Antón Gómez-Escolar, psicofarmacólogo: «El consumo per cápita de cocaína en España es de los más altos de Europa»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

Antón Gómez-Escolar, psicofarmacólogo, investigador, divulgador y asesor científico especializado en drogas, también conocido como @drogopedia.
Antón Gómez-Escolar, psicofarmacólogo, investigador, divulgador y asesor científico especializado en drogas, también conocido como @drogopedia.

El experto aboga por la prevención con información de calidad sobre el consumo de drogas, pero también destaca que es posible minimizar los daños en aquellas personas que ya las utilizan

01 feb 2026 . Actualizado a las 10:44 h.

El panorama de las drogas ilegales está cambiando. Si bien el consumo de cocaína se mantiene estable y sigue siendo prevalente en un país como España, conocido por ser una de las puertas de entrada de esta sustancia a Europa, nuevos productos, fundamentalmente, los opioides sintéticos como el fentanilo, podrían introducirse y llegar a reemplazar a la heroína. Así lo observa Antón Gómez-Escolar, @drogopedia en redes sociales, psicofarmacólogo y divulgador científico especializado en psicodélicos y otras drogas. El experto explica cómo está preparada Europa para responder a esta reconfiguración del mapa de drogas recreativas, no solo desde la legislación, sino desde la reducción de daños. También aprovechamos la ocasión para hablar con él acerca del uso medicinal de un grupo de sustancias cuyo potencial terapéutico está cada vez más claro, los psicodélicos.

—¿Cómo caracterizaría el momento actual en cuanto a consumo de drogas a nivel europeo? ¿Llegaremos a ver una crisis de opioides como en Estados Unidos?

—Los opioides sintéticos existen desde hace años. No son algo tan nuevo. De hecho, la industria farmacéutica ha desarrollado a lo largo de años diferentes opioides sintéticos buscando alternativas a lo que se requería para la producción de opioides naturales, que obligaban, entre otras cosas, a tener grandes extensiones de cultivo de amapola. Esto suponía una limitación. Por eso se han desarrollado una serie de sustancias que actúan muy parecido a los opioides naturales, pero que son mucho más potentes. Están elaborados para ser más fuertes y, de ese modo, ser útiles también para tratar dolores intensos que necesitarían dosis muy elevadas de morfina. Lo que ha sucedido en Estados Unidos es que durante años, la gran demanda de heroína por parte de los consumidores ha hecho que se empiecen a introducir los opioides sintéticos en el mercado negro. Se empezaron a utilizar como adulterantes de los opioides naturales cuando había escasez de estos. Esto ha desembocado en una enorme crisis de salud pública de gente enganchada a los opioides sintéticos. Este fenómeno, que ha sucedido en Estados Unidos, poco a poco puede estar llegando a Europa.

—¿Cómo llegaría aquí?

—En principio, en Europa es menos probable de momento que crezca la demanda de opioides sintéticos, primero, porque hay mucho menos consumo de drogas opioides que en Estados Unidos, mucha menos demanda. Y luego, también, porque en Europa hay bastante disponibilidad de otros opioides más convencionales, que suelen ser los que los consumidores prefieren. Dicho esto, en los últimos años ha habido algunos cambios a nivel geopolítico que podrían cambiar la situación. Afganistán ha empezado a reducir mucho su producción de amapola, que era la que nutría el mercado ilegal de heroína, y esto probablemente va a llevar a que en los próximos años muchos de los consumidores que buscan heroína reciban heroínas falsas elaboradas con opioides sintéticos. Es un proceso que es posible que se dé en los próximos años.

—¿Esto ya está ocurriendo?

—Esto ya está dando algunos coletazos. Por ejemplo, en Inglaterra ha habido ya algunos brotes de intoxicaciones producidas por partidas de opioides sintéticos que se han distribuido en el mercado negro y que han producido que de pronto en una ciudad se produzcan varias muertes por sobredosificación por culpa de esos opioides tan potentes que venían mezclados con las drogas que los consumidores pensaban que estaban tomando.

—¿Hablamos de sustancias como el fentanilo?

