Carlos Roncero, psiquiatra: «Las benzodiacepinas se pueden usar, pero hay que revisar su consumo»
EL BOTIQUÍN
El miembro del Grupo Sanitario de la Alianza por el Sueño detalla los problemas de tomar estos fármacos de manera crónica
26 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.España es el mayor consumidor en el mundo de benzodiacepinas, un conjunto de fármacos empleados tanto en situaciones de ansiedad como de insomnio. Cuando estas se emplean de forma controlada y puntual, no se refiere un problema. El riesgo aumenta cuando su uso es crónico. Carlos Roncero, miembro del Grupo Sanitario de la Alianza por el Sueño y presidente de la Sociedad Española de Patología Dual, reivindica un control posterior a la receta. La iniciativa en la que participa está formada por todo un conglomerado de expertos: psiquiatras, neumólogos, médicos de primaria, farmacéuticos, enfermeros, médicos y enfermeras del trabajo, psicólogos, así como por empresas y asociaciones de pacientes. El especialista y profesor de la Universidad de Salamanca explica, a modo de guía, cómo funcionan las benzodiacepinas.
—En primer lugar, ¿qué son exactamente las benzodiazepinas?
—Son un grupo amplio de fármacos que se incluyen dentro de los hipnosedantes, pero que además de producir relajación psíquica y física, provocan inducción o regulación del sueño. También tienen otras utilidades. Son un grupo ampliamente usado, tanto en nuestro país como en el resto de los países de nuestro entorno, pero el uso que hacemos en España está muy por encima de lo que se hace en otros territorios.
—¿Qué mecanismo de acción tienen como para reducir la ansiedad e inducir al sueño?
—Son fármacos con perfil gabaérgicos que estabilizan la química cerebral. Son estabilizadores de algunas neuronas, de algunas membranas, que facilitan que disminuya la excitabilidad de ciertos circuitos de nuestro cerebro. De esta forma, conducen a los efectos clínicos que comentábamos de relajación o la inducción del sueño, entre otros. Incluso, algunas de ellas tienen efectos anticonvulsivantes. Como decía, es un grupo muy amplio donde se diferencian unas de otras en cuanto a la velocidad de absorción, a la velocidad de la eliminación del cuerpo, y en cuanto a la intensidad o a la afinidad por los receptores GABA y los distintos subtipos. En el fondo, los mecanismos por los que funcionan son muy similares los de unas y otras.
—¿Cómo observa desde su consulta que se consumen?
—Hay dos situaciones. Una, las benzodiacepinas que están bajo prescripción médica, que deberían ser todas. El problema es que en muchas ocasiones son prescripciones de larga o larguísima duración. En nuestro medio se deberían utilizar entre cuatro y doce semanas en función de que se utilicen con efectos hipnosedantes o con efectos ansiolíticos. No se deberían utilizar a largo plazo con esas indicaciones. En este plano, son prescritas por múltiples especialistas o profesionales: desde médicos de familia hasta, por supuesto, en psiquiatría, en neurología o en traumatología. Como decía, tienen también un efecto relajante muscular. Incluso algunas de vida media muy corta son utilizadas en procesos asociados a las anestesias. Con esto quiero decir que son empleadas por un amplio abanico de especialistas. El problema es que cuando se utilizan en las consultas de las distintas especialidades, en muchas ocasiones no se reevalúan los efectos secundarios, ni los positivos. Y al final, tenemos pacientes en todas las consultas que llevan meses, incluso años, tomando este tipo de fármacos. Por otra parte, y en paralelo, en España estamos viviendo un proceso de banalización de este tipo de sustancias, de fármacos, que incluso aparecen en series de televisión o en los medios de comunicación; y que se emplean después de que te los recomiende un vecino, primo, amigo o conocido, sin ningún control médico. Esto es peligrosísimo porque son fármacos que tienen sus riesgos. Cuando se toman con otras sustancias o con drogas, pueden generar dificultades para respirar; hay enfermedades cardiopulmonares en algunos casos. Y por supuesto, desde el punto de vista psiquiátrico y de salud mental, el consumo mantenido puede generar trastornos por consumo, adicción a benzodiacepinas. Y, en general, pueden interaccionar con fármacos, incluyendo con los psicofármacos. Por lo tanto, este segundo grupo de personas que lo toman sin ningún tipo de indicación ni de control está exponiéndose a unos riesgos médicos importantes, no solo desde el punto de vista físico y psíquico, sino también desde otras situaciones de riesgo, como son los accidentes de tráfico o accidentes laborales, porque son depresores del sistema nervioso central, y pueden producir problemas de tipo cognitivo y de tipo motor.
