La anorexia, una enfermedad de santas y de jóvenes milagrosas

ENFERMEDADES

Pintura de Francesco Brizzi de Jesús ofreciendo la comunión a Santa Catalina de Siena; su historia dice que solo rompía su ayuno para comulgar.
Pintura de Francesco Brizzi de Jesús ofreciendo la comunión a Santa Catalina de Siena; su historia dice que solo rompía su ayuno para comulgar. La Voz de la Salud

La recién estrenada película «El Prodigio», protagonizada por Florence Pugh, trae a la actualidad a las «fasting girls» del siglo XIX, para muchos consideradas como una de las primeras expresiones públicas de Trastornos de la Conducta Alimentaria

28 nov 2022 . Actualizado a las 14:13 h.

Los problemas de la esfera psiquiátrica y psicológica son patologías relativamente 'recientes'. Como muestra, un botón. Hace no mucho, en La Voz de la Salud salimos a la calle micrófono en mano para preguntar a personas de distintas generaciones (boomers, X, millennials, Z) sobre trastornos de salud mental como la ansiedad o la depresión con el fin de constatar las distintas sensibilidades entre ellas hacia este problema. No fue ninguna sorpresa encontrarnos respuestas como «en mi época la ansiedad no existía» en personas de más de cincuenta años. Evidentemente, los trastornos ansiosos ya existían antes de 1970 —otra cosa es que no los llamásemos por su nombre—. Aplicar la misma lógica a los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), parece igualmente válido, pese a que no fuese en la década de los setenta cuando se popularizó el término anorexia. 

En 1873, el médico británico William Withey Gull —doctor de la reina Victoria— bautizó la llamada anorexia nerviosa. A él se le atribuye ponerle nombre por primera vez, pese a que en diversos documentos del siglo XIX ya hay referencias a este problema por otros médicos de los Estados Unidos o Francia. Y no hace falta revelar que en el 1873 no había Internet ni historias clínicas compartidas. ¿Pero y antes de todo esto? «El Prodigio», la última película protagonizada por Florence Pugh para Netflix y que se ambienta en la Irlanda de 1862 nos da pistas sobre los ancestros de los problemas de TCA en las sociedades occidentales. 

La película cuenta el caso de Anna O'Donnell, una niña que, pese a supuestamente llevar cuatro meses sin alimentarse, no parece verse resentida en su salud. En la región irlandesa de Midlands del siglo XIX, una zona fuertemente marcada por su carácter religioso, atribuyen este caso a una especie de milagro. La discusión 'científica' gira alrededor de si la joven es o no una santa que sobrevive del «maná del cielo». Florence Pugh es en la película una enfermera británica —con todo lo que eso significa cuando se mezcla la religión y la historia de ambos países— que acude a resolver el enigma. Y hasta aquí podemos llegar sin caer en spoilers. Por muy extravagante que pueda parecernos creer que alguien puede sobrevivir sin alimentarse, en la época victoriana este modelo —mujeres jóvenes que, en teoría, no precisaban alimentarse para sobrevivir— fue un fenómeno que se reprodujo en varias partes del mundo. Se las conocía como Fasting Girls (mujeres ayunadoras, en castellano) a las que se les atribuían poderes mágicos o religiosos. Hoy, muchos ven en ellas uno de los primeros ejemplos históricos de casos de anorexia

En el pasado eran santas, hoy serían pacientes de TCA

Es difícil saber a ciencia cierta quién fue el primer paciente de anorexia o bulimia de la historia. Solo disponemos de pistas e hipótesis. Catalina de Siena fue canonizada por el papa Pío II en el año 1461. El Vaticano la reconoce como copatrona de Europa e Italia, todo un mérito para la figura de una mujer que vivió una existencia plagada de desgracias desde su nacimiento en el año 1347 hasta su muerte en 1380, según sus biógrafos. Cuando nació, su madre tenía 40 años y ya había dado a luz a veintidós hijos, de los cuales la mitad fallecieron —entre ellas su hermana gemela, algo que la habría marcado psicológicamente—. A los siete años se consagró a la mortificación y la castidad. Sus padres trataron de arreglarle un matrimonio, pero a los 18 años se hizo monja, se sometió al cilicio y comenzó a realizar períodos de ayuno solo interrumpidos por la Eucaristía. Fallecería con 30 años. Una muerte en la que sus prolongados tiempos de ayuno tendrían mucho que ver. Según el historiador Rudolph Bell, una anorexia nerviosa estaría detrás de su muerte.

El caso de Catalina de Siena no es único entre el santoral. A Santa Lidwina de Schiedam, patrona del dolor crónico —considerada también como el primer caso documentado de esclerosis múltiple— se le atribuye la capacidad de no comer ni dormir; también a Santa Ángela de Foligno, otra que usó la privación de comida y los ayunos como penitencia. Y no hay que irse a la época medieval. Sobre Teresa Neumann (1898-1962), se dice que vivió 40 años sin comer ni beber. Fue declarada sierva de Dios por la Iglesia católica en el 2004 y actualmente está en proceso de beatificación. Son algunos ejemplos en los que la ausencia de alimentación fue considerada una virtud milagrosa. Pero hay casos de este tipo en casi todas las religiones y creencias.

