Valle-Inclán: escritor, gallego, inmortal

La Voz reedita catorce de sus obras emblemáticas en una colección que corre a cargo de especialistas de la Universidade de Santiago

Valle-Inclán paseando por Santiago con un joven Domingo García-Sabell en los años treinta
Valle-Inclán paseando por Santiago con un joven Domingo García-Sabell en los años treinta

Si a algún escritor gallego se le puede aplicar aquel viejo adagio castellano de genio y figura hasta la sepultura, ese es don Ramón María del Valle-Inclán, nombre que, por cierto, no era exactamente con el que había sido bautizado. Una obra literaria sin par escrita desde Galicia, pero no en gallego. Un hombre al que los calificativos de raro y extravagante ?(en el más respetuoso de sus significados) le vienen como anillo al dedo. Colaborador de prensa en sus múltiples facetas (que incluyen críticas de pintura, literaria en general, de teatro, cuentos, relatos, artículos políticos, otros sobre la vida social cotidiana…), pero sobre todo conocido por haber sido el creador del esperpento, su estela permanece inalterable en el siglo XXI, y desde luego y por suerte va a ser muy difícil que desaparezca.

Su obra, procede remarcarlo, se merece el calificativo de imprescindible. Tiene también la suerte de que uno de sus nietos, Joaquín -en su momento un reconocido luchador por las libertades de las que hoy disfrutan todos los españoles y firme opositor a la dictadura franquista-, continúa con el trabajo de dar a conocer e investigar los escritos de su abuelo.

Pero con nieto o sin nieto, este hombre nacido en la ría de Arousa y con edificios musealizados en su honor en Vilanova de Arousa y en A Pobra do Caramiñal ocupa un lugar en la historia de la literatura gallega, aunque jamás se le pueda dedicar un Día das Letras Galegas, porque eligió el español para poner negro sobre blanco aquello que su fertilísima imaginación transmitía a la mano que empuñaba la pluma. Quizás fuera un producto de sus largas horas en vela, puesto que él mismo decía: «El sueño suele negarme sus halagos».

Valle-Inclán no es un escritor de una moda concreta. Es un escritor gallego para siempre. En vida fue también un arquitecto del lenguaje. Cierto que muchos de los vocablos que utilizaba estaban de moda entonces y no lo están hoy, y además inventó no pocos. Pero su riqueza léxica sigue asombrando tantos años después de su muerte, acaecida en 1936. Fue ese profundo conocimiento del lenguaje el que lo convirtió en un asiduo colaborador de la prensa tanto madrileña y gallega como internacional. Entre la primera es de justicia nombrar La Correspondencia Gallega en lugar destacado. En la segunda se encuadrarían El Globo, El Correo Español, El Imparcial o La Correspondencia de España, entre otros muchos. Y en la tercera, desde luego y antes que ningún otro, El Universal, de México, y luego Caras y Caretas, de Buenos Aires.

Jugaba con palabras como borrachón o verdilarga (inexistentes, pero de fácil comprensión), o como las más desusadas burlería, justillo o gachón, todas ellas profundamente españolas y que gente como Valle-Inclán impidió que desaparecieran para siempre.

Desde Madrid, pero sin olvidar jamás Galicia, el escritor dejó páginas inolvidables. Como las Cartas galicianas, que arrancan diciendo: «Fue mi viaje a Galicia el más vulgar y prosaico del mundo, y mi mala estrella tanta que ni el tren descarriló. ¡Cosa tan sencilla!». Sin saberlo, había plasmado la más hermosa reivindicación del AVE que jamás haya existido.

Una colección para las bibliotecas escolares

Don Ramón María del Valle-Inclán es inmortal y ahora vuelve a Galicia, de la que, para ser exactos, nunca salió, y en todos los sentidos: su cuerpo descansa para siempre en el cementerio compostelano de Boisaca, ciudad en la cual falleció.

En realidad, lo que sí vuelven son catorce de sus obras, las más significativas, entre las que se encuentran las emblemáticas Tirano Banderas, Luces de bohemia (donde reproduce un incidente real por el que fue multado y, al negarse a pagar, trasladado a la Cárcel Modelo, de Madrid) y Divinas palabras, por ejemplo. Se trata de una promoción de este periódico a partir del domingo que viene, con entrega de un título nuevo cada siete días.

Esta edición, al cuidado del Grupo de Investigación Valle-Inclán de la Universidade de Santiago, tiene un diseño elegante y generoso en blancos para facilitar la lectura, y la selección de obras del genial escritor -o quizás, para ser más concretos, deberíamos decir todas, también las que faltan- deberían formar parte de las bibliotecas escolares.

Los textos parten de los que revisó para la edición de su obra completa a partir de 1913 el propio autor, que siempre estuvo muy preocupado por su estilo.

actividades 

  • Tanto en primaria como en ESO saber quién fue Valle-Inclán entra en lo obligatorio: porque fue uno de los grandes. En la Wikipedia, tanto en español como en gallego, tiene entrada.
  • Además de las palabras que hoy suenan nuevas o raras a nuestro oído antes reproducidas en esta página, él emplea centenares más. Aunque el significado se puede investigar en Internet, saber manejar un diccionario continúa siendo algo imprescindible. Aquí tienes algunos ejemplos: zaíno, luengo, jaez, arrebujar… ¿Cuál te suena mejor?
  • Y aquí tienes a Joaquín Valle-Inclán, tal y como lo publicamos en La Voz de Galicia hace poco más de medio año: https://bit.ly/2WUximE

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