Los ocho mitos de la cosmética que se repiten una y otra vez: ni los parabenos son malos ni las cremas, reafirmantes

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

Estas son las mentiras más comunes de la industria cosmética.
Estas son las mentiras más comunes de la industria cosmética. La Voz de la Salud

Los expertos analizan los reclamos publicitarios de la industria: ¿es oro todo lo que reluce?

07 ene 2023 . Actualizado a las 12:31 h.

Quién más y quién menos ha caído en alguno de los múltiples reclamos publicitarios que impactan en la población a diario. Son atractivos, directos, van a lo que la gente busca en la industria a la que pertenecen, y en más de una ocasión, prometen lo (casi) imposible. Esto, sumado a la campaña que puedan tener detrás, a la imagen y al packaging del que se acompañen, la engañifa está servida. No es para menos, la enorme oferta de cualquier cosa que el consumidor se pueda imaginar hace del mercado un ambiente hostil para el menos avispado. Aquí, quien no corre, vuela. Y a base de repetir mensaje tras mensaje, marca tras marca, año tras año, los claims publicitarios se camuflan como realidad. Aquel que trabaje en el mundo de la cosmética, lo sabe. 

De las cremas que prometen eliminar manchas, se pasa a creer que es posible hacer que desaparezcan; de las cremas anticelulíticas, a pensar que un producto cosmético logra el milagro; de las hidratantes por edad, a dividir los estantes según las velas de cumpleaños que sople el comprador. Los ejemplos sobran, y sin embargo, cada vez son más los profesionales que tratan de explicar cómo funcionan en realidad. Dejarse llevar por un eslogan es fácil, así que desde La Voz de la Salud elaboramos una lista de los ocho más comunes. Por lo pronto, un consejo. Nunca dejarse llevar por las promesas que se escriben con letra grande. 

1. Sin parabenos

Para empezar, ¿qué son los parabenos? Un grupo de ingredientes conservantes empleados tanto en la industria de la cosmética, de productos alimenticios y farmacéuticos. Se consideran de gran uso a la hora de prevenir la aparición de hongos o bacterias, microorganismos que pueden estropear el producto en cuestión. Es por eso, que aumentan su vida útil y los vuelven más seguros. «Son excelentes conservantes que permiten que nuestras cremas estén en condiciones óptimas y no se estropeen según abrimos el envase», explica Natalia Jiménez, miembro del Grupo de Dermatología Estética y Terapéutica (Gedet) de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Pese a los beneficios reportados, no hace falta hacer un esfuerzo para encontrar cosmética que se publicita «sin parabenos». 

Su mala fama está injustificada. En los últimos años, se publicaron unos estudios que establecían una relación entre parabenos y cáncer, de modo que estos conservantes actuaban como disruptores endocrinos. Sin embargo, este efecto (presente de forma muy débil) solo se observaba cuando la cantidad administrada era muy alta, y superior a la que una persona estaría expuesta en una situación real de uso (aún cuando este fuese repetitivo). Pese a que el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores, un organismo europeo, ha aclarado en varias ocasiones que su empleo es seguro, el daño ya está hecho. «Hace unos años, se dijo que podrían actuar como disruptores endocrinos, pero esta afirmación no era aplicable a los parabenos presentes en cosmética», explica la doctora Jiménez. De hecho, «no solo se utilizan en la industria cosmética, sino también en la medicina, con lo que podemos concluir que su perfil de seguridad es bastante conocido», añade Raquel Marcos, doctora en química y ciencias de materiales, con un posgrado en cosmética y dermofarmacia. 

Sin sulfatos

Si existe una palabra de la que se abuse en materia de cosmética, esa es la proposición «sin». El siguiente en la lista de coger fama, y echarse a dormir son los sulfatos. En este caso, su uso puede tener sentido en algunas situaciones. Eso sí, no en todas. «Es uno de los ingredientes a los que se ha demonizado en los últimos años. Están presentes en muchos cosméticos», cuenta la doctora Jiménez, como limpiadores, champús o geles faciales. «Algunos sulfatos sí son irritantes, sobre todo, si no se compensan con otros ingredientes en la fórmula final», añade. ¿Quiénes deben prestar especial atención? Aquellos con pieles atópicas: «Tienen que elegir productos específicos para su tipo de piel porque irán formulados sin sulfatos irritantes». Así que verdad, a medias, para la publicidad.