Las 'Fasting Girls', un fenómeno social en el siglo XIX

Joan Jacobs Brumberg, profesor asociado de historia en la Universidad de Cornell, escribió en 1982, cuando trabajaba en el Centro de Estudios Americanos Charles Warren de la Universidad de Harvard, su libro «Fasting Girls: la eclosión de la anorexia nerviosa». En él, el historiador analiza como la anorexia nerviosa en el siglo XIX seguía patrones distintos a los de la actualidad —en la que esta patología es transversal en occidente sin importar el estrato social—. «La anorexia se relaciona a lo largo de la historia con el ascenso de la clase media. En el siglo XIX existía un componente de privilegio emocional y material de las niñas afectadas. En una cultura de riqueza, la comida y la alimentación se vuelven muy importantes para las personas. La anorexia emerge en entornos culturales en los que hay abundancia de alimentos. No existe anorexia en el tercer mundo», explicaba el profesor en una entrevista para el New York Times en 1985. Una pieza en la que hacía referencia al aumento de la incidencia de la anorexia de Japón en aquella época y que, ya en el siglo XXI, ha acabado por convertirse en un problema de salud pública en la isla. 

Pese a que no existen estadísticas de la prevalencia de los TCA en el siglo XIX, sí se sabe que las causas no eran tan distintas a las que se esconden detrás de ellos hoy en día. Principalmente, la presión social por la imagen. A finales del siglo XIX, la delgadez imperaba en el canon de belleza femenino. Entre las mujeres de las clases sociales privilegiadas, entre la burguesía, se veía comer poco como un símbolo de elegancia; mostrar apetito no era de mujeres de alta cuna, sino propio de la clase trabajadora. Y en este caldo de cultivo social y cultural surge el milagro de las fasting girls que se ven reflejadas en la película protagonizada por Florence Pugh en este 2022.

¿Qué eran las fasting girls?

Durante la época victoriana en Reino Unido y Estados Unidos, se conoció como fasting girls a una serie de chicas muy jóvenes que alcanzaron gran popularidad por su fama de milagrosas gracias a su supuesta capacidad de no necesitar comer para sobrevivir. En la actualidad se les considera como unas de las primeras expresiones públicas de un Trastorno de la Conducta Alimentaria. 

¿Pero realmente no comían las mujeres ayunadoras?

Las estimaciones científicas calculan que un ser humano puede sobrevivir entre ocho y veintiún días sin comida. Eso en el siglo XXI, con nuestra esperanza de vida actual y las mejores condiciones sanitarias. De hecho, las historias de las fasting girls tenían dos finales recurrentes: la muerte o el fraude. Sus milagros eran breves. Sin embargo, en el tiempo en el que duraba su fama, lograron llamar la atención de poderosos inversores. Evidentemente, estos casos eran enormes rarezas, y hubo quién vio negocio.

Fue el caso de Josephine Marie Bedard, más conocida como la chica de Tingwick (una pequeña localidad de Canadá). Dos empresas de Boston, Nickelodeon (nada que ver con el actual canal de televisión) y el museo Stone and Shaw, litigaron en los tribunales por el derecho de exhibir a la chica en público como un 'fenómeno médico'. Un milagro que, finalmente, acabaría por destaparse como un fraude. 

Evidentemente, y pese a las limitaciones de la práctica médica victoriana, estos casos levantaban más que sospecha entre la comunidad médica. Era común que sus grandes relatos saltasen a la fama de boca de vicarios y otros religiosos, pero lo cierto es que muchas de estas historias cayeron por su propio peso cuando sanitarios profesionales se propusieron hacer supervisiones médicas constantes a las pacientes —una historia muy similar a la llevada a la pantalla por Netflix—. Esto le ocurrió a Sarah Jacob, conocida como la 'chica ayunadora de Galés', fallecida prematuramente a la edad de doce años. Sus padres consintieron que los médicos supervisasen sus hábitos alimenticios —o su ausencia de ellos— de manera constante. No se la alimentaría, pero tampoco se le negaría comida si la solicitaba. Todo debía quedar registrado. Tras dos semanas de supervisión, la joven milagrosa comenzó a dar muestras de inanición. Pero sus padres, empeñados en demostrar al mundo el milagro de su pequeña, no aceptaron retirar la supervisión de los médicos. Unos días más tarde, Sarah Jacob fallecería. La investigación reveló que la joven comía en cantidades muy pequeñas y en secreto en su casa. Sus padres fueron condenados por homicidio.

Los médicos, muchos de ellos todavía no conocedores de fenómenos como la anorexia, solían atribuir este tipo de conductas a problemas de histeria. Fue en una pequeña pieza informativa del New York Times, en un fondo de página a seis columnas, cuando Carol Lawson relacionó por primera vez estos fenómenos sociales con el espectro del TCA. Más tarde, el doctor Walter Vandereycken, profesor del departamento de psicología clínica en la Universidad de Leuven (Bélgica) y experto en prevención y tratamiento de trastornos alimentarios publicaría su libro «From Fasting Saints to Anorexic Girls: The History of Self-Starvation» (De las mujeres ayunadoras a las chicas anoréxicas: la historia de la auto-inanición».

Uno de los tratamientos para la histeria femenina era la masturbación asistida.

Esta es la historia de la «histeria femenina» o de cómo se inventó el vibrador

Cinthya Martínez

A día de hoy, la RAE recoge la palabra histeria como una enfermedad nerviosa que se caracteriza por frecuentes cambios psíquicos y alteraciones emocionales que pueden ir acompañados de convulsiones, parálisis y sofocaciones. Pero si accediésemos a algún tratado médico del siglo XIX, seguramente encontraríamos la definición de «histeria femenina», una misteriosa enfermedad que solo afectaba a las mujeres. Entre el amplio abanico de síntomas de aquellas que la padecían en la era victoriana, recogidos por la historiadora Rachel P. Maines, se incluían desfallecimientos, dolores de cabeza, pesadez abdominal, espasmos musculares, pérdida de apetito, insomnio, retención de fluidos o irritabilidad.

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Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.