Celia Diz, farmacéutica: «A las doce semanas de uso, la dependencia a las benzodiazepinas aumenta muchísimo»
EL BOTIQUÍN
La experta gallega, conocida en redes como Farmacelia, advierte acerca de los riesgos de la toma prolongada de este tipo de medicamentos, que se recetan de manera habitual para tratar problemas como el insomnio o la ansiedad
10 jul 2026 . Actualizado a las 13:49 h.España figura desde hace años entre los países con mayor consumo de benzodiacepinas de Europa. Fármacos ampliamente utilizados para tratar la ansiedad o el insomnio, su eficacia a corto plazo convive con una creciente preocupación entre los profesionales sanitarios por los riesgos asociados a su uso prolongado. En Galicia, donde el envejecimiento de la población y las dificultades en el acceso a determinados recursos de salud mental son dimensiones que se añaden al problema, las farmacias se han convertido en un observatorio privilegiado para detectar estas tendencias y resolver dudas de los pacientes. La farmacéutica Celia Diz, de la farmacia Diz Peralba, en O Porriño (Pontevedra), analiza la situación a raíz de consultas que recibe no solo en el establecimiento, sino también a través de sus redes sociales, donde cuenta con decenas de miles de seguidores. Hablamos del aumento de su consumo entre los jóvenes, los riesgos de la dependencia y el papel que desempeñan las farmacias en la promoción de un uso seguro de los tratamientos.
—¿Qué son exactamente las benzodiazepinas?
—Las benzodiazepinas son medicamentos que suelen utilizarse con un efecto ansiolítico, hipnótico, sedante y relajante muscular, entre los usos más conocidos. Podemos reconocerlas porque son fármacos cuyos nombres acaban en -am: lorazepam, alprazolam, diazepam. Y es cierto que son muy eficaces para conseguir estos efectos que mencionaba, pero no tratan la causa del problema, sino que alivian los síntomas.
—¿Qué particularidades observa en su farmacia con respecto al uso de estos medicamentos?
—Lo que a mí me llama la atención en la práctica en la farmacia es que, según las guías clínicas, se recomiendan en tratamientos para el insomnio o para la ansiedad durante dos y cuatro semanas, aunque se puede extender hasta ocho o doce si se retira de forma gradual, como debería suceder. Sin embargo, a partir de ese tiempo, la tolerancia y la dependencia pueden aumentar muchísimo. Pueden aparecer problemas cognitivos, somnolencia o, en personas mayores, incluso caídas o accidentes. Esto es algo que vemos muchas veces desde el mostrador. Gente que aparentemente está sana, sin problemas de movilidad, se cae constantemente, se marea o sufre problemas de memoria como efecto adverso de estos fármacos. Luego, también vemos un público joven que está cediendo mucho a este tipo de medicaciones.
—¿El perfil de pacientes que acuden a comprar estos medicamentos está cambiando?
—Habitualmente, la mayoría suelen ser mujeres, también personas mayores. Luego, en muchos casos son pacientes que tienen alguna patología como insomnio crónico, depresión ya alargada en el tiempo u otro problema que se ha cronificado. Pero es que ahora entró un público joven a tomar benzodiazepinas que antes no las consumían. Creo que esto está ligado a las listas de espera en el sistema sanitario, a que no te atienden un psicólogo o un psiquiatra hasta los ocho meses desde que consultas.
—¿Este colapso del sistema contribuye a que sea difícil dejar de tomar las benzodiazepinas, que son de por sí tratamientos que se deben desescalar poco a poco?
—Sin duda, porque realmente el problema no es el fármaco en sí. Son medicamentos muy útiles, con un montón de estudios de eficacia, el problema es que se ha convertido en un tratamiento crónico algo que está pensado para tomar durante unas semanas. Porque si te lo pauta un médico mientras esperas a ver a un especialista y te dan cita para psiquiatría meses más tarde, ya te estás pasando de los tratamientos indicados en la ficha técnica, pero no vas a dejar de tomarlo sin ver a otro especialista. Así que sigues encontrándote mal, porque no han encontrado la causa de tu problema.
—¿Qué riesgos pueden asociarse al uso prolongado de las benzodiazepinas?
—A corto plazo, fatiga, mareos, somnolencia, problemas de concentración o de coordinación, y a largo plazo, al final se produce una dependencia, una tolerancia. Llega un momento en el que la dosis que antes te iba bien ya no te hace efecto, y estos fármacos tienen una dosis máxima. Si ya estás con la dosis máxima de alprazolam durante cuatro años, no hay más dosis, ni lo puedes tomar más. Luego, como comentaba, en personas mayores, está el aumento de riesgo de caídas, que es muy típico. Aumenta el riesgo de sufrir accidentes de tráfico también, porque hay algunas benzodiazepinas que no pueden usarse al volante porque pueden dar sueño. Y puede aparecer un deterioro cognitivo también, si se usan durante mucho tiempo a dosis muy altas.
—¿Cree que existe suficiente conocimiento sobre la importancia de limitar estas terapias en el tiempo y buscar soluciones alternativas a largo plazo?
—No. Creo que sí que se recetan mucho y cuando sucede es porque hay una necesidad. Además, estos fármacos funcionan muy bien y sus efectos se notan muy rápido. Pero pueden generar dependencia física y psicológica y, además, hay que tener en cuenta los factores que hacen que algunas personas sean más vulnerables con su uso, como los adultos mayores que presentan este riesgo aumentado de caídas. Es muy importante, por lo tanto, saber que estas terapias no son para utilizar de manera crónica. En muchos casos, lo que estamos haciendo es medicalizar problemas normales de la vida y ponerles un parche. Las dificultades que hay en la vida nos van a pasar a todos: la muerte de un familiar, una ruptura, un problema en el trabajo. No podemos medicar todos estos escenarios.
—¿Cuál sería la alternativa?
—Existen terapias alternativas, como las cognitivo conductuales. Hablamos de tratamientos de apoyo psicológico, que tienen evidencia y son beneficiosos.
—¿Cuál cree que es el rol de la farmacia en todo esto?
—Cuando viene alguien con una receta, si tenemos un poco de confianza con el paciente, igual le preguntamos las causas por las que tiene esta medicación para poder guiarlo sobre cuánto tiempo estaría indicado usarlo e intentar gestionarle alguna cita más rápida con su médico de familia. Por lo menos, tenemos que explicarle los efectos adversos que puede tener y dejar claros los riesgos en caso de que el fármaco afecte a la conducción, por ejemplo, o de que provoque tolerancia o somnolencia, que son situaciones que pueden afectarle en su vida diaria. Hay que entender que estos fármacos no son para reemplazar a un tratamiento psicológico, sino para complementarlo.
—¿Cuáles son algunos errores habituales con el uso cotidiano de medicamentos, más allá de las benzodiazepinas?
—No saber cuánto tiempo hay que tomarlos, o dónde se guardan. Mucha gente los guarda en el baño y no hace falta. También suspender el tratamiento cuando uno se encuentra mejor; si te pautan antibióticos siete días, tres veces al día, aunque al día tres te encuentres bien tienes que acabar el antibiótico porque si no la resistencia aumenta muchísimo. Luego, automedicarse con dosis que te han sobrado de tratamientos previos, o, por ejemplo, abusar de los protectores gástricos, recordemos que el omeprazol no es un protector de estómago, es un inhibidor de la bomba de protones y puede provocar un déficit de vitamina B12. Mucha gente mayor toma esta medicación durante muchísimo tiempo, años incluso, y luego les afecta.