Alberto Durero fue el primer pintor en hacerse autorretratos. Analizando su conjunto podemos distinguir lo que cambia y lo que permanece. Por ejemplo, en los que pintó cuando tenía 13 y 22 años se presenta con el pelo liso o algo ondulado, pero más bien descuidado; sin embargo, en los realizados a los 26 (Museo del Prado) y a los 28 (el que se reproduce), luce unos primorosos rizos que parecen propios de una permanente, y que al pintarlos ha convertido en perpetuos. Se ve que le gustaban, pues los trató con suma minuciosidad, casi pelo a pelo. La posición frontal de la figura permite una mirada fija, directa y un tanto incómoda para el espectador, sin pestañear en absoluto (es un mirar permanente y perpetuo) y el resultado supone el inevitable recuerdo de una imagen de Jesucristo.

Y ahora saltamos. En el centro de la Mesa de los pecados capitales del Bosco, un pintor contemporáneo de Durero, hay una imagen del Cristo resucitado con la leyenda que advierte: «Cave, cave, Dominus videt» (Cuidado, cuidado, Dios lo ve), un lema que, al menos desde el siglo XVII, escuchamos desarrollado en aquella letanía: «Mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que te has de morir, mira que no sabes cuándo». Eso es la vigilancia perpetua. Quizás a la que hacía referencia Curran, que era hombre de leyes, en la frase que se recoge en la relación.

Decía que el pelo de Durero pareciera que llevaba la permanente. Nada de eso. En sentido estricto aún no se había inventado. El procedimiento para tener unos rizos duraderos es de hace un siglo, e implica deshacer la estructura interior del cabello, rompiendo los enlaces entre las cadenas de la proteína que tiene (una queratina rica en azufre) y luego restablecerlos, una vez se dio al pelo la forma deseada. La clave de la forma (liso, ondulado o rizado) está en esos enlaces de azufre, cuya ruptura se consigue por vía química y térmica. Antes lo humedecían con un álcali suave (una mezcla de orina de vaca y agua), y luego colocaban unos rulos para enroscarlo por mechones y aplicaban unas pinzas cilíndricas calientes. La permanente tuvo éxito en los años veinte y siguientes del pasado siglo y es por ello por lo que, en la revista Las Leandras, Pichi cantaba aquel chotis que decía «Anda y que te ondulen con la permanén, y pa suavizarte que te den col crem». Nos queda claro que eran épocas en las que el ondulado permanente estaba de moda, así como el empleo de la cold cream, una crema hidratante que llegó a España en 1927. Si se han de tener cuidados con el pelo y la piel, es precisamente porque nada permanece. Como decía el oscuro Heráclito de Éfeso, todo cambia.

Y en esas estamos. ¿Hay algo perpetuo? Los científicos niegan la posibilidad de la existencia de un móvil perpetuo, es decir, una máquina que pudiera funcionar sin aportarle energía. Lo prohíben las leyes de la termodinámica. Todo lo que se consume se acaba. ¿Y entonces no es posible el fuego eterno del infierno? Eso es cosa de fe, y no de la termodinámica, por ello podemos expresar la compasión a los difuntos con aquel deseo que muchos conocen gracias a Mozart: Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Descanso eterno y luz perpetua. Es curioso que los deseos, buenos y malos, quieran expresarse a perpetuidad. En el debate sobre lo que han de durar las penas de privación de libertad se ha planteado la cuestión de si perpetuo y permanente son palabras sinónimas. Parece que no. Lo que permanece es constante, y perpetuo es lo que dura para siempre. Últimamente comenzamos a ser conscientes de lo que significa poner nuestras opiniones, nuestra imagen, nuestros recuerdos, en una nube que no sabemos muy bien dónde está ni dónde ni cuándo lloverá. Y quizás es más indeleble de lo que pensamos. La vigilancia a la que nos exponemos, más o menos voluntariamente, en la Red es permanente, y quizás perpetua. Cave, cave, Internet legit et custodit.

 palabras con historia

El precio de la libertad es la vigilancia perpetua

John Philpot Curran (1750-1817)

Nada es perpetuo y pocas son las cosas duraderas

Lucio Anneo Séneca (4 antes de Cristo-65)

El amor y el odio no son perpetuos

Quilón de Esparta (circa 579 antes de Cristo)

Será perpetuo esclavo quien no sabe contentarse con poco

Quinto Horacio Flaco (65-8 antes de Cristo)

La vida es un perpetuo movimiento que, si no puede progresar en línea recta, se desenvuelve circularmente

Thomas Hobbes (1588-1679)

No tenemos aliados permanentes ni tenemos enemigos perpetuos. Solo nuestros intereses son permanentes, y es nuestro deber perseguirlos

Henry John Temple, lord Palmerston (1784-1865)

El arte es el movimiento perpetuo de la ilusión

Bob Dylan (1941)

 actividades

1. Busca una reproducción del cuadro «Mesa de los pecados capitales», e identifica en él cómo ilustra el Bosco la soberbia, la avaricia, la lujuria, la gula, la ira, la envidia, la pereza. Empareja cada uno de ellos la virtud opuesta: templanza, diligencia, castidad, humildad, generosidad, caridad, paciencia.

2. Con imágenes que encuentres en Internet haz una exposición que trate de reflejar los peinados a finales del siglo XV. ¿Existe alguno de ellos que podría pasar inadvertido en nuestros días?

3. El término «cadena perpetua» hace referencia a un castigo que existía en códigos penales del siglo XIX, por el cual al condenado se le encadenaba de por vida a un muro o a un gran peso, como una bola de hierro. La expresión se sigue utilizando para la pena de prisión de libertad indefinida. Trata de ver la película que con ese título se estrenó en España. Es para los críticos una de las mejores de la historia del cine.

4. En física se proponen a veces experimentos mentales para demostrar la imposibilidad de un móvil perpetuo. Trata de explicar por qué no existe un barco que funcionase tomando agua del mar por la proa, a una temperatura digamos de 15 grados, y tuviese una máquina que le quitase calor, con lo que la dejaría salir por popa a 12 grados. El calor obtenido se transformaría en energía para mover el barco, sin consumir por tanto combustible alguno.

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