La convivencia a bordo de la Victoria

Aunque no hay planos para conocer con exactitud las dimensiones de la primera nao que dio la vuelta al mundo, la Victoria, todo apunta a que tenía 28 metros de eslora (longitud) y 7 de manga (anchura) y una sola cubierta. Resulta difícil creer que 45 hombres pudieran convivir tanto tiempo sin apenas espacio. El capitán era el único privilegiado: tenía camarote propio, mientras que el resto de los tripulantes se repartían la cubierta, a pesar de las condiciones meteorológicas adversas de muchos momentos.

Réplica del camarote del capitán de la nao Victoria
Réplica del camarote del capitán de la nao Victoria

LA VIDA A BORDO

La vida a bordo de la Victoria presentaba muchas incomodidades y penalidades. Al propio hacinamiento de los largos períodos de navegación se unían unas pésimas condiciones de higiene. Apenas existían 150 metros cuadrados de cubierta útiles para aquellos 45 hombres. Bajo cubierta, las aguas acumuladas en la sentina desprendían mal olor y alimentaban a las ratas. En la bodega se almacenaban víveres, agua dulce, repuestos, armas, lastre (piedras para dar estabilidad al buque) y animales.

El poco espacio se repartía por categorías. En la popa (parte trasera) estaba la toldilla, sobre la que se situaba el camarote del capitán. El maestre (segundo de a bordo), el piloto y el resto de los oficiales y personalidades importantes (unas 15 personas) compartían la cámara inferior a la del capitán, llamada chupeta, o el castillo de proa (ambas zonas, bastante abrigadas). El resto de la tripulación se repartía la cubierta a la intemperie, buscando algún pequeño hueco donde tender sus mantas y poder dormir. Por todo ello, en algunos momentos, caminar de proa a popa podía ser una auténtica carrera de obstáculos.

Gran parte de la tripulación inicial de la Victoria sucumbió debido al hambre y a enfermedades como el escorbuto, a veces tras beber agua putrefacta y comerse el cuero de los mástiles (*) o hasta ratas. El agua dulce era un bien muy escaso. Para lavarse utilizaban agua de mar recogida en cubos, y cuando la navegación lo permitía, se bañaban en él.

LA TRIPULACIÓN

La tripulación de la Victoria estaba compuesta por hombres que ocupaban diferentes puestos: había nueve oficiales, once marineros, tres artilleros, diez grumetes dos pajes y diez personas más entre criados y viajeros. La mayoría eran españoles (principalmente, gallegos y vascos), pero también había portugueses, griegos, italianos y franceses.

El capitán era la principal autoridad a bordo y quien ejercía el mando. El maestre mandaba en la marinería, el piloto era el encargado de gobernar la nao, el contramaestre era responsable de los aparejos y las velas, los marineros y grumetes efectuaban las tareas que les ordenaban y los pajes se encargaban de las oraciones diarias.

La tripulación llevaba sus efectos personales en cofres, de dimensiones variables según su categoría: el del maestre podría ser de cinco palmos de largo por tres de alto. Y de ahí para abajo: los marineros, grumetes y pajes debían repartírselos entre dos, tres o cuatro, respectivamente. En ellos guardaban sus escasos objetos personales (ropas y mantas), y los utilizaban como asientos, mesas o tableros de juego. En cuanto a la vestimenta, no existía uniformidad. Cada uno vestía su propia ropa, y prácticamente la misma a diario. Aunque existía una especie de moda de llevar grandes camisas blancas y calzones marrones.

RELACIONES DE CONVIVENCIA

En aquellos años existía un reglamento muy estricto para la convivencia a bordo, con castigos por dormirse estando de guardia, entrar en la bodega, insubordinarse, hurtar, etcétera. Estos podían ir, dependiendo de la falta cometida, desde poner grilletes o dejar al culpable a pan y agua hasta azotar, cortar una mano, abandonar en tierra o incluso pasar por la quilla (*). Los que cometían faltas se ganaban además el desprecio del resto.

La hora del rancho era un acto diario muy importante, lleno de bromas y en el que se formaban círculos de amigos. Entre marineros, pajes y grumetes, elaboraban guisos en grandes calderos. Aunque el capitán, el maestre y el piloto comían en una mesa, todos los demás lo hacían en cubierta sobre un trozo de lona, compartiendo platos grandes de madera.

Los más favorecidos dormían en colchonetas (que durante el día se enrollaban en sacos de esparto), mientras que el resto lo hacían sobre fardos.

La rutina religiosa estaba presente a bordo. Al amanecer, un grumete o paje entonaba un canto religioso, y al anochecer volvían a orar y cantar.

Boyas clave (*)

* Vida a bordo: https://bit.ly/37kM0II

* Barcos renacentistas: https://bit.ly/38whewv

ACTIVIDADES

1. Teletranspórtate a la época de la navegación y hazte esta pregunta: ¿Cómo crees que los hombres de aquella época hacían sus necesidades?

  • Respuesta: Pues como casi todo en aquella nao, estos menesteres también debían hacerse desde la cubierta. La parte de orinar, supongo que ya la imaginaréis; y para la otra tarea, asomaban sus posaderas por fuera de la borda, con cuidado de no caerse (aunque los más refinados también usaban un cubo). Posteriormente, para evitar caídas de hombres al agua, se dispusieron dos agujeros en la popa de los buques, donde los tripulantes podían hacer sus necesidades sin mayores riesgos.

2. ¿Todavía no te haces a la idea de cómo era la vida en la pequeña Victoria? Esta réplica a escala del buque te ayudará.

  • https://bit.ly/2GhpwMU

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