Christa Pike, la primera presa condenada a muerte en 200 años en Tennesse, sobrevive a dos inyecciones letales

La Voz REDACCIÓN

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Una imagen de Christa Pike del 2007, en una de las apelaciones del proceso
Una imagen de Christa Pike del 2007, en una de las apelaciones del proceso J. Miles Cary | REUTERS

La reclusa, de 50 años, ha sido trasladada a un hospital después de que continuara respirando tras recibir una doble dosis de pentobarbital

01 oct 2026 . Actualizado a las 20:12 h.

Christa Pike, la reclusa de 50 años que ocupó las portadas de los medios internacionales por tratarse de la primera mujer en ser ejecutada en Tennessee en 200 años, continúa con vida tras recibir dos inyecciones letales. Así lo anunciaron sus abogados este miércoles por la noche (madrugada en España), antes de informar de que la presa fue trasladada a un hospital donde le han administrado «medidas salvavidas» para contrarrestar los efectos del cóctel fatal de fármacos. Los letrados aseguran que desconocen su situación actual dado el estado de gravedad en que llegó al centro médico.

Las autoridades penitenciarias desconocen, por el momento, qué ha fallado para que las dos dosis de pentobarbital no hicieran efecto en Christa Pike que, según el relato oficial, «seguía viva y roncando» después de vaciado el contenido de las jeringuillas en sus venas. La mujer «no ha perdido el conocimiento y sigue teniendo pulso», señalaron los abogados, quienes pusieron en marcha de inmediato la maquinaria para solicitar al alto tribunal que conmute la pena de muerte a la reclusa tras el inaudito proceso. El gobernador del Estado, Bill Lee, ha ordenado una investigacion independiente y suspendido la última ejecución prevista para este año, la de un hombre condenado por asesinato múltiple que debía llevarse a cabo en diciembre.

El ajusticiamiento se convirtió en un dramático y desesperado ceremonial. A las 18:41 (hora local), los testigos pudieron entrar en la sala adyacente a la cámara de ejecución. Entre ellos figuraban varios periodistas y la madre de Colleen Slemmer, la joven de 19 años a la que Pike asesinó brutalmente hace 31 años aparentemente debido a un episodio de celos. La progenitora, May Martínez, condujo 900 kilómetros hasta Nashville para presenciar la ejecución. Sus allegados y vecinos habían recaudado fondos para financiarle el viaje. En unas declaraciones al 'Nashville Banner', aseguró que quería ver muerta a la asesina de su hija para «no tener que temer que reaparezca en algún lugar».

A las 19.26, las persianas se levantaron. Pike estaba atada a la camilla. Dijo: «Siento que el brazo me va a reventar. Hay un punto que me late con mucha fuerza». Veinte minutos después, las persianas fueron bajadas. Desde la sala podía escucharse la respiración de la reclusa. Se supone que en esos momentos recibió la primera dosis. Cuando las cortinillas volvieron a levantarse, todos los testigos comprobaron que roncaba. A las 20.05, las persianas se cerraron de nuevo. Segunda dosis de pentobarbital. La agonía prosiguió. Tanto dentro de la cámara como en la sala contigua, donde los periodistas y May Martínez continuaban escuchando respirar a Pike. A las 20.53 horas, todos ellos fueron desalojados.

Según algunos testimonios, la reclusa entró en un estado de sopor tras el primer cóctel, pero su respiración era profunda y, sobre todo, audible. La ley permite en estos casos excepcionales una segunda tanda de fármacos. Sin embargo, ni siquiera ésta hizo efecto. Los testigos pudieron escuchar los «fuertes ronquidos» de Pike, acompañados de violentos movimientos corporales, lo que llevó a las autoridades a detener la ejecución y trasladarla a un hospital. Mientras los testigos salían de la institución de máxima seguridad de Riverbend, pudieron observar cómo una comitiva de vehículos de emergencia entraba a toda velocidad y volvía a marcharse en dirección al hospital.

