Cuidado con las uvas este Fin de Año: «Son redondas, resbaladizas y tienen varias texturas»

La Voz de la Salud

EL BOTIQUÍN

Los expertos recuerdan evitar que los menores de cinco años tomen las uvas enteras, con pepitas y piel.
Los expertos recuerdan evitar que los menores de cinco años tomen las uvas enteras, con pepitas y piel. MARTINA MISER

Los expertos recuerdan que se trata de uno de los alimentos que más riesgo de asfixia presenta en niños, aunque también es peligroso para los mayores

31 dic 2025 . Actualizado a las 13:29 h.

Si existe un alimento que represente la celebración de fin de año es la uva. En esta fecha, esta fruta es tan protagonista como peligrosa, ya que se encuentra entre las causas más frecuentes de asfixia en menores de cinco años. Y, pese a tratarse de una tradición que parece inofensiva, que los pequeños de la casa tomen las doce uvas puede acabar en tragedia. «Son redondas, resbaladizas y tienen varias texturas, es decir, sólidas acompañadas de un líquido. Además, cuentan con pepitas en su interior», explicaba Magdalena Pérez, miembro de la comisión de Laringología, Voz, Foniatría y Deglución de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Seorl-CCC), en este reportaje.

Presentan un tamaño similar al diámetro del espacio glótico (de uno o dos centímetros) y, además, la piel de esta fruta dificulta su masticación. Y, si esto no fuese suficiente para que supongan un riesgo por sí solas, las campanadas requieren rapidez. «Realmente lo más importante de todo es no ingerirlas mientras estamos riendo, hablando o contando las campanadas. Tener la uva en la boca y, a la vez, intentar utilizar la laringe para otra cosa es un riesgo», añadía la especialista. Esta estructura tiene tres funciones: hablar, deglutir y respirar. Por lo tanto, intentar utilizar todas al mismo tiempo puede derivar en un atragantamiento o una asfixia.

Por todas estas razones, hay colectivos para los que es preferible buscar una alternativa al clásico ritual. Es el caso de los menores de cinco años, en los que la deglución todavía no está desarrollada del todo, o de quienes tienen una edad avanzada y presentan dificultades para tragar. En estos casos, lo más recomendable es consumirlas sin piel ni pepitas, partidas en trozos de forma longitudinal y, si es posible, en forma de cruz.

Por otra parte, recurrir a sustitutos como pequeños trozos de turrón, cacahuetes o gominolas tampoco es una buena opción. Más allá de que el tamaño sigue siendo reducido, estos productos pueden desprender fragmentos de alguno de sus ingredientes, lo que también entraña un peligro.

¿Qué alternativa se podría plantear? Pérez recomendaba algún alimento blando, «fácil de aplastar, que no suelte jugo y que permita tener un mayor control en la boca. Como por ejemplo, cucharaditas de manzana asada». A partir de ahí, la elección queda al gusto del comensal.

Cómo actuar ante un atragantamiento

En las celebraciones en las que la comida ocupa un lugar central existe un riesgo inevitable: el atragantamiento. Saber reconocerlo y actuar con rapidez puede salvar una vida. Si ocurre, el primer paso es contactar con los servicios de emergencia y, mientras tanto, no administrar ni agua ni alimentos como pan, ya que podrían agravar la situación.

A pesar de haber llamado al 112, puede ser necesario prestar ayuda inmediata. En primer lugar, si quien se está atragantando es un adulto, debe colocarse de pie, delante de la persona que vaya a intervenir. A continuación, esta apoyará una mano en su pecho, inclinándolo hacia delante, y le dará cinco palmadas en la espalda, en la zona interescapular.

Si esta maniobra no resulta efectiva, será necesario pasar a la maniobra de Heimlich. Se realiza colocándose detrás del afectado, rodeando el torso con los brazos por debajo de las axilas, colocando el puño de una mano en la línea media del abdomen —entre el ombligo y el extremo inferior del esternón— y sujetándolo con la otra mano para empujar con fuerza hacia arriba y hacia dentro.

Los expertos recomiendan repetir esta secuencia, alternando cinco golpes interescapulares y cinco compresiones abdominales, hasta que se solucione el problema, llegue la ayuda o la víctima pierda la consciencia. En este último caso, y siempre con emergencias al teléfono, deben iniciarse las maniobras de reanimación cardiopulmonar.

En niños, la técnica varía ligeramente

En caso de atragantamiento infantil, la secuencia de desobstrucción de la vía aérea es similar a la que se aplica en adultos, aunque siempre debe adaptarse a la edad y al tamaño del menor. En los lactantes, la principal diferencia es que no deben realizarse compresiones abdominales, ya que podrían provocar lesiones internas graves. Además, si el niño o el bebé tiene tos efectiva, es mejor no intervenir, ya que toser es el mejor mecanismo para expulsar el objeto. Solo cuando pasa a ser inefectiva o presenta dificultad respiratoria, habría que hacer algo. En primer lugar, mirar la boca y extraer el cuerpo extraño si está accesible. Ahora bien, si no lo está, no es recomendable hacerlo, ya que puede provocar el efecto contrario y empujar la causa de obstrucción más profundo. 

En estos casos, se debe colocar al bebé boca abajo sobre el antebrazo del adulto, sosteniendo firmemente la cabeza con la mano y manteniendo la boca abierta. La cabeza debe permanecer ligeramente extendida y situada por debajo del nivel del cuerpo. Desde esa posición, se administran cinco golpes secos con el talón de la mano en la parte superior y central de la espalda, entre las escápulas.

Si la obstrucción persiste, es necesario cambiar al lactante al otro antebrazo, boca arriba, sujetando de nuevo la cabeza y manteniéndola más baja que el resto del cuerpo, con la boca abierta. A continuación, se realizan cinco compresiones torácicas con los dedos índice y medio en el centro del pecho, ligeramente por debajo de la línea que une ambos pezones. Estas se aplican en la misma zona que el masaje cardíaco, pero de forma algo más intensa y lenta.

La secuencia de cinco golpes interescapulares y cinco compresiones torácicas debe repetirse tantas veces como sea necesario hasta que el objeto sea expulsado.

Si el bebé pierde la consciencia y deja de respirar, se debe iniciar de inmediato la reanimación cardiopulmonar (RCP) infantil y activar de nuevo los servicios de emergencia.