El síndrome de Williams, cuando la sociabilidad y la empatía son un signo

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

El síndrome de Williams afecta a uno de cada 7.500 recién nacidos.
El síndrome de Williams afecta a uno de cada 7.500 recién nacidos. La Voz de la Salud | iStock

Se trata de una alteración genética del desarrollo que se caracteriza por unos rasgos físicos y cognitivos determinados

14 ago 2022 . Actualizado a las 10:08 h.

Alegría, optimismo, empatía y sensibilidad. Rasgos que en cualquier caso son positivos, pero que, acompañados de un diagnóstico pueden dar forma al síndrome de Williams. Un trastorno del desarrollo que aparece en uno de cada 7.500 recién nacidos. No es una enfermedad, aunque entra en el cajón de las poco frecuentes, o mal llamadas, desconocidas. 

Es genética: «Se debe a una deleción en el cromosoma 7, que se denomina submicroscópica porque no se aprecia bien cuando se visualizan los cromosomas al microscopio», explican desde la asociación nacional. Este fenómeno consiste en la pérdida de parte del material genético, en concreto, de un número de genes.

Los afectados por esta alteración se caracterizan por ser extremadamente sociables, amigables, empáticos, entusiastas, cariñosos y desenfadados. «No distinguen entre amigos y conocidos», cuenta la presidenta de la Asociación del Síndrome de Williams de España, Marta Cantero. Más allá de lo tierno que pueda sonar, es peligroso. Pueden contar secretos a un desconocido. Precisamente, el trabajo desde que son muy pequeños es fundamental. «Son capaces de entablar una amistad con cualquiera, pero carecen de habilidades sociales», detalla la presidenta.

La terapia, a su vez, «les ayuda a gestionar la frustración que sienten por no poder hacer todo igual que los niños de su alrededor», añade. Más allá de la singularidad propia de cada individuo, esta alteración se materializa en el desarrollo. Supone un déficit cognitivo de leve a moderado, las funciones ejecutivas como la atención, la memoria operativa o la flexibilidad cognitiva también pueden verse afectadas.

Además, los distintos hitos evolutivos se consiguen más tarde que una persona neurotípica, es decir, hay un retraso en el desarrollo madurativo desde temprana edad. Tienen cierta tendencia a la ansiedad, y dificultades de integración sensorial como visual, olfativa o gustativa, como a la hora de aprender en la escuela. Por otra parte, si la persona presenta cierta dificultad atencional, esto podrá ir acompañado de cierta impulsividad e hiperactividad.