Cuando el núcleo de un átomo muy pesado se divide para producir otros más pequeños, se libera una gran cantidad de energía que puede utilizarse con fines industriales. Las centrales de energía nuclear, que producen parte de la electricidad que consumimos, basan su funcionamiento en este fenómeno, que se conoce como fisión nuclear. La fisión sería un método perfecto para obtener energía eléctrica si no fuera porque también produce residuos radiactivos muy peligrosos que es necesario manejar y almacenar bajo estrictas medidas de seguridad. Pero en las estrellas sucede de forma natural otro proceso atómico que no tiene ese inconveniente. Se llama fusión nuclear y consiste en la unión de dos átomos ligeros para formar otro más pesado. Esta reacción libera enormes cantidades de energía. Así funciona el Sol, que es un gigantesco reactor de fusión que cada segundo transforma 564 toneladas de hidrógeno en 560 toneladas de helio, dos veces más pesado. Dicho de otro modo, el Sol transforma cada segundo cuatro toneladas de materia en una cantidad de energía centenares de miles de veces mayor que la producción energética anual a escala mundial.

Así pues, la fusión nuclear podría ser la fuente de energía muy abundante, limpia e inagotable que nuestro mundo necesita, una especie de santo grial energético que buscan desde hace décadas laboratorios y compañías de todo el mundo. Uno de estos proyectos, el Joint Europen Torus (JET), ostenta desde 1997 el récord mundial de energía de fusión, establecido en 16 megavatios (MW). Pero el JET consiguió su récord utilizando más energía que la que obtuvo. Hoy en día, varias iniciativas intentan acortar distancias entre las experiencias de laboratorio y las centrales de energía construyendo máquinas de fusión (conocidas como tokamak) capaces de producir mucha más energía de la que consumen.

Uno los proyectos más importantes es el Reactor Experimental Termonuclear Internacional (ITER, por sus siglas en inglés), situado en Cadarache, en el sur de Francia. El ITER está diseñado para producir 500 MW de potencia y será la primera máquina de fusión capaz de conseguir una ganancia neta de energía. También será la primera en incorporar las tecnologías necesarias para construir en el futuro una central de fusión comercial. En la construcción del ITER, que se inició en el 2010 y se espera que finalice en 2025, participan empresas de 35 países, incluidas 50 empresas españolas. Recientemente, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) anunció que se suma a la carrera por construir la primera central de fusión. Su proyecto SPARC, que desarrollará junto con la empresa Commonwealth Fusion Systems, generará 100 MW y se espera que entre en funcionamiento dentro de 15 años.

Objetivo: fuentes limpias y reparto equitativo

El acceso a la energía se ha convertido en un problema de primera magnitud a nivel mundial, equiparable a otros como el hambre, las guerras o la deficiente sanidad. Nunca desde las crisis del petróleo de los años setenta y ochenta del pasado siglo se había hablado tanto de la necesidad de encontrar fuentes de energía renovables y desarrollar tecnologías energéticas limpias. Este renovado interés por la energía también guarda relación con el empeño mundial por frenar el calentamiento global. No debemos olvidar que el 60 % de la emisiones de gases de efecto invernadero son consecuencia del sistema actual de producir, transformar, distribuir y usar energía.

Cambiar el sistema energético mundial para hacerlo más equitativo y sostenible es un reto enorme y extremadamente complejo. El Grupo Asesor en Energía y Cambio Climático del secretario general de las Naciones Unidas (Agecc, en sus siglas en inglés) aconsejó que los Estados miembros se comprometan a conseguir antes del 2030 dos objetivos: asegurar el acceso universal a servicios energéticos modernos y reducir en un 40 % la intensidad energética mundial.

El Agecc considera que estos objetivos son posibles porque la innovación tecnológica y los nuevos modelos de negocio, así como la inversión en tecnologías limpias, están avanzando muy rápidamente en todo el mundo. Así sucede, por ejemplo, en España. Según Red Eléctrica Española, durante el 2016 la energía eléctrica producida mediante energías renovables (eólica, hidráulica, solar y de residuos) permitió cubrir el 40,5 % de la demanda en nuestro país. La evolución tecnológica tiene mucho que ver con este avance. Los molinos de viento son un buen ejemplo: un modelo actual produce la misma electricidad que diez de los antiguos. Por eso los parques eólicos, antes poblados por decenas de molinos, aparecen ahora ocupados por unas pocas máquinas de mayor tamaño y capacidad de producción.

Y está claro que el mayor uso de la energías renovables para producir electricidad supone una gran disminución de la emisiones de CO2. En el 2016, el nivel de emisiones derivadas de la producción eléctrica se situó en 63,5 millones de toneladas, una cantidad un 18,3 % inferior a la del 2015 y un 43,1 % menor que la del 2007.

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Domesticar el Sol