Sin aceites, «oil free»

Puede suceder que un profesional recomiende, para una piel con tendencia acneica, un producto sin aceites. Pero no todos son perjudiciales, «mis ingredientes preferidos de este tipo son el aceite de argán, de rosa mosqueta y de jojoba», precisa la doctora Jiménez, miembro de la Gedet. Los tres no son comedogénicos, por lo que una piel mixta (que si bien no existe, muchos se identifican con ella para abreviar los signos) podría utilizarlos. No ocurre lo mismo con las pieles grasas: «Para este tipo no los suelo recomendar, porque prefiero texturas más ligeras como los sérum o las hidratantes fluidas. Eso sí, teóricamente, los aceites no comedogénicos con toque seco se podrían usar», detalla la doctora. 

«No comedogénico»

Y de oca a oca, tiro porque me toca. La etiqueta de «no comedogénico». «Esto se indica en base a que sus ingredientes individuales no producen comedones (tendencia al acné), sin embargo, esto no se puede asegurar en la vida real», explica la especialista de dermatología de la AEDV. En sí, tampoco puede considerarse una engañifa, pues ni la legislación lo contempla: «La regulación al respecto no es muy estricta, por ello no se exige un test final de comedogenicidad del producto», añade Natalia Jiménez. Al final, va a depender de la experiencia del usuario. 

Sin tóxicos

«Los cosméticos a la venta en la Unión Europea son totalmente seguros», precisa la doctora Jiménez. Tal y como explica Raquel Marcos, «es una tendencia que adoptaron varias marcas de cosmética que no tienen sentido a nivel europeo, ni siquiera estadounidense, porque por legislación, los ingredientes se regulan y los que son sospechosos se van eliminando poco a poco», detalla la doctora en química. Así, los productos de cosmética no pueden ser tóxicos. Eso sí, la experta reconoce avances en la ciencia que abran la puerta a nuevas formulaciones: «Vamos encontrando mejores alternativas y vamos desterrando otras que no son tan interesantes. No solo por los niveles de toxicidad, sino por el impacto medioambiental», señala Marcos. 

Antiarrugas y antimanchas

Siguiente punto, reclamos como antiarrugas y antimanchas, ¿puede la cosmética llegar a este nivel? La realidad es que no. A la doctora Jiménez, le parece un «error» hablar de eliminar manchas y arrugas en lo referente a un cosmético. «Es más honesto indicar una atenuación de las mismas», precisa. Es casi lo mismo, pero con una ligera diferencia. «Para efectos más destacados se vuelve necesario recurrir a tratamientos propios de la medicina estética, como el láser, la toxina botulínica o los rellenos de ácido hialurónico», añade. 

En esta opinión coincide Raquel Marcos: «El término de "antimanchas" o "antiarrugas" solo nos dice que se trata de un cosmético que evita que ambas aparezcan. Y en realidad, esto no llega a existir. Solo podría decirse del protector solar empleado desde la infancia», apunta la doctora en química. Tanto las manchas, como las arrugas, pueden aparecer por diversos motivos: desde medicamentos fotosensibilizantes que desencadenan una reacción tóxica, a que las arrugas hagan acto de presencia por hábitos inadecuados como el tabaco. 

