Ciudadanía global en el siglo XVI

Palabras como globalización se han incorporado recientemente a nuestro vocabulario habitual. La tecnología nos permite posibilidades más rápidas de conexión mundial. Pero los hombres de Elcano que en 1522 completaron la gran aventura de la primera vuelta al mundo son la pieza final de un puzle que nos proporciona una panorámica del planeta nunca antes imaginada.

Indios tehuelches en Río Gallegos
Indios tehuelches en Río Gallegos

El primer viaje alrededor del mundo supuso ampliar el conocimiento que sobre él tenía el ser humano: nuevos lugares, gentes, animales, plantas, alimentos…

1. UN MUNDO GLOBALIZADO

El viaje iniciado por Magallanes y terminado por Elcano es el final de un proceso que se inició a finales del siglo XV con el descubrimiento de América y continúa en 1598 con la llegada a la India de Vasco de Gama y cuando Vasco Núñez de Balboa en 1513 descubre el mar del Sur (el océano Pacífico).

En un período relativamente corto, de tan solo 30 años, el Viejo Mundo (Europa) conecta con un mundo nuevo y diferente, lleno de posibilidades.

Entendiendo globalización como el establecimiento de interconexiones e intercambios a nivel mundial y a todos los niveles (social, económico, cultural…), este es, sin duda, el primer momento en que se produce este fenómeno. Comienza entonces a tejerse una red de intercambios comerciales entre los continentes que hacen que se integren en un sistema económico a mundial.

En consecuencia, diferentes mundos se integran en uno solo y empiezan a construir una historia común. Antonio Pigafetta, el cronista del viaje, consciente de su importancia llevó a cabo un minucioso registro y así manifiesta ante Carlos V: «Entre las otras, le di un libro, escrito por mi mano, con todas las cosas pasadas, día a día en nuestro viaje».

Esta globalización fue llevada a cabo «per ibéricos» (españoles y portugueses), ciudadanos de las dos grandes potencias mundiales en aquel momento. Pero no estaban solos: los acompañaron hombres procedentes de otros países europeos, como el cronista Pigafetta, nacido en Vicenza (Italia).

2. EL ENCUENTRO CON OTROS PUEBLOS

La tripulación era de muy diversa procedencia: españoles de diferentes zonas y también extranjeros y durante la travesía irán encontrando pueblos hasta el momento desconocidos y que los sorprenderán por su aspecto, sus costumbres y su cultura, según relata Pigafetta. Por ejemplo, al describir a los tehuelches, con los que se encontraron en mayo de 1520 en la costa atlántica de Argentina: «Un día en que menos lo esperábamos, se nos presentó un hombre de estatura gigantesca [...]. Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura». Les sorprendió el tamaño de sus pies y durante mucho tiempo se creyó que por eso los llamaron patagones. Según el historiador español Sagarra, encontraron un fémur tan grande que lo recogieron como regalo para el emperador, aunque no hay constancia de que llegase a su destino.

En este periplo también pusieron nombre a los nuevos lugares. Así, a lo que hoy conocemos como Tierra del Fuego, lo llamaron Tierra de los Humos, por las fogatas que hacían los indígenas, o a lo que hoy conocemos como islas Marinas lo bautizaron como las islas de los Ladrones, por las trifulcas y abordajes de la población indígena (los chamorros).

El conocimiento de pueblos, hombres y culturas sienta las bases de la ciudadanía global con el transcurso de los siglos.

3. FLORA Y FAUNA DESCONOCIDAS

Además de personas, encontraron vegetales y animales desconocidos para los europeos. También ellos aparecen en la crónica de Pigafetta. Así describe los guanacos: «Este animal tiene la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las orejas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita». Cuenta también que su piel la utilizan los indígenas para fabricarse capas y calzado.

En el Estrecho de Magallanes encontraron extraños gansos: una especie que hoy se conoce como pingüinos de Magallanes. También les sorprendieron los tiburones, los peces voladores o los lobos marinos y, especialmente, un ave de vivos colores que encontraron en las islas Molucas (Indonesia) que los nativos llamaban bolon dinata (‘pájaro divino’) y que nosotros conocemos como ave del paraíso.

En su largo viaje encontraron, además de las especias que buscaban, otras plantas con propiedades que desconocían. Por ejemplo, el apio dulce (vitamina C), cuyo consumo mitigaba el escorbuto, enfermedad muy habitual entre los marineros. También la corteza aromática del ciprés de los canales, que quemaban para producir buen olor y cuya madera luego se utilizó para producir postes por su resistencia a la humedad. Otros vegetales fueron la resina del árbol de la laca, que seguimos utilizando hoy como adorno en muebles y objetos delicados.

Todo esto supuso una globalización gastronómica nunca antes vista. La mayor facilidad para traer a Europa las especias hizo que fuesen asequibles a más población, y se hicieron habituales en los menús de los burgueses. En los años posteriores continuó el intercambio: se llevaron a estas zonas alimentos europeos y se trajeron otros de ultramar. De este modo se completó el conocimiento del mundo y se produjeron cambios que nos trajeron a la actual aldea global.

ACTIVIDADES

ACTIVIDAD 1

Consulta la identidad de los integrantes de la tripulación de este viaje en https://bit.ly/2R2XDi3 y elabora un listado de las distintas nacionalidades y profesiones que ejercen.

  • ¿Había algún gallego entre los tripulantes? ¿De qué lugar de Galicia?
  • Entre los tripulantes había uno que procedía de Malasia: Enrique de Malaca o de Molucca. ¿Quién era este personaje y cuál era su función en el viaje?

ACTIVIDAD 2

Imagina que eres un indio tehuelche o un chamorro. ¿Qué te sorprendería de los visitantes? ¿Y a ellos de vosotros?

 

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