‘Poliamor’, ‘relaciones abiertas’, ‘bisexualidad’, ‘pansexualidad’, ‘satisfyer’… En muchos hogares españoles, en ese rato posterior a la cena en el que sus miembros se tiran al sofá buscando un momento de relajación y entretenimiento, las pantallas digitales se encienden y la generación joven toma la palabra. En un programa de televisión de citas a ciegas, tras tomar una copa rápida en la barra y nada más tomar asiento para cenar, un comensal le dice a otro: ‘Yo estoy en una relación abierta’. En Instagram, un influencer ‘x’ crea una nueva publicación, en la que confiesa: ‘me atraen tanto los hombres como las mujeres’. Tras ello, nuestro hijo, pareja, hermano o amigo, se acerca a nosotros y nos comenta: mi amigo o amiga ‘x’ dice que no se enamora de géneros, cuerpos o rostros, sino de personas.

 ‘Nene, ¿qué es lo que ha dicho ese? ¿Que quiere una relación con esta?’

‘No, abuela. Que tiene una relación abierta. A-bier-ta. Que tiene una novia, pero que cada uno puede tener otros novios’.

‘¿Pero para qué va a la tele si ya tiene novia?’

‘Porque quiere conocer a más gente, Abuela. No quiere tener solo una novia’.

‘Pero si la novia lo estará viendo y sabrá que la está engañando’.

‘No, abuela. La novia lo sabe, y a lo mejor ella también tiene otros novios’.

‘Válgame dios, qué disparate. Eso ni son novios ni son nah. Esto sí que no ha existido nunca, nunca’. 

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‘Se habrá equivocado, ¿no? Habrá querido decir que le gustan los hombres, pero no las mujeres’.

‘No, papá. Dice que le gustan los hombres y las mujeres. Que le gustan los dos’.

‘Pero vamos a ver, te pueden gustar los hombres, o te pueden gustar las mujeres, pero ¿cómo te van a gustar los dos?’

‘Sí, papá. Son bisexuales. Se pueden sentir atraídos tanto por un hombre como por una mujer’.

‘Pero entonces, ¿no saben lo que les gusta?’

‘Sí, sí lo saben. Le gustan tanto los hombres como las mujeres’.

‘Pues no lo entiendo’.

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‘¿Ha dicho que lo que le gusta del sexo es hacerlo en la calle?’

‘No, mamá. El satisfyer. Que, en la cama, le gusta utilizar el satisfyer’.

‘Pero ¿cómo se pone a decir en la tele lo que le gusta hacer en la cama? ¿Y los vecinos qué?’

‘Porque no tiene miedo a lo que la gente piense de ella, mamá’.

‘¿Pero y qué es eso de satisfyer?’

‘Son juguetes sexuales, mamá. Juguetes para disfrutar más, para sentir más placer’.

‘Pero ¿qué más quieren sentir?’

Sin duda, y representadas estas situaciones que podemos vivir en nuestro día a día, pareciera que una nueva revolución sexual está en marcha. Una revolución sexual obrada por la generación más joven, dispuesta a priorizar la elección personal, la libertad, la tolerancia y el placer, frente a cualquier influencia externa, tradición, tabú o limitación. Ahora bien, desde una perspectiva histórica, ¿qué hay de verdaderamente nuevo en todo esto? ¿Cuán nuevos son los términos ‘relación abierta’, ‘poliamor’, ‘bisexualidad’ o ‘juguete sexual’?

La irrupción de los ‘love toys’

Sin duda, nunca ha habido un desarrollo tecnológico como el actual y, como no podía ser de otro modo, tal desarrollo tecnológico ha llegado al ámbito sexual. Bien es cierto que siempre han existido formas para disfrutar de la sexualidad a solas o en pareja, pero nada se iguala al boom actual y las prestaciones de los love toys: los juguetes sexuales.

En farmacias online, u otros comercios especializados en la salud y el bienestar sexual, se pueden encontrar succionadores de clítoris, vibradores para el pene, masturbadores, huevos vibradores e incluso juguetes que, al mismo tiempo, estimulan clítoris, punto G femenino y pene. Muchos de ellos son silenciosos, sumergibles en agua y presentan distintos programas y grados de intensidad.  

Cada vez son más personas las que se deciden a probarlos en primera persona, sin conformarse con los relatos de amigos, familiares, etc. Además, los juguetes sexuales se pueden utilizar solo o en pareja, y no entienden de edad. Es la verdadera revolución sexual de nuestro tiempo, la tecnología aplicada al ámbito de las relaciones sexuales: los love toys.

Revoluciones sexuales a lo largo de la historia

Como decíamos anteriormente, no es ni mucho menos la primera vez en la historia en que se conocen corrientes sexuales como la bisexualidad o las relaciones abiertas. La bisexualidad, de hecho, era ya conocida entre los griegos antiguos.

En cuanto a las relaciones abiertas, bien es sabido que tampoco es una invención moderna. ¿Quién no ha oído hablar, hasta ahora, del idilio que vivieron Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir? Ambos decidieron romper con las costumbres burguesas y mantuvieron una relación libre (que hoy se conocería como ‘abierta’), que los mantuvo toda su vida unidos, pero que no les impidió ser siempre transparentes el uno con el otro, y relatarse incluso sus idilios amorosos con terceros. Él, premio nobel y representante del existencialismo; ella, filósofa y escritora reconocida, representante del feminismo. Hoy yacen enterrados juntos.

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¿Estamos viviendo una nueva revolución sexual?