Marta Pérez, ginecóloga: «La terapia hormonal para la menopausia es un tratamiento fundamental, no debería faltar»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

La ginecóloga Marta Pérez Adán.
La ginecóloga Marta Pérez Adán. SANTI M. AMIL

La experta explica las causas que podrían haber desencadenado el desabastecimiento de fármacos como Lenzetto, un espray utilizado para tratar síntomas como los sofocos

02 oct 2026 . Actualizado a las 17:22 h.

El fármaco Lenzetto, utilizado para el tratamiento de síntomas que se asocian a la menopausia, se encuentra en una situación de desabastecimiento en las farmacias. El problema, que según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) comenzó en marzo de este año, se está solucionando lentamente y se espera que el suministro vuelva a la normalidad en noviembre. En Galicia, algunas farmacias han recurrido a ofrecer alternativas a las pacientes, pero no siempre es posible acceder a ellas. La doctora Marta Pérez Adán, ginecóloga del Complexo Hospitalario Universitario de Ourense, explica todo sobre esta terapia de sustitución hormonal que no solo ayuda a mujeres en edad menopáusica a mejorar su calidad de vida, sino también a otros colectivos, como aquellas en menopausia precoz o mujeres trans.

—¿Cuál es la importancia de los fármacos de sustitución hormonal?

—Cada vez tenemos más información de que estos tratamientos son muy importantes para las mujeres. No solamente son para tratar síntomas de la menopausia como los sofocos, sino que hay distintos contextos donde damos estos fármacos. Fuera de la ginecología para personas trans que están pasando un proceso de cambio de sexo, hay mujeres que lo necesitan porque se han quedado sin su función ovárica de forma temprana, con una edad menor a 40 años. Ya sea porque han tenido un cáncer, porque un tratamiento ha hecho que fallase el ovario, o mujeres con amenorrea de causa central, es decir, que les falta la regla. En estas pacientes tenemos que sustituir estas hormonas que ellas no producen, como una mujer que tiene un déficit de hormona tiroidea y la sustituimos, simplemente para que su menopausia no sea precoz. Si no, a largo plazo van a tener mayor riesgo de osteoporosis, y de infartos tanto cardíacos como cerebrales, o incluso enfermedades neurodegenerativas como demencias. Luego, en mujeres mayores de 45 años, lo usamos para tratar la sintomatología que altera su calidad de vida y que no solamente son los sofocos, sino el insomnio, la fatiga por no descansar y la niebla mental. Lo que nos dicen las guías es que se debe tratar la sintomatología global de la menopausia, que es muy dispersa, cuando altera la calidad de vida. Y cada vez son más las mujeres vienen y nos consultan, porque notan esa pérdida de calidad. No a todas las mujeres mayores de 45 años se les dan tratamientos hormonales, pero es una herramienta que hemos visto que mejora estos signos. Estas mujeres volverán a tener una alteración de su calidad de vida dejando de encontrar estos fármacos.

—¿A qué se debe la falta de suministro de estos fármacos?

—Lo que ha podido desencadenar todo esto es que cada vez más mujeres aceptan utilizar terapia hormonal. Desde el estudio WHI, que se publicó hace más de veinte años, se dejó de dar de forma global terapia hormonal. En mi formación como residente de ginecología apenas se daban estos tratamientos. Pero ahora hay más estudios y la gente está mejor preparada. Nos hemos formado también para intentar dar una respuesta a los síntomas de estas pacientes. Entonces, hay un aumento global de la demanda y quizás la farmacéutica no estaba preparada para este aumento. Además, cada vez se recomienda más una terapia bioidéntica, es decir, que utilicemos tratamientos con hormonas similares a las que nos faltan y son precisamente estas medicaciones las que se terminan. Si diferenciamos terapia oral o a través de la piel, aunque ambas tratan los síntomas, sabemos que la terapia transdérmica tiene todavía más beneficios e incluso menores riesgos. Es el caso de Lenzetto. Si las pacientes no la encuentran y empezamos a sustituirlas por otras terapias transdérmicas, a estas les pasa lo mismo porque se produce un efecto dominó.

