¿Por qué no todas las pastillas llevan el mismo blíster?: «Se selecciona en función de sus características y su sensibilidad al ambiente»

EL BOTIQUÍN

Un blíster de aluminio-aluminio (a la izquierda) y uno de aluminio-PVC (en el centro) ofrecen diferentes grados de protección ante factores ambientales.
Un blíster de aluminio-aluminio (a la izquierda) y uno de aluminio-PVC (en el centro) ofrecen diferentes grados de protección ante factores ambientales. iStock

Cada vez que abrimos una caja de un medicamento, el envase que lo contiene nos está dando pista de cuáles son sus necesidades de conservación

28 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Al abrir un medicamento, uno no se suele deleitar en eso que últimamente se da por llamar packaging, un nombre de lo más chic para referirse al envase de toda la vida. Ya sea porque el cartón no es un material noble que nos haga derretirnos con su tacto y propiedades únicas, por las prisas de querer ingerir un comprimido que alivie nuestros síntomas o porque sufrimos un leve brote de ira cuando abrimos la caja y siempre nos coincide hacerlo por el lado del prospecto, los blísteres acaban siendo rápidamente espachurrados, sin que se vuelva a pensar en ellos hasta la siguiente toma. Sin embargo, el blíster —traducción literal del inglés de la palabra «ampolla»— de cada fármaco que podemos encontrar autorizado en España, Europa y, en realidad, en todo el mundo, es como es por una razón. Nada es fruto del azar. 

Por ejemplo, ¿se han preguntado por qué en un blíster de comprimidos de paracetamol, por poner uno cualquiera, se puede ver la pastilla a través de una película transparente y, sin embargo, las pastillas de un antibiótico como la amoxicilina suelen estar tapadas por un manto de aluminio? No se trata de un arrebato creativo del diseñador y mucho menos de una casualidad: cada empaquetado ofrece información valiosa sobre las vulnerabilidades de un medicamento. Algunas son obvias; otras, no tanto. 

Todo el mundo ha acabado con algún blíster huérfano de caja dentro de un cajón o armario y, sin embargo, no ha tenido problemas para identificar el principio activo que incluía. Eso es, porque por legislación —y por pura lógica— debe ser indicado en el propio envoltorio el contenido del mismo. «El blíster forma parte del envase del medicamento y constituye su acondicionamiento primario. De acuerdo con lo establecido en la legislación de aplicación, debe permitir identificar de forma inequívoca el medicamento que contiene. Como mínimo, incluye el nombre del medicamento, la fecha de caducidad, el número de lote y el titular de la autorización de comercialización, así como cualquier información necesaria para garantizar su conservación y uso seguro», indican desde la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Por continuar con lo evidente, en ciertos anticonceptivos el blíster juega un papel fundamental, ya que funciona como unas instrucciones de uso básicas. En estos casos, aporta información necesaria para la correcta administración del medicamento. Pero esto solo es el principio, la explicación podría hasta sobrar, pero hay muchísimo más.

 El cuidado de los detalles

En las últimas semanas comenzaron a circular por redes sociales diferentes vídeos sobre estos envases de cuentas dedicadas al mundo del medicamento. Mostraban distintos tipos de blísteres y varias preguntas que demasiadas veces han pasado desapercibidas: ¿por qué los envases de las pastillas a veces son de color naranja? Lo más habitual es que el contenido de las cajas sea plateado, ¿pero por qué no siempre es así?, ¿qué peculiaridades tienen los comprimidos que vienen protegidos por este tipo de blísteres?, ¿por qué a veces se puede ver la pastilla y por qué otras no?, ¿todas se pueden sacar alegremente de sus paquetes para ser depositadas en un pastillero despojadas de su protección?

Según apuntan desde AEMPS a preguntas de La Voz de la Salud, «con carácter general, el color y el diseño del blíster no guardan relación con la naturaleza del comprimido». Pero a veces pueden existir preparaciones para las que es necesario aumentar la protección ante ciertas condiciones ambientales y que esa protección condicione el diseño. Ahí sí, el envase cambia frente a lo que estamos acostumbrados. Esto sucede cuando «el blíster por sí solo no ofrece una barrera suficiente para garantizar la estabilidad del medicamento durante toda su vida útil».

