El científico de las auroras boreales

El noruego Kristian Birkeland explicó el origen de este fenómeno a comienzos del siglo XX, pero la gran mayoría de los astrónomos no aceptaron sus ideas hasta 50 años después de su muerte

Una aurora boreal adquiere este color verde cuando la proporción de oxígeno en la atmósfera es mayor de lo normal
Una aurora boreal adquiere este color verde cuando la proporción de oxígeno en la atmósfera es mayor de lo normal

Para los vikingos eran el brillo que desprendían las valkirias, mientras que los esquimales veían en ellas el sendero que conducía hacia los espíritus de sus antepasados. Las auroras boreales han alimentado durante siglos la imaginación de muchos pueblos, que les han buscado mágicas y poéticas explicaciones. Sin embargo, en el invierno de 1899 el científico Kristian Birkeland (1867-1917) decidió buscar una explicación fundamentada a este espectacular fenómeno, para lo que comenzó expediciones al norte de su Noruega natal, que más tarde amplió a Islandia y Rusia. Países en los que estableció observatorios para recoger datos del campo magnético terrestre cuando tenían lugar las auroras boreales.

Su hipótesis planteaba que se observan solo en los polos terrestres, porque el campo magnético que rodea la Tierra desvía los rayos de electrones que llegan desde el Sol hasta esas zonas. Allí, esos rayos interaccionan con la atmósfera provocando auroras polares: boreales, si son en el polo norte, y australes, si son en el polo sur.

Birkeland nació en la ciudad de Christiania, hoy en día Oslo, y con solo 18 años ya había escrito su primer artículo científico. Era el comienzo de un brillante físico, ingeniero e inventor que pronto se convertiría en catedrático de la universidad de su ciudad.

Para poner a prueba sus ideas sobre las auroras, Birkeland desarrolló un experimento en el laboratorio. Construyó varias terrellas, esferas metálicas magnetizadas que simulan el campo magnético de la Tierra, dentro de un tanque de vacío. Sobre ellas lanzó rayos catódicos -corrientes de electrones-, lo que produjo luminosidad en las zonas de alrededor de los polos de la terrella.

Aun así, los principales geofísicos de la época no tomaron en serio su hipótesis y la ridiculizaron. Tuvieron que pasar 50 años desde su muerte para que su teoría fuese confirmada y aceptada. En 1967, los datos aportados por un satélite de la Armada de Estados Unidos corroboró que una aurora se produce cuando un intenso viento solar choca contra la magnetosfera de la Tierra, un campo magnético generado por el núcleo terrestre. Esa cobertura de nuestro planeta desvía hacia los polos las corrientes expulsadas por el Sol.

Ahora también sabemos que los llamativos colores que vemos en las auroras dependen de los tipos de átomos que hay en el aire con el que choca el viento solar. Por ejemplo, cuando se forman auroras de color verde, la proporción de oxígeno que hay en el aire es mayor.

BIRKELAND EN LA LUNA

Birkeland no pudo ver cómo su teoría sobre las auroras era aceptada por la comunidad científica. Aunque en vida fue candidato en ocho ocasiones al premio Nobel, cuatro en su categoría de Física y otras cuatro en la de Química, nunca se lo concedieron.

Tras su muerte, uno de los cráteres de la Luna recibió el nombre de Birkeland en su honor y, hoy en día, los billetes de doscientas coronas noruegas llevan grabado su rostro.

Cuando las luces del norte se vieron desde Galicia

Aunque las auroras boreales, también llamadas luces del norte, suelen observarse en el círculo polar ártico, desde Galicia hemos tenido la oportunidad de verlas en algunas ocasiones, que además han quedado registradas. La primera fue el 25 de enero de 1938, en plena Guerra Civil, cuando el cielo de la península ibérica se tiñó de color rojo. Entonces los habitantes de Lalín acudieron a casa del matemático Ramón María Aller en busca de una explicación. Aller, uno de los padres de la astronomía gallega, tranquilizó a sus vecinos, al explicarles que estaban viendo una aurora boreal a pesar de estar en latitudes mucho más al sur que las polares.

El 21 de enero de 1957 volvió a repetirse un fenómeno similar, que los científicos del Observatorio Meteorológico de A Coruña anotaron así: «Se observó un reflejo muy intenso rojizo con franjas verticales en dirección NNW sobre las 22.20 Z hasta las 22.45 Z. Aurora polar». En 1989, 51 años después, tuvo lugar la última aurora polar visible desde estas tierras. Se observó especialmente bien en Galicia, donde fue noticia en los periódicos varios días. Desde entonces, ha habido distintas alertas, pero ninguna llegó a confirmarse. Se calcula que los gallegos podríamos ver entre tres y cuatro auroras polares por siglo. Si hacemos caso a la estadística, debemos de estar a punto de ver alguna, con el permiso de las nubes.

Actividades

En esta web te indican las probabilidades de ver una aurora boreal en función de tu localización. ¿Cuál es el lugar más cercano a Galicia desde donde pueden verse ahora mismo? ¿En qué latitud está? ¿Es dentro del círculo polar ártico?

  • www.aurora-service.eu/aurora-forecast/

Para curiosos

Islandia es uno de los mejores destinos para observar auroras boreales. En este vídeo puedes ver varios lugares del país iluminados por estas espectaculares luces:

  • cutt.ly/We40NBH

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