Hermann Hesse, premio nobel de literatura en 1946 Obra literaria

> José A. Ponte Far

LA VOZ DE LA ESCUELA


Estatua en bronce de Hermann Hess en su ciudad natal, Calw (Alemania)
Estatua en bronce de Hermann Hess en su ciudad natal, Calw (Alemania) Ansgar Walk

Nos seguimos ocupando este curso escolar de grandes escritores europeos y americanos que llevaron la literatura a niveles de gran calidad. Ni la poesía ni, sobre todo, la novela actual serían las mismas sin la aportación literaria de cada uno de ellos. De este modo, queremos rendir un modesto homenaje a su memoria y ayudar a que sean un poco mejor conocidos. El protagonista hoy es Hermann Hesse

20 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Nacido en Calw (land de Baden-Wurtemberg, Alemania) en 1877, hijo y nieto de misioneros, criado en un ambiente casi de fanatismo religioso en un hogar dominado por la Biblia, Herman Hesse arrastró a lo largo de su vida una dura batalla interior entre la férrea educación religiosa recibida y su gran imaginación, que le hacía ansiar otros mundos más libres y naturales. Ese fue el dilema que soportó especialmente en su juventud y que le hizo pasar por crisis de fe, abismos de pesimismo que lo llevaron hasta la misma idea del suicidio, aunque nunca llegase a consumarlo. Murió de muerte natural en 1962, en la localidad suiza de Montagnola, donde está enterrado y hasta donde han peregrinado miles de lectores que aprendieron una nueva filosofía vital en las páginas de sus libros.

Hermann Hesse fue un escritor muy prolífico y muy difundido entre el público lector de todo el mundo. De hecho, de sus más de 30 millones de ejemplares vendidos de los cuarenta volúmenes en que se recoge su obra (novelística, poética, ensayística y epistolar), solo una quinta parte se han vendido en Alemania: el resto se difundieron, traducidas a las lenguas correspondientes, por el resto del mundo. Según el biógrafo Volker Michels, «nos enfrentamos a una obra que, por su copiosidad, su personalidad y su vasta influencia, no tiene paralelo en la historia de la cultura del siglo XX». Es el escritor europeo más leído en Estados Unidos y en Japón, y sus libros han sido traducidos a más de 40 idiomas, sin contar los dialectos hindúes, pues en la India siempre tuvo una ferviente acogida. Recibió el Nobel de Literatura en 1946.

CONFLICTO FAMILIAR E INTERIOR

El ambiente en que se cría el escritor está presidido por una férrea educación religiosa, pero la vitalidad del joven Hermann Hesse pronto entra en conflicto con la severa vida de su familia, que lo había destinado ya a servir a la Iglesia. El enfrentamiento con sus padres es muy doloroso para un muchacho que quiere ser como los demás: gozar de una libertad de movimientos y de pensamiento propios de su edad. Lo que no puede evitar, por la inercia clerical de sus padres, es una formación educativa basada en las disciplinas que le servirán para ser un competente teólogo: tiene que estudiar latín, griego, gramática y estilística. Como no hay mal que por bien no venga, esta sólida formación humanística acabará sirviéndole para su futura carrera literaria y para convertirse en un sólido pensador, que encandiló a muchos lectores con sus ensayos. Pasó años de su juventud enclaustrado en el seminario de Tubinga, hasta que un día toma la decisión de huir y se encamina a su casa con el firme propósito de dedicarse a escribir. Sería escritor o nada. Pero sus padres no admiten tan fácilmente la derrota, y lo internan en un centro religioso de curación a la espera de que abandone esos sueños literarios. En 1892, cuando contaba 15 años y en vista de que no lograban que aceptase la vida que le proponían, lo llevan a un famoso exorcista del lugar, pero tampoco sirve de nada. El chico sigue queriendo ser escritor.

Pero su constancia también se agrieta, y por una de esas fisuras le entra la solución del suicidio, que se queda en intento, pero que sirve para que sus padres lo pongan en manos de un psiquiatra en una clínica de Stetten. Solo logran que el muchacho se reafirme en sus decisiones y que se defienda entonces con una total rebeldía ante sus progenitores.

