Maribel del Pozo, intérprete: «Al no haber plazas en la sanidad, se recurre a Google Translate»
EL BOTIQUÍN
La experta explica que España no reconoce el derecho a traducción e interpretación a nivel médico, lo que repercute especialmente en colectivos vulnerables, como migrantes o víctimas de trata
16 ene 2026 . Actualizado a las 17:36 h.Migrantes enfermos en un país cuyo idioma todavía no han aprendido. Turistas que sufren accidentes o problemas de salud inesperados lejos de sus tierras. Refugiados que llegan huyendo de catástrofes y necesitan asistencia médica. Víctimas de trata de personas de origen extranjero. Están en todos lados, pero son invisibles. Personas que no hablan castellano, o no lo suficiente como para poder decir con claridad: doctor, me pasa esto. Quizás, si pensamos en el tema, imaginemos que dentro del sistema sanitario existe una infraestructura para poder brindar asistencia médica a este tipo de pacientes. Sin embargo, España carece de una legislación que contemple la presencia de intérpretes o traductores en la plantilla de hospitales ni centros sanitarios. No la hay a nivel nacional ni europeo. Maribel del Pozo Triviño, vicerrectora de Internacionalización en la Universidad de Vigo y catedrática del departamento de Traducción e Lingüística de esa institución, ha dedicado años de su carrera a la interpretación en el ámbito judicial antes de volcarse de lleno a la investigación y a la docencia. Dentro de su campo de especialidad, ha trabajado con colectivos vulnerables, acompañándoles en consultas médicas. La experta aboga por un reconocimiento de la figura del intérprete en el sistema sanitario, para garantizar el acceso no solo a la salud sino a la información por parte de algunas de las personas que más lo necesitan.
—¿Cómo ha sido su trayectoria en relación con la interpretación sanitaria?
—Soy licenciada en traducción e interpretación y he sido muchos años intérprete, sobre todo a nivel judicial. He trabajado como intérprete inglés-español en tribunales y hace años empecé a dar clase en la universidad y a formar a futuros intérpretes. Como profesora de la asignatura de interpretación de enlace, introduzco un módulo de interpretación sanitaria. También trabajo mucho con colectivos vulnerables, más concretamente, mujeres que son víctimas de violencia de género o de trata. En estas personas confluyen dos perfiles de vulnerabilidad: por un lado, ser mujeres y, por otro, ser migrantes que no hablan el idioma del país en el que se encuentran. Uno de los ámbitos en los que se asiste a estas víctimas es el sanitario.
—¿Cómo es el trabajo del intérprete en el ámbito médico en España?
—En España, el derecho a traducción e interpretación no está reconocido en la legislación vigente. Solamente se reconoce este derecho en los procesos penales. Ni siquiera en todo el ámbito judicial. A nivel médico, algunas comunidades autónomas ponen recursos a disposición de diferentes colectivos en el ámbito hospitalario, pero son iniciativas que no están recogidas en la ley. Lo más frecuente es que se ponga a disposición de los y las pacientes que puedan necesitarlo un teléfono para la interpretación telefónica en varios idiomas. Algunas comunidades contemplan este servicio.
—¿Este teléfono existe en Galicia?
—No. Solamente en casos muy concretos, como una víctima de violencia de género que llegue a un hospital y necesite un parte médico. Pero no siempre está garantizado. Tampoco hay intérpretes para las personas sordas, no está contemplado en la ley. Al no haber plazas en la sanidad, muchas veces se recurre a Google Translate o a una inteligencia artificial. A nivel nacional, hay intérpretes en algunos hospitales privados de la Costa del Sol, pero no mucho más. El 90 % de los hospitales, cuando tienen un caso de alguien que no habla el idioma lo resuelven ad hoc. De hecho, en un caso reciente con un alumno de Erasmus de otro país aquí en la Universidad de Vigo que tenía un problema de salud, tuve que contactar yo con alguien que supiera su idioma para acompañarlo al médico.
—¿Qué ocurre cuando una persona llega a un centro sanitario y no habla castellano ni gallego?
—Se recurre sobre todo a personas voluntarias. Alguien que sabe el idioma y acompaña al paciente o la paciente al médico. Muchas veces, son los hijos o las hijas del paciente. Una niña o un niño que acompaña a su madre al hospital cuando tienen que darles la noticia de que tiene un cáncer o de que necesita un tratamiento invasivo. Muchas veces, lo que sucede es eso. En el caso de lenguas como el francés o el inglés, es común que sea el propio personal sanitario el que hable el idioma y entonces piensan que no necesitan intérpretes.
