Ser feliz según León Tolstói

Retomamos la página mensual que nos pone en contacto con el mundo de la literatura, de la grande y con mayúsculas, donde nos ocupamos de escritores cuyos nombres han quedado ya inmortalizados. Autores de diferentes lenguas y nacionalidades, y de épocas distintas, que coinciden en haber aportado obras cumbre a la literatura mundial y de todos los tiempos. Hoy son, con todo el derecho, unos clásicos que es necesario conocer porque nos servirán de guía y de referencia para asentar y para afinar nuestros gustos literarios.

Tolstói con sus nietos
Tolstói con sus nietos

Liev Nikoláievich Tolstói es una de las grandes figuras de la literatura rusa y mundial. Su biografía es, de alguna manera, una infatigable exploración de aquella sociedad plural y a menudo cruel, que lo rodeaba. Su vida estuvo comprometida con la lucha por una sociedad más justa. Aristócrata refinado y rico, acabó por definirse como anarquista cristiano, provocando el escándalo entre los de su clase; su sentido de la justicia social hizo que tuviese gran fe en el evangelio, por lo que se enfrentó a la Iglesia ortodoxa y fue excomulgado. Promotor de reformas sociales, no obtuvo el reconocimiento ni de los radicales ni de los revolucionarios, que siempre lo miraron con recelo. Fue un héroe de guerra en Crimea, pero acabó siendo un pacifista convencido, lo que le granjeó la enemistad del propio zar. Como teórico y pensador social fue muy discutido, pero lo que nadie le discute hoy es una obra literaria inmensa, una de las mayores de todos los tiempos, donde la epopeya y el lirismo se entremezclan, lo mismo que la guerra y la paz, los lujosos salones y los campos de batalla, las vanaglorias y las penalidades humanas.

Nació en 1828, en Yásnaia Poliana, una extensa propiedad agrícola al sur de Moscú. Su padre era el propietario y su madre, la princesa María Volskonki. La distinta ascendencia de los padres hizo que el futuro escritor viviese desde muy niño una doble experiencia, el campo y la ciudad. Para él, la ciudad era el símbolo del lujo y el derroche, mientras que en el campo veía la paz y la reflexión necesarias para vivir y escribir. De hecho, sus grandes novelas las escribió en el ambiente rural de Yásnaia Poliana.

Quedó huérfano muy pronto (su madre murió cuando tenía 2 años y su padre cuando tenía 9). Dos tías se hicieron cargo de él y para su instrucción contrataron a dos educadores, que lo iniciaron en la lectura y la cultura.

JUVENTUD Y MADUREZ

En 1843 ingresó en la Universidad de Kazán, donde se matriculó en la Facultad de Letras, carrera que abandonó para cursar Derecho. Era un mal estudiante y si terminó los estudios fue por su origen aristocrático. Además, según cuenta el propio Tolstói en Adolescencia, a los 16 años carecía de toda convicción moral y religiosa, se dedicaba a vivir la vida, con mucho más interés por el juego, el alcohol y las mujeres que por el estudio. Así fueron sus cuatro años en las universidades de Kazán y de San Petersburgo. En 1847, cansado de la vida disoluta, se retira a su Yásnaia Poliana natal, donde experimenta una profunda sacudida interior al darse cuenta de la miseria de sus siervos que trabajaban sus extensos terrenos. En la Rusia zarista, tener siervos era legal, pero Tolstói decide intentar mejorar sus condiciones de vida.

Decide entrar en el ejército y lo hace ya como oficial de artillería. Luchó en el Cáucaso contra las guerrillas tártaras y en la guerra de Crimea, donde fue condecorado. Pero, al acabar la contienda, y ver de cerca la ineptitud de los generales, pidió la baja.

