Los rostros del síndrome de Turner: «Pensé, no voy a tener hijos pero estoy bien. Ahora veo las otras consecuencias»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martinez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

De izquierda a derecha: Trinidad Rico, Yolanda Rodríguez, Clara Moyano y Laura Maldonado.
De izquierda a derecha: Trinidad Rico, Yolanda Rodríguez, Clara Moyano y Laura Maldonado. La Voz de la Salud

En el Día Mundial del Síndrome de Turner, estas cuatro mujeres cuentan su historia para dar visibilidad a un trastorno que puede conllevar problemas de corazón y audición, osteoporosis y una larga lista de síntomas

01 sep 2022 . Actualizado a las 21:26 h.

Trinidad, Laura, Clara y Yolanda tienen vidas totalmente diferentes, pero con algo en común: una X. Esa que tienen ausente o incompleta. Cuatro mujeres que cuentan su historia a La Voz de la Salud con el objetivo de dar un poco de luz a las aproximadamente sesenta niñas que se cree que nacen cada año en España con la misma característica que ellas. Son los rostros que hay detrás del síndrome de Turner, un trastorno genético que afecta solo a las mujeres, por una falta total o parcial del cromosoma X

«El problema con el síndrome de Turner es que los síntomas no siempre son visibles. E incluso nosotras mismas, somos capaces de disimularlo», confiesa Trinidad Rico. Con 52 años, echa la visa atrás para contar cómo sus abuelos maternos se dieron cuenta en su día de que algo no iba bien: «Mis padres no le daban importancia al hecho de que yo no estaba creciendo lo que tenía que crecer, porque normalmente suele ocurrir que la gente lo suele achacar a que parte de los familiares son más bajitos de lo normal». En un viaje a Canadá, aprovecharon para realizarle pruebas. «Desgraciadamente mi abuela murió y esa fue una de las razones que removió a mis padres para hacerme las pruebas. Y allí se me diagnosticó», cuenta. 

Por aquel entonces, Trinidad tenía ocho años. Al volver a España, a su familia le recomendaron un doctor, que trabajaba en Granada, él la empezó a tratar y vigilar. Uno de los objetivos era conseguir la hormona de crecimiento, ya que su talla era menor a las niñas de su edad, pero se la rechazaron. «Tuvimos que trasladar el expediente médico a Málaga porque allí sí nos la aceptaron. Normalmente es fundamental y es el primer tratamiento que suele tener una Turner a no ser que ya vayas con un problema estructural cardíaco o renal», señala. Cuando cumplió los 16 años, los médicos consideraron que era el momento de administrarle estrógenos. 

Cuenta que su adolescencia fue similar a la de cualquier chica de su edad, al igual que sus primeros años de adultez: «Yo veía que mis hermanos se tiraban dos o tres horas estudiando y sacaban buenas notas, mientras yo tenía que estar toda la tarde para llegar a la misma cualificación que ellos. Pero lo conseguía. Me licencié en Filología Inglesa y pasé por diferentes trabajos. Hasta que llegué a un puesto de trabajo de ocho a tres, tranquila». 

Más allá de la talla baja, la malagueña asegura que el síndrome no le afectó en otros aspectos de su vida. «Se me dice que tengo que ir controlando la cuestión del hígado y así fui tirando hasta que a los 37 años empecé a quejarme mucho de los huesos. Me había hecho un alargamiento con 20 y empecé a quejarme de los tobillos, de esto, lo otro... De pronto me subió la tensión y me diagnosticaron hipertensa», narra. Pero llegó un punto en el que Trinidad no pudo más: «Cada tres días me tenía que ir a urgencias a que me inyectaran paracetamol en vena para calmar los dolores y poder ir a trabajar. Llegaba a mi casa y solo dormía, para poder ir al trabajo al día siguiente. Hubo un momento en el que tenía que llamar a un taxi para hacer pequeños tramos andando, porque ni siquiera eso podía».