—Sí. Lo que sucede es que la problemática del fentanilo en Estados Unidos lleva ya unos años. En este tiempo ha habido una serie de cambios en la disponibilidad de los precursores para fabricar fentanilo que han hecho que sea cada vez más difícil elaborar estas sustancias de manera ilegal. Entonces, lo que se está detectando en estos brotes que vemos en Europa no es fentanilo, son unas sustancias que se descubrieron hace muchos años pero hasta hace poco no se habían empezado a ver en las calles. Por ejemplo, las de la familia de los nitacenos.

—¿Qué son, exactamente?

—Los nitacenos son una familia de opioides sintéticos, en este caso, todavía más potentes que el propio fentanilo. Y lo que ocurre es que todavía no tienen tanto control internacional como lo tiene ya el fentanilo, porque son de nueva aparición, si bien se conocían desde hacía años. La prohibición de las drogas a nivel internacional no se produce hasta que una sustancia no se está empezando a distribuir. Es decir, tú puedes descubrir una droga en los años 80, pero si hasta el año 2020 no se empieza a ver por las calles, probablemente hasta ese año no se va a prohibir y controlar. Y estos procesos son lentos. Mientras se están poniendo en marcha, hay margen para que las mafias se dediquen a conseguir los precursores, fabricarlas y distribuirlas. En España, hasta donde sé, todavía no ha habido detección de estas sustancias, pero eso puede cambiar de un día para otro.

—¿Está Europa preparada para responder a esto?

—Europa está mucho mejor preparada que Estados Unidos por muchas razones. Por ejemplo, tiene sistemas públicos de salud que tienen mucho mejor capacidad para responder a estas cosas que Estados Unidos. Tiene menos población consumidora de opioides que la que tiene Estados Unidos y tiene una menor desigualdad social que ese país. Muchas veces, el consumo de opioides se da en estratos sociales desfavorecidos y en lugares con menos servicios de redistribución de la riqueza es más habitual tener una clase baja que vive en la calle y utiliza estas sustancias.

—El consumo de opioides no es tan alto, ¿el de cocaína sí lo es?

—Ahora mismo, en España hay un consumo per cápita de cocaína que es de los más altos de Europa. Simplemente tiene que ver con que es una sustancia muy prevalente y muy accesible. España es una de las puertas de entrada de esta droga a toda Europa y tenemos también mucho tránsito de la sustancia dentro del país. El consumo recreativo es elevado. Pero tampoco creo que España sea exageradamente diferente a otros países europeos en este sentido. Por ejemplo, en Inglaterra, el consumo nocturno de este tipo de sustancias es enorme. Y desde hace unos diez o quince años la cocaína ha ganado muchísima accesibilidad, sin apenas variaciones de precio. Sigue valiendo lo mismo que hace casi treinta años, lo cual nos habla de la estabilidad enorme que tiene el mercado de la cocaína. Todos los demás bienes de uso y de consumo han subido de precio, lo que indica que el mercado de la cocaína es muy resiliente y estable.

—¿Qué medidas son más efectivas para abordar esta situación?

—Yo siempre abogo por trabajar en la línea de la prevención. Pero también hay que trabajar con aquellas personas que ya han decidido hacer un consumo. Este consumo no quiere decir que ya esté todo perdido o que no haya una oportunidad para intentar que ese consumo sea lo menos problemático y lo menos prolongado en el tiempo posible. Esto se puede conseguir con programas que aborden toda esta problemática desde la perspectiva de la reducción de riesgos y de daño, como el trabajo que hacemos en Drogopedia. Pero siempre habrá personas que, pese a haber recibido toda la información preventiva, hayan decidido libremente acercarse a un consumo de la sustancia. Así que podemos intentar que ese consumo por lo menos sea lo menos peligroso y prolongado posible.

—¿Actualmente el problema ya no es la falta de información?

—Yo creo que sigue habiendo mucha falta de información. Estamos mejor que hace treinta años, lógicamente. Pero todavía hay mucho desconocimiento en el ámbito de las drogas y es importante trabajar en esto.

—En cuanto a la información, todavía son poco conocidas entre la población las interacciones entre diferentes sustancias. ¿Cuáles son las más importantes que deberíamos conocer?

