A Claudia se le dan mal las matemáticas, Adrián tiene muy mal carácter, Víctor tiene una letra horrible y Sara es muy caprichosa. Los defectillos o aspectos que deben mejorar nuestros hijos o nuestros alumnos los solemos tener muy claros. Pero en demasiadas ocasiones pasamos por alto sus puntos fuertes y no les damos demasiada importancia. Quizá Claudia sea una gran lectora, Adrián un crac con los deportes, Víctor un gran dibujante y Sara una bailarina a la que da gusto verla. Potenciar y fomentar las habilidades personales es incluso más importante que compensar las debilidades.

Lo mismo ocurre cuando queremos mejorar el comportamiento. Tendemos a fijarnos más en las conductas inapropiadas que en las correctas. Es decir, ignoramos todo aquello que hacen bien, dando por hecho que es la actitud normal, y centramos toda nuestra atención en las conductas indeseables. Pero así lo que conseguimos es justo lo contrario de lo que deseamos: en vez de extinguir los comportamientos inapropiados tendemos a reforzarlos.

Está demostrado que da mejores resultados ignorar las conductas inadecuadas (siempre que no sobrepasen el límite de lo admisible, porque entonces habría que recurrir al castigo) y atender las que queremos que se repitan. Y no al revés. De hecho, los premios o reforzadores positivos más potentes que existen, muy por encima de los regalos materiales, son:

1. LA ATENCIÓN

Esta estrategia, que a primera vista puede parecer demasiado básica, es la más eficaz que existe para conseguir los comportamientos adecuados en los niños. Es decir, hay que mirarlos, hablarles, guiñarles un ojo o sonreírles cuando se están portando bien. Y mirar para otro lado cuando se encaprichan con algo o lloriquean. Esto no quiere decir que haya que estar atendiéndoles todo el tiempo. Un exceso de supervisión y control impide el desarrollo de la autonomía y madurez personal. Y tampoco se trata de eso.

2. LA ALABANZA

«Gracias por ayudarme a poner la mesa», «Estoy muy contento porque hoy te has puesto a hacer los deberes sin tener que avisarte». Con este tipo de alabanzas específicas les estamos diciendo, exactamente, el comportamiento que queremos de ellos. Otro tipo de comentarios más generales, como «Me siento muy orgulloso de ti» o «Enhorabuena por el comportamiento que has tenido esta semana» también refuerzan la conducta positiva y la autoestima.

Eso sí, no vale utilizar la alabanza de manera exagerada ni indiscriminada, porque los niños son los primeros en darse cuenta de que no es verdad lo que oyen de boca de sus padres. Por ejemplo, si siempre escuchan «Campeón, eres el mejor», ante sus pequeñas victorias pero también ante sus fracasos, esas palabras perderán toda su eficacia. Para que la alabanza sea efectiva debe cumplir varios requisitos:

  • Tiene que ser descriptiva: «Me gusta mucho cómo has ordenado tu ropa».
  • Deben ser comentarios positivos y motivadores: «¡Fíjate, has hecho la redacción con una letra preciosa, y además sin borrones! ¡Estupendo!».
  • Debe centrarse en conductas en apariencia poco importantes: sentarse a la mesa correctamente, ponerse a hacer los deberes, asearse solo...
  • Deben evitar el sarcasmo: «¡Has puesto la mesa, no me lo puedo creer!».
  • Sin incluir referencias de conductas negativas en el pasado: «Hoy te has portado bien, no como ayer, que estabas inaguantable».
  • Pueden expresar satisfacción porque no ha aparecido la conducta inadecuada: «Estoy orgulloso de ti porque no has saltado en el sofá».
  • Y sin peros: no se puede alabar diciendo «Bien, pero…». Sería prestar más atención a la crítica que a la alabanza. Es cierto que muchas veces los niños, en la misma tarea, hacen unas cosas bien y otras mal. Lo adecuado es alabar lo que hacen bien o que tiende a estar bien. Después se le hace la indicación de aquello que tiene que mejorar: «Hoy has puesto los platos y los vasos muy bien. Mira, el cuchillo se pone a la derecha del plato y el tenedor a la izquierda: así, muy bien».

3. EL CONTACTO FÍSICO.

Este tipo de refuerzo es tremendamente poderoso y fácil de realizar. Es muy importante abrazar y besar a los hijos, sentarse con ellos, darles palmaditas cariñosas, despeinarlos, hacerles cosquillas… Y, sobre todo, son pequeñas acciones diarias que nos hacen la vida más feliz y nos permiten disfrutar a la vez que educamos.

Escuela de padres 

? TEMA DEL MES: Educar y disfrutar.

? ETAPA: Educación primaria y secundaria.

? LA FRASE: «¿Quiere potenciar la inteligencia de su hijo? Averigüe qué le apasiona» (Howard Gardner).

? COMPORTAMIENTOS QUE SE DEBEN EVITAR: En nuestro día a día, poner el énfasis solo en lo que deben mejorar los hijos, ignorando sus cualidades.

? ALGUNAS CLAVES: Potenciar más los puntos fuertes que obsesionarse por los débiles.

? PARA SABER MÁS: «Los trastornos afectivos en la escuela. Guía del Programa Escolar de Desarrollo Emocional (P.E.D.E.)». Este manual, de Luis Lozano González y otros cuatro autores, está editado por la Consejería de Educación y Ciencia del Principado de Asturias. La segunda parte está dedicada a padres que quieren aprender a aplicar la disciplina positiva con los hijos (control de emociones, disminución de conductas inadecuadas, habilidades de comunicación…). Puede descargarse en PDF desde la web:

  • http://elblogdehiara.files.wordpress.com/2012/04/2011_guia_pede.pdf

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Fijarse en lo bueno