Nos gustan los libros

Ideas para que las familias colaboren con la escuela en el desarrollo del hábito de leer 


La afición a la lectura se contagia. De padres lectores es natural que salgan hijos lectores. A veces el milagro ocurre al revés. Una tarde, al finalizar la jornada escolar, la madre de un alumno leía absorta el libro que su hijo había tomado en préstamo de la biblioteca del centro. Pasados ya unos días, la mujer confesaba que Agu Trot, de R. Dahl, había despertado su interés y curiosidad y acabó por emocionarla. Tanto que había tomado la determinación de compartir las lecturas que elegía su hijo.

Era inevitable que el recuerdo de la anécdota condujera a reflexionar sobre el papel que los padres deben tener en la transmisión de hábitos lectores. No es imposible que un niño se haga lector aunque sus padres no lean, pero sin duda los que dedican algún tiempo a las letras habrán creado unas condiciones que facilitan la formación de este hábito, empezando por el ejemplo, la proximidad de los libros, el ambiente recogido y las lecturas como tema de conversación. Pero si no tenemos andado este camino, siempre cabe retomar o formar la afición por la lectura, de modo que podamos transmitirla a los hijos. Y así surgió la idea de atraer a la biblioteca escolar también a los padres.

La idea de crear un foro de padres biblioanimadores nace y tiene su razón de ser en la biblioteca del centro, en torno a la cual crea un modelo de colaboración que implica a las familias en su funcionamiento. A partir de este germen, la asociación de padres y madres debería convertirse en el principal apoyo de la iniciativa y prestar su colaboración para:

n organizar conferencias y charlas formativas de especialistas a lo largo del curso;

n crear un seminario o foro en torno a la biblioteca, con reuniones periódicas;

n recabar una relación de padres dispuestos a colaborar en diferentes actividades como encuentros con alumnos, cuentacuentos, apertura de la biblioteca en horario no lectivo, día de puertas abiertas...

n y aportar la inestimable contribución económica.

La colaboración familiar

Si bien es indiscutible que a la escuela le corresponde el papel de fomentar y consolidar el hábito de la lectura, también es cierto que para ponerlo en práctica hay que sortear innumerables dificultades, que van desde la nada despreciable cantidad de tareas que se le han ido sumando a las encomiendas del profesor, lo que impide muchas veces profundizar en ellas, hasta el escaso tiempo que los alumnos permanecen en el aula, lo que limita el tiempo que se puede dedicar a una actividad no reglada que sobre todo exige eso, tiempo. Y no un tiempo cualquiera, sino de calidad: sosegado, tendido, reflexivo. 

Por ello, la colaboración de los padres en este objetivo es fundamental, pues si en el ámbito familiar no se crean las condiciones adecuadas para desarrollar el hábito lector, se corre el riesgo de que los niños acaben identificando leer como una más de las obligaciones académicas. Así, será difícil que lleguen a buscar el placer de leer fuera de los muros del colegio o del estudio para aprobar los exámenes. Los libros serán un mal necesario para aprobar o sacar buenas notas y así, ¡vaya!, poder aparcarlos cuando haya que divertirse.

Los alumnos que ven leer a sus padres y conviven en un ambiente donde leer es corriente, desarrollarán de modo natural, por mera imitación, el hábito lector. La lectura es un hábito, una pasión que se mama desde la cuna.

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