Con todo, «existen determinados ingredientes que nos pueden ayudar con las manchas, atacándolas de diferentes maneras», precisa Marcos. Se refiere al ácido retinoico, o a los alfahidroxiácidos, «estos mejoran la renovación celular, lo que mejorará las arrugas, porque se engrosa la dermis y se afina la epidermis», detalla Marcos, que añade: «Las arrugas se forman en la dermis, y al engrosarla, van desapareciendo poco a poco. Por su parte, la renovación celular hará que se reduzcan, de manera progresiva, las manchas superficiales», destaca. También puede funcionar la Niacinamida, «un antioxidante estupendo», junto a otro tipo de despigmentantes, como el ácido azelaico, «que es uno de los tratamientos estrella para las marcas de acné», precisa la doctora en química. Con todo, recuerda que el resultado final dependerá de un conjunto de ingredientes, y no solo de uno en exclusiva. 

En esta engañifa hay más de dónde sacar. La dermatóloga Ana Molina cuenta en esta entrevista que los reclamos como «borra tus arrugas en siete días» son mentira. «El tiempo mínimo para empezar a ver resultados son 30 días, porque es lo que tarda la capa más externa de nuestra piel en renovarse», precisa. 

«Contribuye al crecimiento del cabello»

Los milagros contra la caída capilar no existen. Eso que vaya por delante. Si bien un champú puede hacer ver una melena más saludable, lo más importante en cuestión de crecimiento es lo que viene del interior. «Los productos capilares de aplicación tópica pueden hacer que nuestro pelo tenga un mejor aspecto por el brillo y volumen que aportan, pero en ningún caso se activará el crecimiento a nivel de la raíz del pelo», aclara la doctora Natalia Jiménez. Una acción solo posible con el uso de determinados fármacos «de aplicación tópica», inyectada o tomados por vía oral.  

Cremas reafirmantes

¿Reafirmar con cremas es posible o solo un cuento de la industria? Este reclamo se sustenta sobre una verdad a medio camino. De primeras, es una promesa que decepciona: «Cuando se habla de cremas reafirmantes o con efecto lifting suele llevar a una gran decepción por parte de los consumidores ya que esperan un efecto tensor franco», apunta la dermatóloga. Si bien existen principios activos, como el retinol o los AHA, «que con el uso mantenido sí inducen a la formación de colágeno a nivel microscópico», no se conseguirá el efecto tensor que se obtiene después de un procedimiento de medicina estética, como los hilos tensores o la radiofrecuencia, y muchos menos con la cirugía. «Con este tipo de principios se promueve la producción de colágeno, que es el andamio sobre el que se asiente la piel, por eso notaremos una mayor consistencia», detalla la exporta. Pero decir que un cosmético reafirma no es posible. Al menos de momento.

La doctora Izaskun Astoreca, doctora en medicina estética y especialista en nutrición de la Unidad de Estética Corporal del Grupo Pedro Jaén, reconocía, en este reportaje, que las cremas anticelulíticas «tienen un efecto muy limitado». Para la experta, solo servirán de ayuda con el masaje que se recomienda dar al extenderlas: «Para que fueran totalmente efectivos tendrían que atravesar la piel. Pueden servir de ayuda porque el masaje fomentará la circulación en la zona y la hidratación de la piel», explicaba. 

«Testado por dermatólogos»

Este es, probablemente, uno de los reclamos que más confianza producen. Los expertos explican que esto no significa que los profesionales en cuestión hayan realizado estudios de eficacia, «sino que se han hecho test de tolerancia cutánea, y que son seguros, pero no equivale a su eficacia», detalla Ana Molina. Para que esta condición sea cierta, tendrían que haberse hecho ensayos clínicos previos con un número concreto de individuos, teniendo en cuenta una serie de variables. 

Que no te confundan: esto es lo que puedes saber gracias al etiquetado de los productos cosméticos

Cinthya Martínez

El etiquetado de un cosmético es uno de los instrumentos más valiosos que tenemos a nuestro alcance para conocer qué vamos aplicar en nuestra piel o cabello antes de comprarlo. Aquellos que sufren una alergia cutánea saben lo que es estar alerta a la lista de ingredientes, pero no es la única información que nos proporciona la etiqueta. También si contiene protección solar y de qué tipo —en el caso de que se trate de un cosmético corporal o para la cara—, o si el reclamo con el que se anuncia es una realidad o una buena estrategia de márketing. 

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Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.