Viajó por Francia, Alemania, Suiza... y de allí se trajo las revolucionarias ideas pedagógicas que lo moverán a abrir una escuela para pobres y fundar un periódico sobre temas didácticos. el Yásnaia Poliana. La enseñanza en su institución era completamente gratuita, los alumnos podían entrar y salir de clase a su antojo y jamás se imponían castigos. La escuela estaba ubicada en una casa próxima a la que habitaba Tolstói y la base de la enseñanza era el Antiguo Testamento. Esta iniciativa fue mal vista por el poder, y aún lo sería más cuando empezó a propagarse este estilo de enseñanza. Al poco tiempo acabaron siendo prohibidos todos los centros de esta línea educativa, lo que llevó a Tolstói a enfrentarse a los políticos, al estamento militar y al religioso, con la consiguiente marginación a la que se vio sometido.

DEDICACIÓN A LA LITERATURA

En 1862 contrae matrimonio con una joven aristócrata, Sofía, a la que casi dobla en edad. Ella, con 18 años, se une a un hombre maduro, con mucha experiencia, pero con un entusiasmo y ansias de justicia propias de un muchacho. Se van a vivir a Yásnaia Poliana, allí nacerán sus 13 hijos y vivirán casi medio siglo en compañía. En los primeros años de matrimonio escribe Guerra y paz, la epopeya de la invasión de Rusia por Napoleón en 1812. El extenso texto de la novela fue copiado siete veces por Sofía, a medida que el escritor corregía. Guerra y paz fue publicada primero por entregas en la revista El Mensajero Ruso en 1864 y se concluyó en 1869. La construcción de este monumento literario le reportó inmediatamente fama en Rusia y en Europa, porque fue traducido enseguida a todas las lenguas cultas. Tolstói, sin embargo, nunca quiso gozar abiertamente de ese éxito porque en su ascetismo ético consideraba que complacerse en ello estaba muy cerca de la vanidad y de la soberbia, que son horrendos pecados.

VEJEZ Y MUERTE DE ASCETA

Al igual que algunos de sus personajes, el final de Tolstói tampoco estuvo exento de dramatismo y el escritor murió en condiciones bastante extrañas. Los últimos años los vivió compartiendo casi todo su tiempo con depauperados campesinos, predicando con el ejemplo su doctrina de la pobreza, trabajando como zapatero y repartiendo limosna. Muy distanciado de su familia, que no podía comprender estas extravagancias, se abstenía de fumar y de beber alcohol, se alimentaba de vegetales y dormía en un duro catre. Al final, concibió la idea de terminar sus días en un retiro humilde y el Tolstói octogenario abandonó su hogar en secreto, con la compañía de su acólito, el doctor Marivetski, que había dejado su rica clientela de la ciudad para seguir los pasos del íntegro novelista. Tras explicar sus razones en una carta a su esposa, partió en la madrugada del 10 de noviembre de 1910 con un pequeño baúl en el que metió su ropa blanca y unos pocos libros. Estuvieron unos días desaparecidos, hasta que el 14 del mismo mes, al encontrarse muy enfermo, con una neumonía insuperable, se guarecieron en la estación de ferrocarril de Astapobo, y allí murió el gran escritor, convertido ya en un raro mesías.

OBRAS

 Los cosacos (1863). Fruto de su experiencia en el ejército ruso, en ella compara el cansancio vital de la juventud moscovita, tan decadente, con la vitalidad de este pueblo guerrero, que vive con ilusiones en un escenario natural sano y al aire libre.

 Sebastopol (1856. Son tres historias basadas en la guerra de Crimea, en la que intervino como oficial del Ejército ruso. Aquí narra experiencias vividas en esa contienda.

 Guerra y paz. Se publicó por entregas en una revista, entre 1863 y 1869.

 Ana Karenina (1877).

 Historias para el pueblo (1885).

 La muerte de Iván Ilich (1886). Iván Ilich es un pequeño burócrata que fue educado para alcanzar un alto puesto dentro del Gobierno. Sus ideales se van cumpliendo hasta que, al llegar cerca de la posición que siempre soñó, duda de si valió la pena tanto sacrificio, pues después de todo no es feliz.

