales (AAMADE) y responsable de Formación de Residentes de la Universidad Europea de Madrid. Con él, teníamos una charla prevista sobre caries y los efectos del azúcar en nuestra salud bucodental, pero como la boca es el punto de partida y meta de casi todo en nuestra vida, pronto la charla se ramificó hacia zonas difíciles de relacionar, a priori, con nuestros dientes. Un ejemplo de la tendencia actual que marca la medicina, de cómo todo en nuestro cuerpo está conectado. Conexiones que, como en esta entrevista, van apareciendo de forma no deliberada.

—Esta semana nos han vuelto a decir que los humanos del paleolítico tenían mejor salud bucodental que nosotros, personas del 2022, ¿cómo es posible?

—Tiene su explicación. Hay dos hechos importantes en la historia de la humanidad que han influido en la salud oral: el cambio del paleolítico al neolítico y la revolución industrial. El neolítico, cuando dejamos de ser poblaciones cazadoras-recolectoras para pasar a cultivar y tener ganadería, influyó notablemente en la salud oral. Los paleolíticos no tenían caries porque cazaban y se alimentaban de bayas sueltas. En cambio, cuando se empezó a cultivar el trigo, a tener harinas, empezamos a introducir más hidratos de carbono en nuestra dieta. No es que en la naturaleza no estén presentes los hidratos, los hay, pero de una forma más sana. El ganado también supuso empezar a disponer de leche y quesos. Estos cambios en la dieta nos hicieron más propensos a las caries. La revolución industrial fue el otro gran cambio. Se empiezan a usar harinas mucho más refinadas, se empieza a comercializar la bollería, empiezan a aparecer los dulces que se utilizan para premiar a los niños y esto supone un cambio importante. Es verdad que en los restos dentales del paleolítico apenas se aprecian caries; los nuevos hábitos de alimentación cambian el paradigma.

—Nada que ver con que los humanos del paleolítico se lavasen mejor los dientes.

—No. No se cepillaban los dientes, pero es cierto que el ser humano tiene una forma natural de autolimpieza. Con la masticación, los propios dientes se limpian. De hecho, hay personas que no tienen el hábito del cepillado y que gracias a una buena masticación, a tener una buena saliva y a otros factores naturales tienen una buena autolimpieza. De hecho, las personas que están intubadas y no tienen masticación acumulan mucha más placa. La masticación, la lengua, los propios labios, producen autolimpieza. En el paleolítico, aunque no tenían cepillos de dientes como tal, aunque vete tú a saber si utilizaban algunas fibras u hojas para limpiarse, tenían que masticar fuerte la carne, esa masticación favorecía la autolimpieza. Con la aparición de productos más pastosos como el queso, la leche o la harina, empezamos a tener más residuos en la boca. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que la manzana es un buen recurso si no tienes posibilidad de lavarte un día los dientes. El cambio de dieta fue fundamental para la historia del ser humano y también influyó en nuestra salud bucodental.

—Le escucho hablar de hidratos de carbono, un nutriente que asociamos a la pasta o el pan. Lo que tradicionalmente hemos asociado a la caries es el azúcar. Sabemos que las gominolas producen caries, ¿pero el pan?

—El azúcar es un tipo de hidrato de carbono y todos los hidratos se degradan. El azúcar, tal y como la conocemos, es la sacarosa. Pero hay distintos tipos de azúcar. Desde la que hay en la fruta a la lactosa en la leche. Una cosa que es muy cariógena son las patatas fritas, que son hidratos de carbono; no azúcar. Las patatas fritas dejan residuos en la boca. La caries aparece porque en la boca tenemos unas bacterias que metabolizan los hidratos de carbono. Si directamente les damos azúcar, ya les damos el alimento intacto, pero si ponemos hidratos de carbono se metabolizarán generando azúcar. Y ese azúcar se convertirá en ácido láctico, que es lo que lesiona las paredes de los dientes. La caries se produce porque las bacterias que tenemos todos en la boca son acidogénicas; producen ácidos orgánicos, básicamente ácido láctico. Eso es por la fermentación de los carbohidratos. Ese ácido láctico baja mucho el pH y produce la desmineralización del diente. 

—La noche es un momento especialmente delicado. No hay masticación, por lo tanto tampoco hay autolavado. Hay quien dice que convendría lavarse los dientes antes de desayunar. 

