Hacer ejercicio o... ¡sufrir!

El cuerpo humano necesita actividad física porque sus células la demandan para funcionar bien

La cantidad de ejercicio es más importante que la intensidad. Caminar 15.000 pasos diarios contribuye a tener una mejor salud general
La cantidad de ejercicio es más importante que la intensidad. Caminar 15.000 pasos diarios contribuye a tener una mejor salud general

La investigación de la evolución humana y de la biología de los simios aporta nuevas perspectivas para entender la obesidad. Por eso sabemos que nuestra fisiología se adaptó durante los dos últimos millones de años a la necesidad de mantener diariamente una actividad física intensa, que es la que exigían la caza y la recolección. Vivir sin tener en cuenta nuestra biología es el origen de muchos problemas de salud.

PEREZOSOS POR NATURALEZA

Nuestros parientes animales más cercanos no necesitan hacer tanto ejercicio como nosotros. Orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos disfrutan de una vida de los más ociosa, pues pasan la mayor parte del día descansando, acicalándose, comiendo y tomando el sol. Los grandes simios dedican unas ocho o diez horas diarias a estas actividades sedentarias, otras tantas a dormir y apenas se desplazan. Los bonobos y chimpancés, que son más activos, caminan unos tres kilómetros cada día; si le sumamos el ejercicio que hacen cuando trepan a los árboles, el resultado es que caminarían poco menos de 5 kilómetros.

A pesar de todo, los individuos de estas especies mantienen un envidiable estado de salud. Incluso los que viven en cautividad acumulan muy poca grasa corporal, casi nunca sufren diabetes, hipertensión, arteriosclerosis ni otras enfermedades circulatorias. Pero su gasto calórico diario indica que ninguno de ellos llegaría al mínimo aconsejable para nosotros. En los seres humanos este grado de actividad se calificaría de sedentarismo y sería una forma segura de apostar por padecer graves problemas de salud con el paso de los años.

DISEÑADOS PARA EL EJERCICIO

Cuando los primeros humanos comenzaron a cazar y a recolectar debieron hacer un mayor esfuerzo físico que sus antepasados, quienes permanecían sedentarios en sus espacios de confort. Es un hecho que se ha podido comprobar estudiando algunas tribus africanas actuales que mantienen estas costumbres, pues suelen caminar hasta 14 kilómetros diarios, es decir, mantienen una actividad mucho mayor que los simios. El caso es que se suponía que los dos últimos millones de años la evolución humana apenas habían afectado a las funciones básicas de nuestras células. Pero recientes descubrimientos indican todo lo contrario: que el cuerpo humano necesita actividad física porque nuestras células la demandan para funcionar bien.

Una de las adaptaciones adquiridas en nuestro pasado es que el cerebro desarrolló la capacidad de recompensar el ejercicio físico prolongado, como las carreras de larga distancia, liberando sustancias que producen sensaciones de bienestar y euforia. Otras investigaciones descubrieron que el ejercicio incrementa la actividad reparadora de las neuronas, mejora la memoria y evita el envejecimiento cerebral.

En comparación con los simios, tenemos un metabolismo capaz de consumir casi cuatro veces más oxígeno y más glóbulos rojos en la sangre para transportarlo, lo que facilita mantener largos períodos de esfuerzo. También los músculos de nuestras piernas son proporcionalmente más grandes y más resistentes a la fatiga que los de los simios. Además se ha descubierto que el ejercicio de resistencia provoca la liberación de sustancias que tienen efectos beneficiosos en todo el organismo, mejorando, por ejemplo, las inflamaciones crónicas o la resistencia a la diabetes; también actúan sobre los niveles de algunas hormonas, lo que reduce el estrés y se asocia con una menor aparición de cánceres en el aparato reproductor.

Desde esta nueva perspectiva se propone que la importancia del ejercicio no está en que el organismo funcione más, lo que provoca es que funcione mejor. Y otra idea fundamental es que la cantidad de ejercicio es más importante que la intensidad. Es decir, que no hace falta pasar por un gimnasio para beneficiarse del ejercicio. Es lo que ilustra un estudio en una población de trabajadores de Correos, pues indicó que los que por su trabajo caminaban más 15.000 pasos al día o permanecían en pie más de siete horas tenían mejor salud general.

Perezosos por cultura

Gracias a la actividad física, nuestro organismo regula la forma en que gasta las calorías y coordina las funciones más vitales. Por eso el ejercicio físico no es la mejor estrategia para adelgazar, pues un cuerpo bien entrenado mejora el rendimiento de la energía que gasta.

Así se explica, por ejemplo, que los individuos que forman parte de tribus nómadas africanas experimentan el mismo gasto calórico que muchos adultos urbanos sedentarios, a pesar de que mantienen un nivel diferente de actividad física.

La falta de ejercicio que han provocado nuestros actuales hábitos culturales tiene consecuencias perjudiciales en la salud. Bastan quince días de reposo total para que músculos, huesos, articulaciones, tendones y ligamentos se deterioren rápidamente al tiempo que pierden masa, elasticidad y fortaleza. Por eso los astronautas deben realizar ejercicio durante sus estancias espaciales, pues la poca gravedad en la que se mueven reduce tanto el esfuerzo locomotor que, por ejemplo, sus huesos podrían debilitarse debido a la pérdida de calcio (osteoporosis). También sufre el sistema circulatorio, pues la inactividad física favorece el desarrollo de varices, arteriosclerosis y problemas cardíacos. E, igualmente, aparecen trastornos digestivos.

PANTALLAS Y EXCESOS

Pero el cóctel más explosivo para la salud sucede cuando el sedentarismo se suma al consumo excesivo de alimentos, especialmente de mala calidad. La obesidad es uno de los problemas más graves que afronta la actual población humana.

El hecho es que varios estudios apuntan a que estar sentados frente a una pantalla durante largos períodos de tiempo se asocia a una reducción de la longevidad. Uno, por ejemplo, encontró que ver más de dos horas diarias la televisión se asocia a un mayor riesgo de sufrir problemas cardiovasculares (infartos, ictus, etcétera). Otro indica que, de forma general, cada hora que se permanece frente a una pantalla reduce unos 22 minutos la esperanza de vida.

Actividades 

Muchas veces apenas somos conscientes de nuestras costumbres. Calcula la cantidad de horas al día que estás en movimiento y las que permaneces quieto. 

Reflexiona sobre la forma en que podrías incrementar tu actividad física. Subir escaleras en lugar de utilizar el ascensor, caminar en lugar de tomar el autobús, esperar de pie en lugar de sentarte…

La obesidad infantil no deja de crecer en los últimos años. En nuestro país una de cada tres personas de entre 8 y 16 años tiene sobrepeso. Calcula tu índice de grasa corporal y el de tus amigos y compañeros:

https://bit.ly/2Td5Yko

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