 El poder y las tinieblas (1888).

 «Ana Karenina»

Es la obra más conocida de Tolstói. En ella se nos cuenta la historia de Ana, la mujer de Alexis Karenina, un alto funcionario de la Administración del zar. Pertenecen ambos a la alta sociedad de San Petersburgo. Aunque la obra pudiera parecer a primera vista una simple historia sentimental con final trágico, la intención moralizadora de Tolstói va mucho más allá y hace de la novela una radiografía crítica de la sociedad aristocrática de aquella época. El autor centra la denuncia en una aristocracia (que él conocía muy bien por pertenecer a ella) que ha hecho de la hipocresía una forma de estar en el mundo. Ana Karenina pretende ser honesta, pero el ambiente contaminado de su entorno no lo va aceptar. De ahí viene toda su angustia y su desestabilización, que habrán de conducirle al suicidio final.

En un viaje a Moscú, Ana conoce al oficial Vronski, del que se enamora. Está casada y con un hijo y al principio trata de contener esa pasión, pero ese sentimiento se sobrepone y trata de vivir ese amor con la limpieza de lo verdadero. Queda embarazada y ella le confiesa todo al marido, su infidelidad y su embarazo. Este la perdona y Ana, víctima de los remordimientos, trata de huir de Vronski y reconstruir su vida en familia. Pero un día se reencuentran y renace la pasión entre ambos. Decididos ya a estar juntos, inician un viaje por Europa, abandonando a familia y amigos. Pero Ana tiene el convencimiento de que no ha obrado correctamente y cada día siente más ese pesar. Incapaz de sobrevivir a ese enfrentamiento que ocupa todos sus pensamientos, un día de abatimiento pone fin a su vida arrojándose a la vía del tren.

Esta es la historia principal, pero hay más personajes y sus historias se van intercalando esta. Aparecen así los dos grandes ambientes que dominaban la sociedad rusa de la época: el mundo del campo, de poderosos hacendados, y el mundo de la otra aristocracia de la ciudad: la empobrecida, no la que conocíamos por el matrimonio Karenina y el oficial Vronski.

Guerra y paz

Es esta monumental novela, de cuatro volúmenes que abarcan casi 1.900 páginas, probablemente una de las mejores de todos los tiempos. Decía el escritor ruso Vladimir Nabokov que «cuando se lee a Tolstói, se lee porque no se puede dejar el libro». Guerra y paz cautiva porque contiene esos problemas filosóficos eternos que preocupan a todos los hombres de cualquier época: qué significa el amor o qué es el mal, como cuando un personaje, Bezujov, se pregunta por qué la gente mala se agrupa tan rápidamente y la buena no. A esta novela imprescindible, epopeya coral de una época, no pocos la consideran la Biblia de la literatura.

Además de exhaustivo manual de historia de las guerras napoleónicas (en 1867 Tolstói visitó Borodinó para trazar el croquis del campo de batalla), Guerra y paz quizá sea el libro de autoayuda más extenso jamás escrito. Sus páginas paz están trufadas de consejos, reflexiones y meditaciones.

PERSONAJES

Los personajes de Guerra y paz derrochan vitalidad cuando aman, cuando meditan, cuando se baten en duelo o bailan en salones palaciegos; están vivos cuando matan franceses en Borodinó, cuando se emboban ante la visión del zar Alejandro o cuando reflexionan sobre el amor o la gloria («A nadie se lo confesaré jamás, pero, Dios mío, ¿qué le voy a hacer si no deseo más que la gloria y el amor de los hombres?», se pregunta el príncipe Andréi). Son personajes de carne y hueso, pero que reflexionan en una constante búsqueda existencial de sí mismos. Hay, según Tolstói, dos niveles de comprensión de la vida: la guerra y la paz, entendida esta no solo como ausencia de guerra, sino como entendimiento entre las personas. O bien estamos enfrentados con nosotros mismos, con la gente y con el mundo, o estamos reconciliados, y en este caso el hombre se siente feliz.