—¿Cuáles son esos efectos secundarios o consecuencias indeseadas?
—Al ser depresores del sistema nervioso central, producen enlentecimiento físico, motor, enlentecimiento psíquico, elentecimiento para pensar y para poder resolver problemas. Desde el punto de vista adictivo, si se toman dosis y tiempo suficiente, pueden generar síndrome de abstinencia si se retiran de repente, y también tolerancia. Es decir, son efectos complicados y variados. Y, por supuesto, interaccionan con otros medicamentos. Son fármacos que, aunque se utilizan desde hace mucho tiempo y son conocidos, con un perfil de seguridad amplio, en ocasiones pueden interaccionar, generar problemas de inducción o de metabolismo de otros medicamentos o potenciar efectos secundarios. Y generar nuevos problemas o incrementar la depresión del sistema nervioso central.
—Voy a hacer del abogado del diablo. Desde luego, hay que tener en cuenta y valorar sus posibles efectos secundarios y el riesgo que entraña un consumo crónico. Sin embargo, hay gente que prefiere todo esto a no dormir por la noche y estar como un “zombie” durante el día.
—Evidentemente, tienen toda la razón del mundo cuando dicen que algo hay que hacer. Que tengamos que regular o desmontar el uso de benzodiazepinas no quiere decir que no haya otras opciones terapéuticas para el manejo del insomnio o para los problemas del sueño mediante fármacos de otras familias. Desde hace un par de años, en España han entrado los antagonistas de las orexinas, las cuales regulan el ciclo de sueño y vigilia. Están disponibles en nuestro medio pero, desgraciadamente, estos fármacos no están financiados para el uso en la sanidad pública. Los tiene que pagar el paciente, y es un problema que se tendría que resolver. También hay fármacos que ayudan a inducir el sueño, y que se pueden utilizar si el insomnio se da en el contexto de una depresión. Con esto quiero decir que tenemos distintas opciones. De hecho, más allá de los tratamientos farmacológicos, está la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, que ha demostrado bastante eficacia cuando se aplica por profesionales entrenados. Eso sí, el paciente tiene que hacer cierto esfuerzo para cumplir con las recomendaciones que se le indican desde la terapia para que esta funcione. Tenemos un abanico de otras cosas que se podrían y se deberían hacer y no solo utilizar las benzodiacepinas como casi la única solución para el tema del insomnio.
—En cualquier caso, parece que la idea general sobre estos fármacos se mueve en blancos o negros.
—Yo creo que hay que poner un punto intermedio, las benzodiacepinas deben y pueden ser usadas por los profesionales sanitarios con control y siguiendo las guías. Son útiles para muchas cosas, son relajantes musculares y, a veces por accidentes, cuestiones de traumatología o de rehabilitación, hay que utilizarlas y no tienen nada que ver con el sueño o de la ansiedad. Deben y pueden ser utilizadas pero siempre bajo control médico y bajo reevaluaciones permanentes de la eficacia de los efectos secundarios intentando evitar los usos a largo plazo. Desde luego, si prescribirlas fuese imposible, nos generaría muchos problemas. Pero tampoco pueden ser la única opción en caso de ansiedad o de insomnio. Y, aquí creo que está la clave y el objetivo, que se evalúen a medida que pasa el tiempo como se hace con otros fármacos para así valorar si se pueden mantener y, cuando haya usos a muy largo plazo, establecer otras estrategias.
—Dice que la terapia cognitivo conductual debe estar en la base del tratamiento. ¿Qué papel tienen los hábitos de vida?
—Muy importante, porque todo parte de tener una buena psicoeducación, de unas buenas medidas de higiene del sueño, de tener unos hábitos saludables en cuanto a alimentación o a ejercicio, que por supuesto es muy bueno, pero no se debe hacer por la tarde noche a porque estimula y activa el cuerpo y la mente. Hay que intentar, en las últimas horas del día, no comer de una manera copiosa, dormir en sitios tranquilos, de ruido, con la temperatura adecuada y que la cama sea el sitio para dormir, no para estar viendo la televisión o usando pantallas hasta altas horas porque la luz azul estimula el cerebro y dificulta que se pueda conciliar el sueño. Son todo un conjunto de medidas de higiene y de salud general.