—Piensan que no lo necesitan, pero ¿es cierto?
—Muchas veces, uno piensa que más o menos se maneja y entiende, pero no es suficiente. Ha habido casos en los que esto ha tenido consecuencias graves. Por ejemplo, el caso de una chica de Argelia que dio a luz en un hospital gallego en el 2011 y sin saberlo firmó el consentimiento para dar en adopción a su bebé. Hay muchas personas que firman sin saber lo que están firmando. El derecho a la información se pierde totalmente si tú no tienes acceso a la información en tu propia lengua. Es un derecho por el que estamos luchando, pero si en el ámbito judicial la interpretación está poco profesionalizada, en el ámbito médico, mucho menos. A veces te ponen a alguien que dice que sabe el idioma y, al final, ni siquiera lo sabe.
—¿Qué aporta en este sentido un intérprete profesional?
—En las entrevistas que he hecho a víctimas de violencia de género he visto casos como los de intérpretes no profesionales que llegan y les dicen a las mujeres que es mejor que no denuncien, por ejemplo. Son personas que con toda su buena voluntad intentan hacer este trabajo, pero no son intérpretes profesionales. Nosotros nos regimos por un código deontológico que implica respetar la confidencialidad y la imparcialidad. Los intérpretes somos el puente de comunicación pero no debemos tomar partido. Luego, garantizamos la integridad del mensaje. Tú tienes que darle voz a la persona que está hablando, no editar su mensaje ni decir más ni menos que lo que la persona está diciendo.
—¿Cómo funciona esto en el ámbito médico?
—Por ejemplo, si un médico pregunta al paciente si es alérgico a la penicilina y la persona dice que no lo es, aún sabiendo que no es cierto, no puedes decir que sí lo es. Es su derecho. Muchos intérpretes editan, modifican los mensajes de la persona que está hablando y eso tiene muchísimas consecuencias para su salud y a todos los niveles. Otra cuestión muy importante en el ámbito sanitario es la cuestión cultural. Interpretar no es solamente traducir el idioma. Estás tratando con una persona que no solamente habla otra lengua, sino también procede de otro entorno cultural. Hace unos años recuerdo que fui a acompañar al médico a una mujer que era víctima de trata, que estaba siendo explotada sexualmente. El médico le preguntó: «¿Se alimenta usted bien?» y la señora dijo: «Sí, claro». Al salir, le pregunté: «¿Qué comes?». Y me respondió que comía todos los días. Para ella, eso era alimentarse bien, pero comía solo un plato de arroz. Muchos profesionales no se ponen en los zapatos de una persona que probablemente haya pasado mucha hambre en su vida y que, al llegar aquí y tener un plato de arroz para comer a diario, considera que come bien. En estos casos, los intérpretes tenemos un papel fundamental, porque somos sensibles a esa diferencia cultural.
—¿Qué competencias son necesarias para hacer un buen trabajo como intérprete en el ámbito sanitario?
—Yo siempre digo que no es lo mismo tener dos manos que saber tocar el piano. Tú puedes saber dos idiomas, pero ser intérprete requiere una formación específica, necesitas conocer las técnicas de interpretación, saber tomar notas si es simultánea y conocer la terminología médica. No cualquier persona que sabe otro idioma puede explicar en otra lengua lo que es la osteoporosis. Nosotros nos preparamos para ello. Y luego es clave la competencia intercultural y saber adaptarse a las circunstancias. No es lo mismo interpretar para un niño o una niña que hacerlo para una persona sorda o para alguien que ha sufrido torturas. En este último caso, es muy importante el lenguaje no verbal. Si te comportas de manera fría con una persona que está narrando un abuso, eso hace que la persona se cierre y no hable pero, al mismo tiempo, tienes que ser imparcial.
—¿Cómo es la colaboración con el personal sanitario?
—Suele ser muy buena, porque nos necesitan para comunicarse con el paciente. Lo que solemos pedir los intérpretes es que se dirijan a la persona como si no estuviéramos presentes nosotros. Preguntarle directamente si ha tenido fiebre, en vez de pedirnos a nosotros que le preguntemos. Porque cuando empiezas a hablar en tercera persona, hay mucho más ruido en la comunicación. A veces, quieren que consigamos información, pero lo ideal es que la pregunten ellos mismos. A veces te dicen: «Sabes si ha tenido algún aborto?», pero eso es algo que deberían preguntarle directamente. En el ámbito médico forense, es bastante frecuente saber si la persona está diciendo la verdad, pero a un intérprete no se lo puedes preguntar. Tienes que tú tener herramientas para saber si la persona dice la verdad o no. Ese no es el papel del intérprete.