La paternidad positiva: firmeza y cariño a partes iguales

Exige dedicación, esfuerzo y paciencia. Muchísima paciencia. Estos son los diez consejos prácticos para lograr una paternidad positiva

Cuando tu hijo tenga una rabieta, ten paciencia y ayúdale a verbalizar lo que siente
Cuando tu hijo tenga una rabieta, ten paciencia y ayúdale a verbalizar lo que siente

Los padres, en ocasiones, perdemos los nervios. Por ejemplo, cuando nuestro pequeño derrama el tazón del desayuno por encima de nuestra ropa y en quince minutos tenemos una reunión de trabajo importante, o cuando le entra un berrinche en mitad del supermercado porque no le compras un huevo de chocolate y todo el mundo te mira con cara de «mira esta, qué malcriado tiene al niño» o cuando comprobamos que, tras la enésima advertencia, los deberes siguen sin hacerse. Pero perder la paciencia no sirve de nada. Ni siquiera para desahogarnos, ya que enseguida aparecen los remordimientos y la sensación de haber hecho las cosas mal como educadores que somos. Está demostrado que la falta de autocontrol, los castigos encadenados o los gritos con amenazas solo aportan a los hijos confusión, inseguridad y ansiedad. Por el contrario, adoptar un estilo educativo basado en el afecto, la comunicación y los límites educativos claros, con consecuencias naturales positivas y negativas, da mucho mejores resultados. Es la llamada paternidad positiva, que exige dedicación, esfuerzo y paciencia. Muchísima paciencia.

Save the Children España, con la colaboración del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha publicado una guía con 10 consejos prácticos sobre paternidad positiva y buen trato:

1. Haz caso a tu hijo siempre: atiende y entiende sus demandas. El bienestar emocional y el correcto desarrollo del sistema nervioso del niño y de sus capacidades dependen de la respuesta protectora del adulto. Si las necesidades del bebé no son atendidas, experimenta sentimientos de indefensión que afectan negativamente a su desarrollo.

2. ¡Ármate de paciencia! Sé paciente siempre que el niño tenga una rabieta, no quiera colaborar o se muestre esquivo. Ayúdale a verbalizar lo que siente y trata de confortarlo. Añadir más tensión a la situación con gritos o amenazas no es eficaz.

3. Pon normas claras, realistas y consistentes, ¡pero no cuando estés enfadado o cansado! Desde pequeño debe tener claro que hay límites, deberes y responsabilidades. Las normas se establecen desde los primeros años sin amenazas, hablando e implicando al menor.

4. Déjale participar en las decisiones: escucha su opinión. A partir de los 5 años, permítele participar en el establecimiento de normas de convivencia familiar y también en las posibles sanciones. Sentirá que su opinión importa y desarrollará su sentido de la responsabilidad.

5. Demuestra abiertamente que le quieres, con abrazos y atención. Cuidar el vínculo afectivo desde que es un bebé y durante las distintas etapas ayuda a superar los conflictos cuando surgen. Expresa siempre tu apoyo y cariño y dedica tiempo a escucharle: qué le preocupa, qué le hace feliz, sus miedos…

6. Asume los cambios que se producen en la adolescencia y adáptate a ellos. No te enfrentes a esa evolución. Mejor acompáñale en esa nueva etapa ofreciéndole lo mismo que en las anteriores: afecto, diálogo y normas de convivencia.

7. Practica la escucha activa. Presta atención a lo que quiere decirte y devuélvele esta información para asegurarte de que lo has entendido. Trata de ponerte en su lugar y expresa cómo te sientes, para que él también te entienda a ti.

8. No recurras nunca a la violencia o a la agresividad. No utilices actitudes agresivas como insultos, amenazas o reproches. No le compares con otros niños. Las imposiciones de poder como «en mi casa se hace lo que yo diga» o «aquí mando yo» solo generan sentimientos negativos, distancia y desconfianza.

9. Respira hondo y piénsatelo dos veces: las consecuencias, siempre proporcionadas. Ante un conflicto que te ponga furioso, no tomes demasiado rápido decisiones de las que te puedas arrepentir. Es mejor que te des un tiempo para reflexionar sobre el asunto y tomar una determinación. En todo caso, no le impongas sanciones poco realistas que no pueda cumplir ni objetivos desproporcionados o difíciles de alcanzar.

10. ¡Cuídate y quiérete tú también! Busca espacios para ti, para disfrutar y relajarte. Ejercer una paternidad positiva requiere mucho esfuerzo y generosidad. Tu hijo necesita que estés en plena forma, también a nivel emocional.

 Los cuatro pilares del bienestar 

Hay cuatro habilidades emocionales que los padres debemos fomentar y transmitir en el día a día:

1. Autoestima. El afecto incondicional y los límites educativos claros fortalecen la autoestima de nuestros hijos.

2. Empatía. Esta cualidad consiste en la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender lo que siente, lo que piensa, lo que hace hace. Un esfuerzo necesario para conocer a nuestros hijos, comprenderlos y conectar con ellos.

3. Tolerancia a la frustración. La frustración surge ante la imposibilidad de realizar un deseo o alcanzar una expectativa que suele ir muy unida al enfado. Hay que practicar la aceptación de los obstáculos o reveses cotidianos.

4. Autocontrol. Cuando nos enfrentamos a situaciones en las que vivimos una carga de tensión muy grande, podemos llegar a perder el control. Pero nuestro deber como padres es regular los sentimientos de ira y ayudar a nuestros hijos a ponerlo en práctica.

Escuela de familias 

  • TEMA DEL MES: Disciplina positiva.
  • ETAPA: Infancia y adolescencia. 
  • LA FRASE: «¿De dónde sacamos la absurda idea de que para que los niños se porten bien primero hay que hacerles sentirse mal?» (Jane Nelsen).
  • ALGUNAS CLAVES: Conectar a nivel emocional con los hijos para comprender el porqué de su conducta. 
  • COMPORTAMIENTOS QUE SE DEBEN EVITAR: Ante un conflicto con los hijos, dejarse dominar por la rabia y el enfado y actuar de forma precipitada.
  • PARA SABER MÁS: «Consejos prácticos sobre parentalidad positiva y buen trato». Save the Children. Folleto descargable en PDF en: http://www.savethechildren.es/docs/Ficheros/522/consejos.pdf

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