NACE EL ESCRITOR

El joven Hermann, para sacarse de encima el cilicio clerical que tenía maniatado su espíritu libre, empieza a buscarse la vida en los oficios que le van apareciendo: fue relojero, mecánico, bibliotecario y librero. Y aquí, en este trabajo menos manual y más sedentario, es en el que empieza a conseguir su independencia, pues el sueldo que gana es suficiente para mantenerse por sí mismo, sin la ayuda paterna. Además, el trabajo en la librería, primero en Tubinga, después en Basilea, le permite acercarse a escritores importantes, aunque para él desconocidos: ahí empieza a leer a Heine y a Goethe, a Schiller y también a los clásicos griegos. Y, quizá como consecuencia de tanta lectura (se quedaba en la librería después de sus horas de trabajo), a escribir. Primero poemas, pero también cuentos y novelas: la escritura era la mejor manera que encontraba de descubrirse a sí mismo y de relacionarse con los demás. En 1898 y 1899, trabajando como librero, publica sendos libros de poemas que comercialmente son un fracaso, pero que apuntan ya muy buenas maneras de poeta.

Y en estos primeros pasos literarios estalla sin ningún tipo de amortiguación su lucha interna, que se puede concretar en el ansia de conocimiento que siente ya desde muy joven. Años más tarde escribirá sobre esta época difícil de su vida:

«En esta época empezó a despertar mi razón con sus propias exigencias, atormentándome tanto que con frecuencia tuve ataques de impotente rabia e impaciencia. He aquí también un fragmento de infancia que a mi parecer olvidan demasiado la mayoría de los hombres: el ansia de verdad, el afán de ver claras las cosas y sus causas, el anhelo de armonía y segura posesión espiritual. Yo sufría mucho por numerosos problemas sin respuesta, y poco a poco descubrí que para los adultos interrogados mis preguntas eran a menudo fútiles y mis angustias incomprensibles. Una contestación que reconociera como evasiva o incluso como burla me ahuyentaba a menudo, haciendo volver mi alma a su mundo de mitos, que poco a poco comenzaba a tambalearse».

En 1901 cumple uno de sus grandes sueños: viaja a Italia. Se reencuentra con todo ese mundo clásico y renacentista que tan bien conocía por los libros, y el viaje marca una pauta en sus emociones estéticas. Empieza ahora una búsqueda introspectiva de su verdadero yo, un ansia escrutadora de la realidad circundante que lo lleva a buscar en el arte, especialmente en la literatura, las respuestas que busca. Podemos decir que, a partir de este momento, se dedica ya por completo a escribir, que será de lo que viva. Su primera novela, Peter Camezind, publicada oficialmente en 1904, marca el punto de inflexión en su vida, pues pasa a ser ya un escritor profesional. Su nuevo estatus le permite casarse, en 1904, con María Bernoulli e instalarse a orillas del lago Constanza. E irán sucediéndose su novela Bajo las ruedas (1906), relatos, poemas y su tercera novela, Gertrud (1910), que acabó sumiéndolo en una crisis creativa, derivada de sus problemas familiares y dificultades de pareja. Viaja a Ceilán e Indonesia (1911), experiencia que marcará bastantes de sus obras posteriores, y se traslada a vivir a Berna.

SEGUNDA CRISIS EXISTENCIAL

Una segunda crisis en la vida de Hermann Hesse se produce al desatarse la Primera Guerra Mundial. Su espíritu sensible y pacifista sufre un duro estremecimiento, que se agrava con la enfermedad muy grave que afecta a su hijo más pequeño, con la muerte de su padre y otra crisis matrimonial, que deriva en la enfermedad mental de su esposa. Todo ello repercute muy seriamente en la salud del escritor, que se somete a un tratamiento psicoanalítico en una clínica privada de Lucerna, atendido por un médico discípulo del psiquiatra Carl G. Jung (colaborador inicial de Sigmund Freud), cuyos métodos logran que supere la grave crisis. El encuentro con el psicoanálisis le ayuda a enfrentarse a los conflictos de su juventud y marca una pauta importante en la vida del escritor.

