Mercedes Pereira, farmacéutica de atención primaria: «La polimedicación debe entenderse como una comorbilidad más»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

Mercedes Pereira, farmacéutica de atención primaria.
Mercedes Pereira, farmacéutica de atención primaria.

La especialista gallega acaba de asumir la presidencia de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria

30 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La junta directiva de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (Sefap) tiene a una gallega como presidenta: la especialista Mercedes Pereira (Ortigueira, 1966). En esta nueva andadura, se suman también Silvia Reboredo, Regina Benavente y Marta Paricio. Una de sus prioridades es la de establecer una definición clara del farmacéutico de Atención Primaria, de sus responsabilidades y de su ámbito competencial. «No basta con que nosotros sepamos lo que hacemos. Deben entenderlo también los equipos asistenciales, los gestores, las administraciones y los pacientes», apunta la responsable.

—¿En qué se enfoca su labor?

—Nuestra labor está enfocada a un paciente que cada vez es más numeroso, que es el paciente ambulatorio, que vive en su domicilio, pero que tiene una medicación compleja. Es decir, tiene cambios clínicos, de medicación, ya sea un alta hospitalaria, porque va a múltiples prescriptores, —hospitalarios y el médico de atención primaria—, y acaba con un conjunto de medicaciones que no se pueden revisar de una en una, sino en conjunto. Nosotros debemos pensar que un paciente pluripatológico, que tiene múltiples comorbilidades, su enfermedad no acaba solo con los diagnósticos clínicos; la polimedicación es una comorbilidad más. Por lo tanto, se necesita un especialista propio.

—¿Es desconocida?

—La población no nos conoce, y es normal, aunque estamos detrás de muchas de las acciones que le llegan a la población. Por ejemplo, muchas veces le llama el médico para cambiarle la dosis de anticoagulante, o para retirársela, o le llama la enfermera para comentarle que hay un problema de adherencia. Es como si a ti te piden un análisis, que no te lo da el técnico de laboratorio. 

—En su discurso de toma de posesión, dijo que, a veces, les ha costado explicar qué aporta el farmacéutico a la Atención Primaria.

—Sí. También es porque lo hemos explicado muy mal. Siempre hemos hablado de cosas que son internas, estructurales de nuestra propia labor, pero nunca hablábamos de lo que realmente solucionamos y qué significaba optimizar la medicación. Cada vez que el paciente polimedicado tiene un cambio clínico, sobre todo en sistemas de eliminación como una función renal o hepática, o cambios de entendimiento que vemos que empiezan a fallar en la retirada de medicamentos, ahí estamos viendo la medicación como un conjunto, como una suma. Pues ahí estamos, viendo la medicación como un conjunto, como una suma de medicaciones.

—Indica que la polimedicación es una comorbilidad. ¿Qué riesgos se le asocian?

—No está definida como comorbilidad, pero se comporta como tal. Uno de los grandes problemas que tiene nuestra especialidad es que no se puede medir o valorar las cosas que no ocurren. Es decir, evito un sangrado, una hipoglucemia o un ingreso. La polimedicación implica que aparezcan interacciones. Al final, cada especialista se centra en su área, y aunque hay algunos más transversales, como los internistas, la mayoría prescriben un fármaco para lo que está tratando. O incluso también el propio médico de atención primaria, que está viendo a una persona con el riñón afectado y que el AINE puede ser dañino. Además, ahora mismo, el bum que hay de medicaciones hospitalarias y de nuevos mecanismos de acción es tremendo. La polimedicación se compara como una comorbilidad porque aumenta el riesgo de caída, el deterioro cognitivo, puede aumentar el riesgo de sangrado, porque hay muchísima gente anticoagulada con antiagregantes. Es decir, con medicaciones que por sí mismas no son un riesgo, pero por las interacciones con otras, que potencian o reducen su efectividad. Y tampoco puedes pedirle al médico de familia o a la enfermera que revisen la historia y que dediquen tiempo a controlar la medicación primaria, hospitalaria, privada y la de la farmacia, con las recomendaciones que hace. El que vemos es un paciente con mucho riesgo de interacción.

—¿Qué medicamentos nunca deben ir en pareja?

—Los anticoagulantes, que para un farmacéutico siempre son de los medicamentos de mayor riesgo, no pueden combinarse con aspirina o con un AINE (medicamento antiinflamatorio no esteroideo) sin mucho cuidado, porque aumenta el riesgo de sangrado. Se utilizan solo en determinadas condiciones y durante tiempos controlados. O, por ejemplo, un paciente que tiene un deterioro cognitivo y además epoc. En él usamos dos medicamentos que, para una patología, van bien, pero para la otra pueden ir mal, por lo que podemos descompensar una de ellas. Nos ocurre también con el tema de la frecuencia cardíaca. Si utilizamos para la incontinencia urinaria determinados medicamentos con potencia anticolinérgica, estamos actuando también sobre la frecuencia cardíaca, sobre la capacidad de cognición y aumentando el riesgo de caídas.

—¿Dónde se ubica el farmacéutico de atención primaria?

—En Galicia estamos en los centros de salud, trabajamos en equipo, hacemos un continuum entre enfermería, medicina de familia, farmacia y trabajo social, centrados en el paciente ambulatorio. 

—¿Cómo es un día en su trabajo? ¿Llega por la mañana y se encuentra con pacientes que revisar?

—En Galicia, toda la prescripción que va asociada a una reserva singular, que es el visado, se nos cita a nosotros. Por la mañana, ya despierto con treinta pacientes, y a medida que va pasando el día, se van sumando según el médico genera más prescripciones. A todos se les hace una revisión, solo que no todas tienen la necesidad de ser muy en profundidad. No es lo mismo alguien con cinco medicamentos que al que le acaban de prescribir uno nuevo, o que uno que tenga alta hospitalaria. Entre todos, un día normal puedes contar unos cincuenta o sesenta pacientes. Solo que, en nuestra comunidad, la asistencia se hace en equipo. Por ejemplo, si yo detecto un problema de adherencia, llamo a la enfermera para que sea ella la que contacte con el paciente, ya que suelen tener una relación más estrecha con ellos.

—¿Cómo detectan un problema con la adherencia?

—La primera falta de adherencia normalmente la percibe la farmacia comunitaria, sencillamente, si una persona empieza a retrasarse a la hora de recoger la medicación. Nosotros lo vemos un poco más tarde, porque yo tengo que revisar y desplegar cada prescripción, veo las recetas y nuestro sistema permite ver la dispensación, la farmacia, el día de dispensación y la hora. Si una caja dura 28 días y tú la coges a los 32 el primer, y el segundo, a los 45, ya veo que hay olvidos. Muchas veces llegamos a ella por falta de efectividad. Nos preguntamos qué está pasando como para no alcanzar el objetivo terapéutico de, por ejemplo, el control de la diabetes.

—¿Están presentes en todos los centros de salud? 

—Se está haciendo un empuje tremendo. Por ahora, la integración en los centros de salud es puntual. Algunos compañeros van de forma parcial y comparten un tiempo con servicios centrales. Están teniendo bastante empuje en Andalucía. Algunos compañeros también en Valencia o en Cataluña. En algunas comunidades se ve que se está contratando más farmacéuticos de atención primaria.

Lucía Cancela
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Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.