Cargos de Trump cierran en Venezuela el pacto para quedarse con el petróleo

Pedro García Otero CARACAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, este miércoles con la presidenta de Venezuela en la firma del convenio del petróleo
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, este miércoles con la presidenta de Venezuela en la firma del convenio del petróleo Leonardo Fernandez Viloria | REUTERS

Crece el malestar social por un convenio que privatiza el negocio cien años

03 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El histórico «pacto petrolero» entre Estados Unidos y el régimen venezolano de Delcy Rodríguez está a punto de concretarse, después de obtener la aprobación de la Asamblea Nacional y del alto mando militar que el chavismo aún controla, ahora tutelado por Washington. Sin embargo, en la opinión pública local crece el descontento ante un convenio que establece cien años de control sobre algunos de los mejores campos petroleros de Venezuela, suscrito por un régimen sin apoyo popular ni legitimidad en las urnas y que, según expertos, se aprobará en contravención de las leyes.

El malestar parece extenderse al propio Congreso estadounidense, donde varios de los portavoces republicanos que más criticaron a Nicolás Maduro en su momento comienzan a cuestionar la alianza entre Donald Trump y la «altamente respetada» «presidenta electa» venezolana, tal como el mandatario la denominó el viernes.

El zar de la discordia

Más allá de la alianza, tanto en Venezuela como en EE.UU. existe controversia sobre la figura elegida por Trump para ejercer como «zar del petróleo» en el país sudamericano: Alejandro Betancourt. El empresario es conocido en España por haber adquirido la marca de gafas Hawkers y un castillo con su respectiva finca en Toledo, mediante recursos obtenidos de la intermediación en la compra estatal de plantas eléctricas en Venezuela.

La negociación fue tan sospechosa, en fondo y forma, que el país aún padece decenas de apagones diarios. Sin embargo, tras dicho acuerdo, Betancourt se convirtió en multimillonario y en el rostro más emblemático de los «bolichicos» que medraron del Estado venezolano durante los últimos años de presidencia y vida de Hugo Chávez (entre el 2006 y el 2013), cuando el país estaba inundado de petrodólares. En su segunda visita a Caracas, que comenzó el martes por la noche, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, afirmó que «supervisará» a Betancourt y a su empresa Nabep (la cual estará asociada con el Departamento de Defensa de EE.UU. en la explotación de 17 campos en la Faja Petrolífera del Orinoco durante un lapso inicial de 25 años prorrogables). En una entrevista concedida desde la capital venezolana, Wright defendió a Betancourt al calificarlo como un «operador competente» que solo «tuvo algún problema con el gobierno anterior».

En realidad, según el portal Axios, Betancourt fue una figura clave en las negociaciones entre Mauricio Claver-Carone —despedido por Trump como su asesor para Venezuela— y Delcy Rodríguez. Estas conversaciones se desarrollaron durante los meses previos a la acción militar de EE.UU. contra el país que derivó en la captura de Nicolás Maduro, e incluso en la propia noche de la operación Determinación Absoluta, el 3 de enero.

Por su parte, el alto mando militar venezolano emitió una declaración a través del ministro de Defensa, Gustavo González López, respaldando el acuerdo petrolero y negando que se trate de una subordinación. A raíz del tratado, Rodríguez no solo enfrenta la animadversión de un sector de la oposición (dividida, como en casi todo, respecto a la conveniencia del acuerdo), sino también la de su propia base política más escorada a la izquierda, en el marco de un movimiento chavista que parece destinado a disolverse en sus contradicciones.

Por ejemplo, Iris Varela, histórica y radical diputada chavista, señaló que el acuerdo se firma bajo la coacción del «secuestro» de Maduro, y que, si el exmandatario pisa nuevamente territorio venezolano, dicho convenio podría ser disuelto. Un argumento similar se maneja en sectores académicos, donde se señala que los convenios suscritos bajo coacción son denunciables en virtud de la Convención de Viena.

Asimismo, en Washington, voces republicanas como las del senador Ted Cruz y la representante María Elvira Salazar critican que el pacto se suscriba con Rodríguez en lugar de un gobierno elegido legítimamente en Venezuela.

«Entiendo que tengamos que vivir con Delcy [...]; lo que no me gusta es que estamos firmando contratos con alguien que va a morder nuestra mano», señaló la popular representante republicana.