—¿Qué alternativas tienen las personas que accedían a esta medicación?

—Un problema es que no todas las medicaciones son fácilmente sustituibles entre ellas. Menos aún en verano, cuando es más difícil acceder a una consulta de ginecología. Lo cierto es que no todos los fármacos se absorben de la misma forma. El Lenzetto es un espray de estrógenos que al aplicarlo sobre la piel crea una película que en dos minutos se absorbe y no queda nada. No es lo mismo que poner un parche, aunque ambos vayan sobre la piel. Pero además, el parche también tuvo dificultades de suministro. Así que recurrimos a los geles, pero según cómo los extiendas o la dosis que utilices, pueden variar sus efectos. Por eso no es tan fácil sustituir uno por otro. Pasar de una terapia transdérmica a una terapia oral también tiene su proceso de adaptación. Además, habitualmente las mujeres necesitan también una transición para adaptarse a la medicación. Muchas se encontraron con que de repente no tenían el fármaco o se quedaban sin él, volvían a tener síntomas y cuando conseguían otro medicamento, volvían a tener también efectos secundarios por empezar una nueva terapia: una mayor tensión mamaria o una sensación de hinchazón que desaparece con el tiempo de uso.

—Mencionaba que hay cada vez más pacientes que acceden a este tipo de tratamientos. ¿Cree que todavía existe reticencia a utilizar terapia hormonal para este tipo de síntomas?

—Sigue habiendo hormonofobia en general. Tanto para las anticonceptivas como para la terapia hormonal de la menopausia. Esta hormonofobia no solamente está presente en las pacientes, sino incluso en profesionales no ginecólogos que no están tan en contacto con esta terapia y que siguen teniendo en mente la idea de que el riesgo de cáncer de mama o el riesgo de trombosis es muy alto. Pero con estas hormonas bioidénticas de progesterona o estrógenos naturales, estos riesgos son muy bajos. Los ginecólogos tenemos guías que, según las características de la paciente, nos permiten saber si está indicada una terapia u otra. Esto nos ayuda muchísimo a tener seguridad a la hora de prescribirla, pero fuera del ámbito de la ginecología persiste otra visión. Muchas mujeres temen a estos riesgos y deciden aguantar, no se quieren arriesgar a un cáncer de mama, pero tenemos cada vez más evidencia de que en muchos casos los riesgos pueden ser mayores si no se ha hecho una terapia en el momento indicado. No solo podemos ayudar a la paciente a volver a ser ella misma, sino que vamos a prevenir patologías, riesgo cardiovascular o de osteoporosis. Tenemos esta herramienta y cada vez vemos más sus beneficios.

—Se prevé que el problema del suministro se solucionará en noviembre. Mientras tanto, ¿qué mensaje daría a las mujeres que dependen de estos tratamientos?

—Lo mejor es que acudan a un profesional médico para valorar qué les puede ir mejor. Por suerte, a partir de septiembre está financiada una nueva medicación fácilmente adaptable a cada situación de la mujer. Pero Lenzetto es una medicación muy particular y no es fácil sustituirla, porque lo que le permite a la mujer es ir adaptando la dosis. A partir de las cuatro semanas de iniciar el tratamiento, puede ir escalando la cantidad utilizada, en vez de con una sola aplicación del espray, haciendo dos o tres, lo que no es posible con los parches, por ejemplo.

—A medida que la población envejece, ¿es previsible que siga habiendo estos problemas, al haber más mujeres que pueden requerir estos fármacos?

—A veces con la menopausia parece haber un sesgo de género, pero es un tratamiento fundamental y esto no debería volver a suceder. La menopausia es una parte de nuestro trabajo en ginecología muy importante. Con una menor natalidad, nuestra población cambia hacia mujeres con otras necesidades, que no son tanto obstétricas o de anticoncepción, sino que la menopausia es nuestro futuro y es nuestra actualidad. Debemos mantenernos muy al día con todas las herramientas que tenemos para ofrecer a nuestras mujeres e insistir en que en cada una de las consultas siempre les preguntemos acerca de sus síntomas, las informemos de que hay tratamiento para ello y las motivemos a que puedan hacerlo.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.