—Generalmente, lo que es la limpieza la hacemos después de las comidas. Lo lógico es que después de una cena, cepillarse. En la boca siempre hay bacterias, buenas y malas, y las caries se produce por un desequilibrio entre este microbioma, ya sea por falta de higiene, mala dieta o nuestro tipo de saliva. Lo que es importante es que esas bacterias no tengan su 'alimento': los hidratos de carbono y el azúcar. Para entendernos, si no les das alimento, esas bacterias no hacen nada. Sin el aporte de hidratos de carbono, no producen ácido láctico. Si tú por las noches te has cepillado y nos has dejado restos, las bacterias estarán ahí, pero no harán nada. Otra cosa sería que ciertos pacientes que estén encamados, que se les seca la saliva, que están inmunodeprimidos o con alteraciones hormonales que pueden provocar que incluso no teniendo aporte, esas bacterias siguen activas. Por eso a las personas que están en las UCIs se les sigue cepillando los dientes, aunque muchos ni siquiera comen porque están con una sonda nasogástrica. ¿Qué es lo que pasa? Que esas bacterias que no parecían perjudiciales, por una boca seca, pueden convertirse en patógenas. Por eso conviene humedecerles la boca, cepillándoles con colutorios antisépticos. Pero en condiciones normales, no te tienes que cepillar hasta después de desayunar. Sí que hay personas que se levantan por la mañana con una boca estropajosa, seca, sin saliva, mal aliento. Ahí puede convenir, pero no porque pueda haber más caries, sino por higiene. Porque el mal olor en la boca la producen unas bacterias que provocan sulfuros volátiles. 

—Por tanto, hidratos y azúcar. ¿Ahí está el problema?

—Los factores principales se basan en una dieta saludable. Por ejemplo, está teniendo impacto el aumento de consumo de bebidas azucaradas energéticas entre los jóvenes. Estas bebidas son súper cariógenas, vienen con muchos azúcares más allá de la sacarosa: fructosa, maltosa, distintos componentes que son de por sí cariógenos. Otros factores que influyen mucho son los tóxicos como el tabaco o los fármacos, que los tenemos más relacionado con la enfermedad periodontal. Pero estos tóxicos pueden favorecer cambios en la interacción entre esos microorganismos que tenemos en la boca. Ha habido un cambio importante en los últimos años. Tradicionalmente hemos entendido que detrás de la caries había tres factores muy importantes: uno era la dieta, los azúcares y los hidratos de carbono; otro era la higiene; el tercer factor era constitucional, es decir, el tipo de diente. Tú puede heredar un esmalte buenísimo y, si no te cepillas, te puedes permitir el lujo de no tener caries si tienes una dieta sana no cariógena y has heredado un esmalte resistente. Durante muchos años hemos pensado que la caries se debía a la combinación de estos tres factores —un mal esmalte, una higiene defectuosa y una dieta mala—, pero esto se ha quedado anticuado.

Tradicionalmente la caries se entendió como la coincidencia de tres factores: una mala dieta, una mala higiene y un mal esmalte.
Tradicionalmente la caries se entendió como la coincidencia de tres factores: una mala dieta, una mala higiene y un mal esmalte. La Voz de la Salud

Desde hace ya bastante tiempo tenemos la teoría ecológica, que nos dice que en la boca debe existir un equilibrio entre distintos microorganismos, tanto patógenos como no patógenos,además de todos esos factores extrínsecos (la dieta, los tóxicos, la higiene) e intrínsecos (la genética, el sistema inmune las hormonas o el medio bucal). Cuando todo esto está en orden, lo denominamos eubiosis, un equilibrio activo en la que una parte de la balanza están los microorganismos y en la otra factores como la saliva, la dieta saludable, el estilo de vida, el equilibrio hormonal, la higiene o nuestro sistema inmunitario. Cuando está todo equilibrado, sele llama eubiosis; cuando no, hay disbiosis, y es en ese estado cuando se produce la enfermedad bucal, básicamente la caries, la enfermedad periodontal o la candidiasis. Por ejemplo, que tengamos hongos no solo depende de que un hongo entre en nuestra boca, también del estado de nuestro sistema inmunitario, de nuestra higiene o nuestras hormonas. 

—La verdad, esta nueva perspectiva lo hace todo mucho más difícil. Pensar que una caries depende de nuestro nivel de anticuerpos lo complica todo bastante. 

—Efectivamente. Pero es que en la actualidad, en salud, todo tiende a complicarse mucho más. Ahora estudiamos la microbiota oral, a saber qué bacterias son las buenas o las malas y el futuro posiblemente pase por tratar la caries mediante probióticos. Introducir esas bacterias que sabemos que son buenas para la boca, que logren desplazar a las 'malas' y que logremos tener un equilibrio. También los prebióticos, que es lo que damos a los probióticos para alimentarse. Está muy de moda entre los deportistas el utilizar verduras en zumos, como la remolacha, para explotar una vía llamada nitrato-nitrito-óxido nítrico y que se produce en la boca gracias a las bacterias. El nitrato que viene de las remolachas se convierte en nitrito, eso pasa a la sangre y en el tubo digestivo se convierte en óxido nítrico que es un vasodilatador que baja la tensión, el estrés metabólico, y por eso los deportistas rinden mucho más. Hay muchísimos estudios en jugadores de rugby de élite o corredores de maratón que miden su rendimiento mediante la administración de nitratos gracias a, por ejemplo, el zumo de remolacha. Las responsables de esto son unas bacterias que están en la boca. Gracias a ellas es posible porque los seres humanos no tenemos esa vía metabólica en el organismo. Sería interesante poder controlar o modular estas bacterias para poder contrarrestar a las otras. Todo esto está empezando, pero es el futuro, independientemente de que sigamos con los tratamientos habituales de la caries. 