Muchos de los personajes de Tolstói se basan en personas reales. Por ejemplo, Nikolái Rostov y María Bolkónskaya son un reflejo de los recuerdos de sus padres, mientras que Natasha es una mezcla de su esposa y su cuñada. Pierre y el príncipe Andréi tienen rasgos de la personalidad del autor y reviven muchos de sus datos autobiográficos. Aparecen numerosos personajes históricos, menos definidos y quizá menos humanos: Napoleón I, el emperador ruso Alejandro I, el general Kutúzov...

La trama se desarrolla durante la invasión napoleónica de Rusia, incluyendo la campaña de los rusos en Prusia con la famosa batalla de Austerlitz, la campaña de los ejércitos franceses en Rusia con la batalla de Borodinó y el incendio de Moscú. Con el relato de los acontecimientos se ensamblan las vicisitudes entrelazadas de cuatro familias nobles rusas entre cuyos miembros se halla como círculo de conexión el conde Pedro Bezeschov. El centro de atención del novelista va desde las sofisticadas fiestas en los palacios hasta la más cruda rudeza de los campos de batalla y la rutina militar. Tanto en un escenario como en otro hay siempre una mirada de contenido social y un detallado análisis psicológico de los personajes, muy propio de los novelistas rusos.

La novela tiene todo el interés en pleno siglo XXI, sencillamente porque trata sobre el amor, el de una heroína memorable como Natasha Rostov. Además, Guerra y paz desprende optimismo por los cuatro costados, porque fue escrita en los años felices de Tolstói.

Y para terminar, la pregunta que se formulaba no hace mucho el premio Nobel Mario Vargas Llosa: «¿Cómo fue posible que el primer Nobel de Literatura que se dio (1901) fuera para el francés Sully Prudhomme en vez de para Tolstói, el otro contendiente? ¿Acaso no era tan claro entonces, como ahora, que Guerra y paz es uno de esos raros milagros que, de siglo en siglo, ocurren en el universo de la literatura?».

TEXTO

«Dos meses habían transcurrido desde que en Lisia-Gori se habían recibido noticias de la batalla de Austerlitz y de la desaparición del príncipe Andrés. A pesar de todas las cartas cursadas por mediación de la embajada, a pesar de todas las pesquisas, su cadáver no había podido ser hallado, ni tampoco su nombre figuraba en la lista de prisioneros. Lo terrible para su familia era que aún tenía la esperanza de que hubiese sido recogido en el campo de batalla y que se encontrase convaleciente, o tal vez moribundo, solo entre extraños, sin posibilidad de enviar noticias suyas. Los periódicos, por los cuales el viejo príncipe se había enterado de la batalla de Austerlitz, decían, con palabras breves e imprecisas, como de costumbre, que los rusos, después de brillantes combates, habíanse visto obligados a retirarse y que la retirada se había efectuado con el orden más perfecto. El viejo príncipe comprendió, por aquella noticia oficial, que los rusos habían sido aniquilados. Una semana después de recibir el periódico con la noticia, el viejo príncipe recibió una carta de Kutuzov dándole cuenta de la hazaña de su hijo. «Su hijo ?decía la carta?, ante mis ojos, ante el regimiento entero, ha caído con la bandera en la mano, como un héroe digno de su padre y de su patria. Con harto dolor por parte mía y de todo el ejército, debo decirle que actualmente no se sabe si vive o ha muerto. Deseo creer, igual que usted, que su hijo vive aún, pues de otro modo sería mencionado entre los oficiales hallados en el campo de batalla que indica el registro que me han remitido los parlamentarios.» El viejo príncipe recibió aquella noticia muy tarde, cuando se encontraba solo en su gabinete de trabajo. Al día siguiente, como de costumbre, salió para dar su paseo matinal».

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