—Una de las más problemáticas y desgraciadamente de las más comunes es la combinación de la cocaína con el alcohol. Porque no solo estás sumando la toxicidad de la cocaína a la del alcohol, sino que además se está generando en el cuerpo una nueva droga que se llama cocaetileno. Es una sustancia que es más tóxica todavía que la propia cocaína y el alcohol, es más duradera en cuanto a efectos y genera un daño mayor en el cuerpo. Luego, hay que tener cuidado con el consumo de cocaína durante mucho tiempo seguido.

—¿El tiempo de consumo aumenta el riesgo?

—Mucha gente empieza a tomar cocaína con alcohol y entonces va tomando ambas a lo largo de la noche y al final acaba tomando una grandísima cantidad de cocaína y una grandísima cantidad de alcohol porque los efectos de ambas tienden a anularse y esto hace que la persona eleve todavía más el consumo de ambas sustancias. Aparte del daño que se produce a nivel del hígado, a nivel del cerebro o del sistema cardiovascular, muchas personas se sienten alerta y cogen el coche, pero como el efecto de la cocaína dura menos que el del alcohol, cuando la cocaína empieza a bajar, se empiezan a sentir muy borrachos y es peligroso. Además, otro problema que tiene la cocaína es que la gente se puede pasar varios días sin dormir consumiéndola y esto facilita la aparición de problemas psiquiátricos, sobre todo, de síntomas psicóticos, como la paranoia.

—Otra droga muy prevalente en nuestro medio es el cannabis. ¿Cómo interacciona con los fármacos que habitualmente consume la población?

—A veces lo más importante no es la interacción farmacológica en sí, sino que es más importante el pensar cuál es el motivo por el cual la persona está tomando ese fármaco. Porque el cannabis no tiene una interacción especialmente peligrosa con algunos de los psicofármacos que se toman, pero sí que puede tener interacciones muy peligrosas con los trastornos por los cuales se están tomando esos psicofármacos. El cannabis pueda hacer que ese trastorno se manifieste con mucha más fuerza, puede agravar bastante condiciones como la bipolaridad o la esquizofrenia, la depresión, la ansiedad o un trastorno postraumático. Si bien es verdad que como sustancia tiene un perfil de riesgo menor que el de otras drogas como el alcohol, hay que tener en cuenta que el cannabis lo suele consumir gente muy joven. Y esto sí que incrementa mucho más el perfil de riesgo. No se van a morir, porque no suele ser una droga letal, pero sí que puede producir un agravamiento de los cuadros psicológicos y psiquiátricos que una persona pueda tener inadvertidamente. Así que es muy importante que no extrapolemos la poca toxicidad del cannabis en una persona adulta a una persona de 14 años que tiene un cerebro en estado formativo.

—¿Cómo valora la aprobación reciente del uso de cannabis en el ámbito medicinal?

—Son buenas noticias. No sé hasta qué punto la nueva legislación se ha podido quedar corta al no incluir algunos trastornos que probablemente podrían beneficiarse del acceso a esta sustancia, pero es un buen primer paso que, al final, supone tener más herramientas disponibles para muchos pacientes.

Su trabajo reciente ha estado vinculado a la regulación del uso terapéutico de los psicodélicos. ¿Cuáles son los avances recientes más importantes en esta área?

—Se están descubriendo nuevas formas por las cuales estas sustancias pueden actuar positivamente en determinadas condiciones y gracias a eso también se están encontrando nuevas posibilidades para aplicarlas en otras patologías. Se va abriendo cada vez más el horizonte de los tratamientos con psicodélicos. Si bien es cierto que la parte de la regulación está yendo muy lenta, sí que es un proceso que se está dando. Tenemos las recientes noticias muy positivas de la autorización del uso médico de la psilocibina para el tratamiento de la depresión en Alemania y en República Checa. En España se está tardando bastante en empezar a aplicar estos resultados para mejorar el acceso a opciones para aquellos pacientes que no han respondido a tratamientos convencionales, lo que se llama uso compasivo. Pero en los próximos cinco años espero que ya lo podamos ver.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.