Marian Ramírez, paciente de sarcoma de Ewing: «Me dijeron que disfrutara de mi hija, que tenía un año»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Marian Ramírez recibió el diagnóstico de sarcoma de Ewing con 32 años. Hoy se encuentra recuperada.
Marian Ramírez recibió el diagnóstico de sarcoma de Ewing con 32 años. Hoy se encuentra recuperada.

A nueve años del diagnóstico, Marian está libre del sarcoma, pero sigue con el miedo latente a una recaída

04 oct 2022 . Actualizado a las 11:53 h.

El sarcoma de Ewing es un tipo de cáncer poco común que afecta a los huesos o al tejido blando que los rodea. Aunque suele aparecer en la infancia o la adolescencia, puede ocurrirle también a personas adultas. Este ha sido el caso de Marian Ramírez, que descubrió que tenía la enfermedad en el 2013, con 33 años.

Su historia, distinta a la del paciente típico de este tipo de tumores, comenzó hace diez años. «Me noté un bultito en el empeine del pie. Un bultito muy pequeño, como un garbancito. Y la verdad es que no le di ninguna importancia, pero el bulto empezó a crecer y entonces fui a mi médico. El médico me miró, no me pidió ninguna prueba, y simplemente me dijo que era un ganglión. Y se quedó ahí, pero el bulto seguía creciendo», cuenta Marian. Este fue el principio.

Un ganglión es un quiste en forma de burbuja o bola que aparece en los tendones o las articulaciones de las manos, las muñecas, los tobillos o los pies. Se trata de bultos gelatinosos formados por líquido, que pueden causar dolor o molestia si están ubicados de tal forma que lleguen a presionar un nervio, pero no representan riesgo alguno para la salud del paciente. Incluso, en muchos casos, los quistes desaparecen por sí solos.

Esto no fue lo que le ocurrió a Marian. «Todo esto fue en cuestión de un año. Durante este tiempo, el bulto simplemente crecía y ya. No tuve dolores jamás, porque no me tocaba el hueso, era un tumor extraesquelético», dice. Aunque ella aún no lo sabía, su problema iba más allá de un quiste ganglionar. Su vida estaba en riesgo. Pero tuvo que cambiar de médico para recibir, finalmente, un diagnóstico. A esas alturas, llevaba aproximadamente un año con este bulto.

«Me cambié de domicilio y entonces fui a otro médico diferente. Me dijo lo mismo, que el bulto era un ganglión. Ya tenía el tamaño de un higo. En cuestión de meses había crecido mucho. Me mandaron a cirugía por estética. Yo estaba tranquila, pero me lo quería quitar. Me llamaron para operarme, era una operación ambulatoria, con anestesia epidural», recuerda Marian.