El cumplimiento de la sentencia fue, en sí mismo, una espiral de tensión y tragedia que comenzó días y semanas antes de la propia ejecución. Prevista para la mañana del miércoles, una Corte de Apelación federal la suspendió 'in extremis' después de que los letrados de la defensa pidieran que se tuviera en cuenta la historia de la reclusa, plagada de abusos sexuales durante su infancia y juventud. El recurso solicitaba al tribunal que tuviera en cuenta estas vejaciones como atenuante para modificar la condena a la pena capital por otra de cadena perpetua.

Se da la circunstancia de que una abogada tuvo que llevar el recurso en persona a la Corte porque ninguno de los contactos prefijados en casos de emergencia funcionarion. Tampoco nadie atendió las llamadas en la oficina del gobernador ni en la Fiscalía General. Cuando el juez autorizó suspender la ejecución, la reclusa ya estaba ingresada en el hospital.

Pike fue condenada por el asesinato en 1995 de Colleen Slemmer, una joven de 19 años compañera de clase en un centro de formación profesional de Knoxville, de quien pensaba que trataba de arrebatarle a su novio. La condenada, que entonces tenía 18 años, junto a su pareja, de 17, y un tercer cómplice golpearon y acuchillaron a Slemmer en una agonía que duró más de media hora, durante la cual la víctima intentó huir sin éxito en varias ocasiones. Pike confesó más tarde que solo quería pelearse con la chica, pero terminó asestándole un corte en el cuello y varios golpes en la cabeza propinados con un objeto contundente (una piedra o un pedazo de hormigón) que, a la postre, fueron los que le mataron. Los tres grabaron en el cuerpo de Colleen un pentagrama relacionado con ritos satánicos, muy en boga en aquellos años en las zonas más oscuras de Estados Unidos.

Pike se declaró enferma mental, con un diagnóstico de estrés postraumático por las violaciones que sufrió de joven y trastorno bipolar, pero eso no evitó su condena a muerte. El Tribunal Supremo de Tennessee rechazó hace nueve días la suspensión de la ejecución y el Tribunal Supremo de EE UU se pronunció de la misma manera veinticuatro horas antes. La última apelación del miércoles quedó igualmente descartada.

Sin embargo, el resultado no fue en absoluto el previsto. El gobernador, Bill Lee, mostró su enfado en una declaración donde admitió que «hacer cumplir una sentencia impuesta legalmente es una de las responsabilidades más serias del Estado, y el pueblo de Tennessee espera que se haga de una manera que no solo sea legal y constitucional, sino también efectiva».

El Departamento Correccional de Tennessee, por su parte, afirmó que el protocolo establecido por el Estado y la Fiscalía General se siguió de manera puntilloso. «»La sustancia química utilizada en la inyección letal ha demostrado ser eficaz de forma constante, y el protocolo no contempla procedimientos adicionales más allá de los realizados esta noche. Christa Pike ha sido trasladada a un centro médico externo», informó la portavoz del departamento, Dorinda Carter.

«El Estado de Tennessee ha vuelto a fallar en llevar a cabo una ejecución legal», reprocharon por su parte los abogados de Pike y de la Oficina del Defensor Público. Los letrados denunciaron el »secretismo« del protocolo de las ejecuciones y no dudaron en afirmar que en el caso de su patrocinada pudieron darse fallos como dificultades »para acceder a las venas« de la reclusa, »pentobarbital degradado« y la deficiencia en los medios médicos de emergencia »cuando las cosas inevitablemente salen mal».

«Tenemos muchas preguntas. Y el Departamento Correccional de Tennessee tiene muchas respuestas que debe brindar al público», advirtió John North, un veterano periodista.

La situación que se abre ahora es excepcional. La legislación no establece qué procedimiento debe seguirse cuando un condenado ha sobrevivido a la pena capital. Hay muy pocos antecedentes al respecto. El pasado mayo, un preso llamado Tony Carruthers vio suspendida su ejecución en la penitenciaria de Nashville después de que fuera imposible colocarle la vía intravenosa por la que debía circular el cóctel de fármacos. El gobernador de Tennesse ordenó entonces suspender la pena al menos durante un año mientras se dilucida si es sometido a una nueva ejecución o recibe una condena a cadena perpetua.