En estos años del conflicto bélico, Hesse se posiciona contra la guerra y contra el nacionalismo alemán exacerbado, lo que le ocasiona contratiempos con sus compatriotas. En 1919 publica su novela Demian, una de sus obras fundamentales, con el seudónimo de Emil Sinclair. Con esta novela se empieza a confirmar su manera de entender la vida y su filosofía sobre la condición humana, que tanto habrá de influir en los jóvenes de generaciones posteriores.

Su visión de la vida

El secreto para disfrutar de la vida no está en la ciencia, aunque pueda ayudar. Pero nunca se alcanzará la verdad por este medio. La clave está en aceptar que el hombre ha venido a este mundo solo a gozar y a sufrir, así que a lo que tiene que tender es a elegir los goces más apropiados a su sensibilidad y a combatir los sufrimientos que más afecten a su estabilidad emocional.

Al mismo tiempo, Hesse es un adalid de la libertad, del buen gusto poético, de la ironía y del escepticismo como mejores armas para combatir la violencia y el fanatismo. Por lo mismo, se erige en defensor del pacifismo frente al espíritu belicista de la época en Alemania. Por esta razón, muchos adolescentes que contemplaron y sufrieron las ruinas que dejó la Primera Guerra Mundial en Europa adoptaron a Hermann Hesse como guía espiritual y, desde entonces, lo convirtieron en un referente literario de muchas generaciones predispuestas a combatir los valores de una moral burguesa. Los últimos en adoptar su magisterio fueron los hippies en los años sesenta del siglo pasado, que hicieron de algunos libros del escritor alemán obras de culto, especialmente tres novelas que se convirtieron en muy populares: Demian (1919), Siddharta (1922) y El lobo estepario (1927).

Con la llegada de los nazis al poder, su vocación pacifista lo lleva a oponerse al nuevo sistema alemán. Se estableció en Montagnola, Suiza, en cuya casa lo visitaron, en 1933, Bertolt Brecht y Thomas Mann. Los tres coinciden en su postura de oposición al régimen nazi. Como consecuencia, desde mediados de los años treinta ningún periódico alemán publica nada suyo, ni artículos ni noticias. Sus libros arden en una plaza de Berlín a instancias de la Gestapo. Él, mientras, se refugia en la redacción de una nueva novela, Juego de abalorios, que publica en 1943 en Suiza. Esta obra, que ahonda en el pensamiento filosófico que ya conocemos del autor, tiene una gran repercusión en los ambientes culturales de Europa y es, en gran parte, la que más influye en que en 1946 le concedan el Premio Nobel de Literatura.

Hermann Hesse muere en 1962 en Montagnola y allí está enterrado. Ese hombre enjuto, tímido y recio a la vez dejó una obra literaria amplia y densa que enseña a no aferrarse a ningún vínculo con afectos dolorosos, a ser los creadores de nuestro propio yo, a no sobrevalorar las patrias y los nacionalismos. Y a ver y vivir la vida con desapego, escepticismo y la dosis conveniente de ironía.

Obra

Como ya se dijo, su obra es muy extensa y variada. Abarcó el género poético, la novela, la narración breve o cuentos, cientos de cartas (destaca la gran relación epistolar que mantuvo con otro gran escritor alemán, Thomas Mann), ensayos, artículos periodísticos. Por todo ello, nos limitaremos aquí a dar una relación de sus novelas más conocidas y que han sido traducidas al castellano, sobre todo a partir de los años sesenta del siglo pasado.

  • Peter Camenzind (1904)
  • Bajo las ruedas (1906)
  • Gertrudis (1910)
  • Rosshalde (1914)
  • Tres momentos de una vida (1915)
  • Demian (1919)
  • Siddhartha (1922)
  • El lobo estepario (1927)
  • Narciso y Golmundo (1930)
  • Viaje al Oriente (1932)
  • El juego de los abalorios (1943)