Poco antes de que Hernán Cortés conquistara Tenochtitlan, el último de los emperadores aztecas escribió un discurso en forma de poema triste, aunque no exento de esperanza, donde invitó a su pueblo a esconder temporalmente dentro del corazón todas sus riquezas comunes; en él se incluye el siguiente texto: «Hagamos desaparecer nuestros lugares sagrados, nuestras escuelas de sacerdotes, nuestros juegos de pelota, nuestras escuelas de barrio, nuestras casas de canto; que nuestros caminos se queden solos». Como puede verse, los juegos de pelota tenían un lugar importante en aquella cultura mexica. La ilustración principal de esta página representa una escena que tuvo lugar en España siete años después de redactado ese poema. Vemos a dos aztecas que practican un deporte donde el protagonismo parece corresponder a esa pelota que está en el centro de la imagen. El encuentro tenía lugar entre dos equipos, cuyos jugadores ataviados con unos taparrabos, con protecciones de cuero en caderas, muslos y manos, habían de golpear con la cadera una pelota de goma. En otras versiones del juego podían utilizar también los codos, antebrazos y rodillas.

A los primeros españoles que pudieron contemplar aquellos partidos les llamó especial atención la pelota. Fray Bartolomé de las Casas nos da detalles de ella: «Con una goma que llaman ulli, que sale de un árbol que se cría en tierra caliente, al cual punzándolo salen unas gotas blancas y después se torna como pez negra, de que hacen las pelotas con que juegan, que saltan seis veces más que las nuestras de viento y no paran de bullir saltando como si estuviesen llenas de azogue». Se conservan una docena de aquellas pelotas, cinco de las cuales han sido datadas por los arqueólogos y se remontan al menos a 1.600 años antes de Cristo. Con diámetros de hasta 30 centímetros, su peso rondaba los 2,5 kilos, con lo que eran frecuentes las lesiones de los jugadores, como graves hematomas que necesitaban sangrado, fracturas o lesiones internas. La clave de la identidad saltarina de las bolas es que estaban hechas de goma maciza, lo que no debe extrañar, pues se trata de un material propio de los olmecas, palabra que significa ‘gente del país del hule (o caucho)’; ellos obtenían la goma por sangrado de los árboles de Castilla elastica. Los olmecas fueron en América los inventores de los juegos de pelota, porque tenían caucho y sabían procesarlo. Esa afición fue heredada por los mayas y luego por los aztecas o mexicas. De la popularidad de esas aficiones nos da idea el hecho de que en el actual territorio de México se conservan restos de unas 1.500 canchas de juego, alguna del año 1400 antes de Cristo.

 Los indígenas jugaban a la pelota por afición, y lo hacían ya desde niños. A este respecto es curiosa la vigencia de la primera de las citas, que además es anterior al encuentro hispanoamericano. Tanto olmecas como mayas y aztecas jugaban para entretener el ocio en la vida cotidiana. En cada sesión se iban turnando los aficionados participantes hasta que intervenían todos los presentes. Pero también tenía otros fines, pues servía como alternativa a la guerra para resolver una disputa o como celebración en las fiestas religiosas. Además de su carácter lúdico, el juego de pelota tenía a veces un importante componente ritual y simbólico, de pugna entre dos, y así en la cancha se encontraban el mundo de los humanos y el de los dioses, el sol y la luna, la vida y la muerte, la fertilidad y la sequía. La cosa llegaba a tales extremos que en algunas épocas los juegos podían finalizar en sacrificios humanos, decapitando al jefe de uno de los equipos contendientes (no necesariamente el de los perdedores) o a algún cautivo de guerra. Parece que ello se relaciona con el culto olmeca a las cabezas y pensando que la decapitación era símbolo de fertilidad. Aunque los religiosos españoles prohibieron aquellos juegos de pelota, los aficionados lograron que perdurasen.

P.S. Por cierto, mañana comienza el Mundial de Rusia. Los que juegan son profesionales, pero es una cita para los aficionados al fútbol, que son unos cuantos. Que gane el mejor, y que nadie pierda la cabeza.

palabras con historia 

Los omnes ser afyc?ionados e amorosos a aquellas cosas en las quales han sey?do ynstruydos e ensen?ados desde la ynfanc?ia

Alfonso de la Torre (1410-1460)

Al aficionado al fútbol todo se le complica por la presencia del otro equipo

Jean Paul Sartre (1905-1980)

Prefiero el profesional, aunque sea mediocre, a un aficionado brillante

Francisco Umbral (1932-2007)

Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más

Charles Chaplin (1889-1977)

No se reñía en el comedor, porque el maestro no era aficionado a enseñar nada a muchos a la vez

Ángel Ganivet (1865-1898)

Me hice aficionado al fútbol igual que más tarde me enamoré de las mujeres: de repente, inexplicablemente, sin crítica, sin pensar en el dolor o los trastornos que traería consigo

Nick Hornby (1957-) 

Decir que son aficionados a ver a 22 mercenarios dar patadas a un balón es como decir que un violín es madera y tripa, y Hamlet, papel y tinta

John Boynton Priestley (1894-1984)

 El infierno está lleno de aficionados a la música

George Bernard Shaw (1856-1950)

 actividades

1. La primera de las frases de la relación está escrita en castellano antiguo. ¿Eres capaz de traducirla al idioma actual? La palabra más difícil es «omnes», que equivale a «hombres».

2. Haz una investigación sobre los botes de distintas pelotas. Por ejemplo, dejándolas caer desde un metro de altura. ¿Cuántos botes da cada una antes de pararse? ¿Cuál es la que alcanza mayor altura en el segundo bote? ¿Qué tipo de superficie es la mejor para que reboten las pelotas? ¿Influyen para algo variables como el tamaño, el peso, la temperatura? ¿Qué altura tiene el bote más pequeño que eres capaz de detectar?

3. El juego de pelota de los aztecas ha derivado hasta nuestros días en la tradición del «ulama», un deporte cuyas reglas recuerdan al voleibol, pero sin red. Aquí puedes ver imágenes de un partido: https://www.youtube.com/watch?v=ZxIR8USYEFA

4. Haz una relación lo más exhaustiva que puedas sobre juegos que utilicen algún tipo de pelota. ¿Cuántos eres capaz de recordar? Trata de hacer una clasificación taxonómica que incluya a todos ellos. Algunos criterios que puedes emplear son, por ejemplo: si se practica al aire libre o no, si se golpea la pelota con alguna parte del cuerpo o con un instrumento, el tamaño de la pelota, el número de jugadores…

5. Haz una exposición de imágenes de futbolistas donde aparezca el balón a menos de 10 centímetros de la bota.

6. ¿En qué deportes crees que bota más veces la pelota? Haz una estimación de los botes por minuto, por ejemplo, en un partido de tenis, baloncesto y balonmano.

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Una historia para aficionados