—Se escucha mucho en otras especialidades que los probióticos son el futuro, pero sorprende que sea también el futuro de la salud bucal.

—Es que es posiblemente los probióticos sean el futuro de una medicina mucho más personalizada. Si fuésemos capaces de, en el momento en que identificamos un marcador de una enfermedad, poder modularlo con un probiótico, además de poder determinar el diagnóstico y un tratamiento más adecuado, nos permitiría poder conocer su trayectoria y tener un pronóstico más definido. La medicina personalizada va por ese camino, el de entender que no hay un cáncer de colon como tal, sino que un cáncer de colon se ha producido por esto o por aquello. En poder encontrar un tratamiento adecuado y poder conocer su pronóstico. Y con la boca pasa lo mismo. Estamos empezando, estas teorías existen desde los años setenta, pero ahora están cogiendo impulso. 

—En este enfoque más holístico, en el que se es capaz de saltar de una caries a un cáncer de colon, ¿una buena salud oral puede funcionar como prevención de enfermedades que, en teoría, no tengan relación entre ellas?

—Uf, un montón. La relación con enfermedades sistémicas es importantísimo. Ahora se habla mucho de la relación entre las enfermedades orales y el alzhéimer. La porphyromonas gingivalis es una bacteria que tenemos en la enfermedad periodontal que determinamos por PCR y se ha visto que produce una toxina que se ha encontrado en los cúmulos amiloides del cerebro en la enfermedad de Alzhéimer. Se está estudiando la enfermedad periodontal con el Alzhéimer. Si esa toxina puede llegar a través de la sangre y, no se sabe cómo, traspasar la barrera hematoencefálica; o si puede viajar por una vía neurógena, del nervio dental y del trigémino, y que llegue al cerebro. O antes que ha salido el cáncer de colon, que está relacionado con la fusobacterium nucleatum, una bacteria que está muy implicada en el desarrollo de la placa que produce la caries. También es conocido la influencia en la artritis reumatoide, la diabetes y otras muchas enfermedades sistémicas, aunque las más conocidas para todo el mundo son las enfermedades cardiovasculares. Existe una correlación muy importante entre la enfermedad periodontal y los infartos, con las enfermedades vasculares, esto es algo que está muy desarrollado. También hay estudios que hablan de una relación con el cáncer de páncreas. 

—Casi no me atrevo a preguntar, ¿qué se puede saber de una persona a través de sus dientes?

—Básicamente, encontramos muchísimos malos hábitos. Ayer tuve una consulta con una mujer que tenía unos desgastes muy grandes de los dientes, pero solo en el lado derecho. Preguntando, preguntando, descubrimos que tenía la costumbre de meterse una pipa entre los premolares, aunque no fuma. De pequeña siempre mordía bolígrafos y ese mal hábito ha acabado por pasarle factura. Descubrimos muchas veces problemas de bulimia por un desgaste de la cara lingual de los dientes debido a los ácidos del estómago. Y a lo mejor son niñas que no lo dicen en casa y nos obliga a hablar con los padres. Puede haber excepciones, pero también dice mucho de la psique de una persona. Creo que unos dientes muy descuidados dicen mucho de la personalidad de una persona. Si vemos que una encía no cicatriza correctamente después de una extracción nos hace sospechar de una diabetes, por ejemplo. Hemos diagnosticado hasta embarazos. Pacientes que no sabían que estaban embarazadas y que nos visitan para hacerse una limpieza porque ''mira cómo estoy''. Pero es que las encías tienen receptores hormonales, de progesterona. Sabía que una paciente estaba intentando quedarse embarazada, que siempre había tenido muy buena higiene, y apareció con una gingivitis tremenda. Me llamó a los dos días para decirme que estaba embarazada. Es una profesión muy interesante porque se diagnostican muchas cosas. 

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Sería fácil establecer una estadística que desprendiese que el bruxismo es una condición que afecta mucho más a personas casadas que a la población soltera. Aunque es más que probable que el número de casos diagnosticados así lo demuestre, sería un grave error concluir que pasar por la vicaría (o el ayuntamiento) es un factor de riesgo para que empecemos a rechinar los dientes. La explicación es sencilla, es mucho más fácil detectar una patología que de manera común se evidencia mientras dormimos si tenemos a alguien con nosotros en la cama que nos advierta de ello al día siguiente.

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Lois Balado Tomé
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A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.