En el Centro de Información Online de Medicamentos de la AEMPS (CIMA) pueden consultarse la ficha técnica y el prospecto de los medicamentos autorizados en España. Aunque solo sea por curiosidad como usuarios, es de lo más recomendable visitar las fichas técnicas disponibles. Si bien se incluye contenido estrictamente científico —como sus propiedades farmacodinámicas, farmacocinéticas o datos clínicos—, también nos da las pistas para entender por qué un medicamento va dentro de uno u otro blíster. Al igual que sucede con los prospectos, cuya estructura es por ley siempre la misma independientemente del medicamento, con las fichas técnicas de los compuestos comercializados en España ocurre lo mismo. Así, en el sexto epígrafe de todas ellas se detallan los llamados «datos farmacéuticos», donde a su vez encontraremos todos los detalles sobre el envoltorio que los cobija, así como su composición. 

«Los blísteres pueden estar formados por materiales plásticos, aluminio o una combinación de ambos, como PVC-aluminio, PVC/PVDC-aluminio o aluminio-aluminio, entre otros», detallan desde la agencia. «Tanto la ficha técnica del medicamento (sección 6.5 - Naturaleza y contenido del envase) como el prospecto (sección 6 - Contenido del envase e información adicional) incluyen información sobre la composición del blíster. La composición del mismo, usado como material de acondicionamiento primario de un medicamento, se selecciona en función de sus características y de su sensibilidad a factores ambientales, como la humedad, la luz o la temperatura. Cuanto más sensible sea el medicamento, mayor deberá ser la capacidad protectora del material. Por ejemplo, en medicamentos especialmente sensibles a la humedad pueden emplearse blísteres aluminio-aluminio, que ofrecen una barrera protectora más eficaz»

¿Qué pasa entonces si el blíster es naranja?

Nadie parecía haberse percatado de cada blíster está ahí por algo, de que cada uno es como es por una razón, hasta que en las últimas semanas comenzaron a hacerse virales una serie de vídeos —es difícil trazar quién fue la primera persona que comenzó a hacer contenido sobre el tema— sobre por qué algunos blísteres presentan, por ejemplo, una película naranja. «Si el blíster es de color, como este que es amarillo, significa que es sensible a la luz, por lo tanto no podemos colocarlo en el pastillero», se dice en un vídeo subir por la cuenta @farmaciaschester y que acumula más de cuarenta millones de visualizaciones. «Si el blíster es blanco y puedes ver el comprimido o la gragea, el medicamento puede ir en el pastillero», se afirma también en este vídeo. 

Si bien la información es correcta, desde la AEMPS aclaran que esa relación entre color y protección no es tan estrecha como podría interpretarse. «Es un vídeo divulgativo que, a grandes rasgos, da información cierta, si bien hay aspectos matizables. Se hace referencia a blísteres de color amarillo o naranja relacionándolos con medicamentos con principios activos fotosensibles, pudiendo dar la impresión de que los blísteres requeridos para medicamentos fotosensibles deben ser de ese color cuando, en realidad, el aspecto relevante es la opacidad del envase, no el color per se», apuntillan.

El caso de Estados Unidos (y otros países)

Aquí, surge una pregunta, ¿qué ocurre entonces en países como Estados Unidos en los que la mayoría de las dispensaciones farmacéuticas se realizan en botes con comprimidos contados y no en blísteres que ya salen así desde la industria? ¿Acaso no están los medicamentos que reciben esos pacientes de sus boticas fotoprotegidos? Desde el organismo regulador aclaran que no puede afirmarse que la conservación de un medicamento sea peor en frascos que en blísteres. «En formas farmacéuticas orales sólidas, como comprimidos o cápsulas, ambos sistemas pueden ser adecuados si proporcionan la protección necesaria para el medicamento concreto. La elección debe valorarse caso por caso, teniendo en cuenta las características del medicamento, la composición del envase, sus propiedades de barrera y los resultados de los estudios de estabilidad. Estos principios son de aplicación tanto para blísteres como frascos. Por ello, un bote de este tipo no implica necesariamente una menor protección, siempre que el sistema de acondicionamiento haya demostrado ser adecuado para conservar la calidad del medicamento durante su período de validez», comentan desde AEMPS. De hecho, basta fijarse un poco para apreciar que esos frascos que todos hemos visto en series y películas, también suelen tener un color anaranjado.

Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.