Por unas u otras razones, hay algunos hombres ricos que son noticia en estas últimas semanas. En general, creo que esos no son envidiados. Ni siquiera el magnate que ha llegado a ser presidente del país más poderoso de la Tierra, un hombre temible pero que me hace recordar a Donald (el pato) y su tío Gilito, aquel personaje antipático que el cómic de Disney nos presentaba disfrutando de sus montañas de dinero y buscando oro por todos los rincones del planeta. Desconozco si es fácil o no acumular riqueza y dudo de que exista ninguna fórmula para conseguirlo. Por ello me sorprende que puedan venderse libros como el publicado por Donald J. Trump con el título Cómo hacerse rico (Planeta, 2004), que en la edición original en inglés firmó conjuntamente con Meredith McIver, una antigua bailarina de cancán que se integró años antes como redactora en su equipo, y se hizo famosa en julio del 2016 por haber escrito un discurso de Melania; en él se reproducían textualmente frases de otra intervención ocho años antes de Michelle Obama. Que conste que eso de copiar no figura entre las recetas del libro para hacerse rico. Muchas veces, las recetas de los cocineros célebres esconden algún ingrediente o detalle, pero no creo que eso de copiar haga rico a nadie. Yo diría que Donald Trump no tiene modelo conocido, y quiero suponer que también será inimitable.

Puede que todas las familias felices se parezcan, como quiso Tolstói al comenzar Ana Karenina, pero, con su permiso, yo creo que los hombres ricos lo son cada uno a su manera; cada uno ha llegado a la riqueza siguiendo su propio camino y todos nos demuestran modos diferentes de emplearla, desde la generosidad a la usura. Todos tienen nombre y apellido. Cuando yo era niño, creía que Epulón era un nombre propio, con mayúscula. Cada año, el domingo que tocaba leer la parábola de san Lucas que oficialmente se llamaba del rico epulón y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31), me parecía que ese título albergaba un paralelismo, y que del mismo modo que se citaba al mendigo por su nombre, al rico le correspondía el suyo. Hoy ya he aprendido que no es así, que epulón -aparte del significado que tenían en la antigua Roma- es un adjetivo, y que el diccionario lo define como «hombre que come y se regala mucho». Con ello me queda claro que en aquel título parabólico la palabra rico había pasado a ser sustantivo, y aunque lo de epulón pudiera parecer redundante, lo que hace es sugerir que hay distintos tipos de hombres ricos, y que no todos son epulones. Es evidente.

Coherentemente, en la relación de frases se han omitido las que utilizaban la palabra rico como sustantivo. La más ilustrativa de las ausentes, por su impactante carga metafórica, es aquella famosa de los evangelios que habla de lo difícil que es para un camello pasar por el ojo de una aguja. Una imagen que podía servir de consuelo para quienes se sabían pobres. Al prescindir de esas citas referentes a personas adineradas, hacendadas o acaudaladas, los ricos por antonomasia, nos encontramos con una sugerente riqueza del adjetivo, que como vemos empieza, por ejemplo, hablando de caminos, y podría terminar hasta con el viejo eslogan del chocolate Express («¡Qué rico es!») aceptando la acepción del adjetivo sinónima de sabroso. Quizás gracias a que va mejorando nuestra cultura en materia de salud, hoy los alimentos presumen también de otras riquezas nutritivas: que si tienen alto contenido en proteínas, en fibra, en hierro, en calcio o en vitamina C. Toda esa información ha de servirnos para enriquecer y equilibrar nuestra dieta. Sabemos que el chocolate es rico, pero también en energía, y por ello hemos de moderar su consumo. Cada gramo contiene más de 5 kilocalorías. Seguro que eso no lo sabía aquel rico que era epulón, y posiblemente glotón. Pobre hombre.

Palabras con historia

Cuando partas hacia Ítaca pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento.

Constantino Cavafis (1863-1933)

Si de algo soy rico, es de perplejidades y no de certezas.

Jorge Luis Borges (1899-1986)

A menudo pienso que la noche está más viva y más rica de colores que el día.

Vincent van Gogh (1853-1890)

El amor es tan rico en miel como en hiel.

Tito Maccio Plauto (254-184 antes de Cristo)

Sería una gran ventaja para la humanidad que existiera una sola lengua que todos los pueblos puedan aplicar. Esa lengua unitaria deberá sonar bien, estar bien formada y ser rica en capacidad expresiva.

Juan Luis Vives (1493-1540)

La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones.

Marie Curie (1867-1934)

 actividades

1. Los alimentos han de presumir de ingredientes beneficiosos para el organismo. Así, vemos que los hay ricos en elementos químicos, en vitaminas o en proteínas, en fibra y demás. Con los datos que encuentres en Internet, escoge los tres alimentos preferidos que puedan darte:

  • Hierro
  • Calcio
  • Zinc
  • Proteínas

2. Hay países ricos y pobres, y aunque podríamos concretar por otros conceptos (ricos en libertad, en solidaridad, en democracia…) en este caso casi exclusivamente pensamos en términos económicos, por culpa de Adam Smith. Aunque en términos absolutos Estados Unidos es el número uno, si consideramos el PIB por habitante lo encabezan otros países más pequeños, como Catar, Luxemburgo y Singapur. Averigua la posición de España en ambos casos.

3. La cita de Juan Luis Vives nos hace reflexionar sobre la riqueza de un idioma en capacidad expresiva. Indica las posibles diferencias entre estas locuciones: «se hace de día», «se está haciendo de día», «amanece», «está amaneciendo», «está a punto de amanecer», «ya amanece» «ya está amaneciendo» y »ya está a punto de amanecer».

4. «Si yo fuera rico, dubidu bidu bidu bidubidu bidubidu», cantaba Tevye en el musical «El violinista en el tejado». Aquí puedes escucharla: https://www.youtube.com/watch?v=5i0v3W5CzX4

Y, de verdad, ¿qué harías tú si fueras rico?

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Hombre rico, pobre hombre