Sin aspirinas pero con máquinas de resonancia: así son por dentro los laboratorios de Bayer en Berlín
EL BOTIQUÍN
Visitamos la sede de la farmacéutica donde se investiga para frenar el cáncer con tratamientos innovadores y técnicas de última generación para mejorar el diagnóstico por imágenes
29 dic 2025 . Actualizado a las 13:50 h.El congreso ESMO, la cita anual de la Sociedad Europea de Oncología Médica, es uno de los eventos más importantes del calendario para los especialistas en diferentes tipos de tumores. Un conjunto variado y amplio de enfermedades que, a nivel global, están aumentando en incidencia. En España, se estima que se diagnosticarán este año más de 296.000 casos, una cifra superior a la población de ciudades como A Coruña.
Para conocer al detalle algunas de estas patologías, La Voz de la Salud viajó a Berlín, la sede del ESMO25. En el marco del congreso, se realizó una visita a un laboratorio de la farmacéutica Bayer. Un acceso de primera a mano a la vanguardia de la investigación para combatir, célula a célula, un tumor de próstata a través de nuevos medicamentos y combinaciones novedosas de distintas terapias. Los expertos enseñaron también cómo se trabaja para avanzar en técnicas diagnósticas cada vez menos agresivas y, a la vez, más precisas.
El recorrido
La sede de Bayer en Berlín, ubicada en el distrito de Wedding, aloja la división farmacéutica de esta empresa de más de un siglo y medio de historia. Alberga los sectores de investigación y desarrollo en oncología y ginecología, así como otras áreas administrativas, de márketing y de producción. La infraestructura incluye laboratorios e instalaciones para los 5.000 empleados que allí trabajan, con cafeterías, guardería infantil y gimnasio, entre otros servicios. Y sí, hay vistas a la torre de televisión remanente de la era soviética, uno de los edificios icónicos del skyline berlinés.
Quizás lo único que no se puede encontrar en ningún rincón de ese edificio sean aspirinas. El producto estrella de Bayer, el fármaco que la marca registró a finales del siglo XIX, actualmente se produce de manera exclusiva en la planta de la compañía en La Felguera, Langreo (Asturias). Esa fábrica es la única que sintetiza el principio activo presente en todas las aspirinas que se distribuyen a nivel mundial.
El recorrido inicia en la planta cero del complejo de edificios, con una visita al laboratorio de imágenes por resonancia magnética, donde los científicos explican los pormenores de la investigación con esta máquina que permite detectar tumores y otras lesiones del organismo a nivel interno. La imagen por resonancia se utiliza no solo para localizar lesiones y definir su tamaño, sino también para planificar y guiar tratamientos quirúrgicos o de radiación.
La máquina de resonancia genera imágenes que son cortes transversales del cuerpo desde diferentes ángulos, permitiendo visualizar tejidos que con otras pruebas no se pueden ver. El paciente se acuesta en la mesa y esta se desliza hacia dentro del tubo, que contiene potentes imanes. La máquina emite una ráfaga de ondas de radiofrecuencia para recoger las señales del núcleo de los átomos de hidrógeno del cuerpo. Posteriormente, un ordenador procesa estas señales y produce imágenes en blanco y negro a partir de ellas.
En el laboratorio, los expertos explican que la resonancia magnética puede ser útil para localizar coágulos en los vasos sanguíneos. Para estudiar estos usos, cuentan con réplicas sintéticas del sistema cardiovascular del cuerpo humano. Enseñan, entre otros curiosos elementos que utilizan en su día a día, una reproducción en goma transparente de la arteria carótida, que se ubica a cada lado del cuello y transporta sangre al cerebro. También disponen de materiales que simulan la densidad y las características del tejido óseo.
Atravesamos un patio que separa dos edificios y entramos a otra zona, donde un grupo de investigadores está trabajando en el desarrollo de nuevos materiales de contraste para resonancias. Estos materiales se utilizan para mejorar la calidad de las imágenes en determinados casos. El contraste se disuelve en agua, se administra al paciente y, una vez absorbido por el cuerpo, actúa acelerando la velocidad a la que los tejidos responden a las ondas magnéticas y de radio. De esta manera, las señales emitidas son más potentes y producen imágenes más nítidas.
Para generar una señal en las máquinas de resonancia, el contraste tiene que estar hecho con elementos químicos paramagnéticos, pero que no sean tóxicos para el ser humano, como el hierro, el yodo o el magnesio. Estos materiales contienen electrones desapareados que los hacen ligeramente susceptibles a ser atraídos por campos magnéticos externos, como los de la máquina de resonancia. Este mecanismo permite producir una imagen.
Los materiales de contraste se pueden introducir en el organismo por diferentes vías, desde la oral hasta la administración de un enema o la inyección intravenosa. Como explican durante la visita, la manera de administrar el contraste influye en la cantidad de material que se debe utilizar para obtener una imagen nítida. Esto es importante, porque muchos pacientes experimentan reacciones adversas frente al material de contraste y reducir la dosis necesaria evitaría que surjan problemas a nivel digestivo, respiratorio o cardiovascular con su uso.
El gadobutrol, una de las moléculas generalmente aplicadas como material de contraste, se lanzó al mercado en el 2004 y desde entonces es ampliamente utilizada. Pero el objetivo es mejorar para evitar reacciones y toxicidades, sobre todo en pacientes que, por su condición, tienen que someterse a reiteradas pruebas de imagen con contraste a lo largo de su vida: pacientes oncológicos, así como individuos que padecen esclerosis múltiple u otras patologías en las que se requiere una monitorización periódica.
En el laboratorio, los expertos han desarrollado una nueva molécula, el gadoquatrane, que permite obtener imágenes casi idénticas a las que se consiguen usando gadobutrol, pero con un 25 % de la dosis necesaria de este último, ya que se trata de una molécula de mayor tamaño que la del gadobutrol. Sobre la mesa hay un frasco del nuevo material, que antes de ser diluido en agua tiene el aspecto de un polvo blanco brillante. Detrás de este material hay un equipo que ha dedicado más de siete años de esfuerzos a sintetizarlo y probar su seguridad y eficacia.